¿POR QUÉ?
Mucha
gente se pregunta - es una pregunta que está en el aire- cómo fue
posible que un pueblo tan cultivado como el alemán,
fuera capaz de algo
así. Creo que la pregunta es una escudo defensivo, es un intento de
tirar balones fuera. Al plantear esta cuestión, ¿queremos proponer que los demás, siendo
menos elaborados que los alemanes, no seríamos capaces de tal
monstruosidad?
Falso. Lo que pasó en Alemania en aquel momento, podría haber pasado en
cualquier parte del mundo y por supuesto, pasó, en toda Europa
(Nosotros tuvimos una versión no sé si descafeinada de este rodillo
exterminador). La barbarie se instaló en Francia, en Bélgica, en
Holanda, en Italia...con la absoluta colaboración de los ciudadanos de
esos países. No hablo de no querer ver, de mirar hacia otro lado;de
aprovecharse pasivamente de las ventajas que la nueva situación les
proporcionaba sin hacerse más preguntas.
Que también. Hablo de formar
parte de la maquinaria de matar, de la participación activa en la que
se afanaban los que podían ejercer algún tipo de poder o autoridad
contra otras personas. La crueldad y el envilecimiento con el que
trataban a los caídos en desgracia. Sin preguntarse por qué aunque
sabiendo bien para qué. La
connivencia justificada con la repetida frase "yo sólo cumplía
órdenes". La obedencia debida que se interpone entre lo que somos y lo
que hacemos y que difumina los límites del MAL.
No se trata de un ser
maligno que nos somete a su voluntad todopoderosa. Todos somos parte de
ese mal, el mal es posible porque no sabemos (o no queremos) anteponer
nuestra conciencia de lo que es incorrecto a nuestro cumplimiento del
deber. Por cobardía o por simple responsabilidad mal entendida,
callamos ante la injusticia y la aceptamos o colaboramos con ellas. Todos
somos el mal y el mal es posible porque colaboramos con él.
Hanna Arendt así nos lo recuerda:"Todos podemos ser Eichmann".
Esto se entiende de maravilla, se siente en los huesos, con un
librito que a mí me hizo vivir la tortura de la protagonista de manera
directa y con el que pude entender muchas, muchas cosas sobre esto que
intento dilucidar.La llave de Sarah.También hay una película pero el libro es mucho mejor.
REBELARSE
Estoy
completamente convencida de que yo moriría pronto en las condiciones de
una campo de trabajo como los campos nazis.Y me pregunto qué impele al hombre a
soportar tanto. La respuesta es triste y amarga: la esperanza. Así nos
lo explicaba el grupo de teatro Konkret en su obra Matadero
Occidental.
Muchos
ahora nos preguntamos por qué los sometidos no se rebelaron y aceptaron morir matando
frente a ese infierno de muerte en el que los alojaron. Esa es la
respuesta:
Nos
aferramos a la esperanza de no perder lo poco que tenemos y esperamos
que el rodillo pase y podamos esquivarlo.Y lo aceptamos sin rebelarnos.
Como ahora, en 2013. Con la esperanza de que un día acabará y la vida
volverá a ser lo que era otra vez.
Sin
embargo, después de la esperanza, la vida
no vuelve, la vida se ha convertido ya en otra cosa.
SOBREVIVIR
Siempre me he preguntado cómo podía soportar un superviviente, el recuerdo del infierno. Cómo se podía vivir después de haber sobrevivido a
Auschwitz.Tanto los vergudos como las víctimas.Hay un libro basado en un caso
real expuesto en un documental de la BBC que nos habla de esto y
refleja muy bien este antagonismo: El mal absoluto.
Los supervivientes en
múltiples ocasiones han confesado, avergozados, su sentimiento de culpa
por sobrevivir.
Como si haberlo conseguido supusiera haber traicionado a
los que se murieron, haber jugado sucio. Muchos de ellos que pudieron soportar lo insoportable no pudieron aceptar esa conciencia de culpa y acabaron con su vida.
Los verdugos se escudan en que cumplían órdenes. Sólo nos queda preguntarnos si en su fuero interno realmente lo sienten así y les sirve para domir felizmente por la noche o besar impunemente a sus nietos. Esta joya incluída en una Caja de Música, también se lo pregunta.
jueves, 25 de julio de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
AUSCHWITZ III
APRENDER
La frase "Hay que conocer la historia y hablar continuamente sobre lo que pasó para que no se repita". Nunca más una shoah", podría llevarnos a la esperanza de creer que después de Auschwitz sí es posible la poesía porque hemos aprendido una gran lección. Pero no es cierto. Lo cierto es que la lección aprendida no es grande, es degradante. Hemos aprendido que las víctimas, con la excusa de serlo, se han convertido en verdugos y han optado por repetir lo que ellos sufrieron sobre la debilidad de otro pueblo.
Israel se escuda en el holocausto para justificar su carrera nuclear y su aplastamiento del pueblo palestino. Se salta a la torera los acuerdos internacionales y rompe pactos sin parpadear, con una tolerancia por parte de los organismos internacionales que no deja de asombrar.
La única lección aprendida
es que quieren ser vérdugos y repetir la historia del otro lado. Del
lado de la injusticia y la barbarie. En nombre de la legitima defensa.
Hitler también se defendía de ellos porque los consideraba el origen de
todos los males de Alemania. ¿Dónde está la diferencia? Pueblos enteros
que durante siglos vivieron en Palestina fueron arrasados sin límites.
Los campos de concentración actuales son los campos de refugiados que se
han convertido en ciudades maltrechas asediadas y sin esperanza, con ciudadanos que viven excluidos y en un trauma continuo .
Hay que enseñarlo en las escuelas y repetirlo en todos los foros posibles para que no se repita, dicen.
Pero Auschwitz se ha repetido
y se repite
y el mundo sigue girando atento a la prima de riesgo.
AUSCHWITZ Y YO
El símbolo con el que podemos identificar esta pesadilla es Auschwitz.
Sigo sin comprender por qué para mí significa mucho más terror escuchar Auschwitz que Gulag, por ejemplo. Creo que tiene que ver con toda la información que nos ha llegado sobre el holocausto, la manipulación que de él se ha hecho, en cierto modo.
Para entender esto ha sido muy clarificador el libro:La industria del holocausto.
Tremendamente documentado y argumentado, abre los ojos a una realidad de la que , por supuesto, no se habla. Sin embargo, siendo real esa manipulación y sus objetivos muy espúreos,esto no empaña todo el dolor que generó esa locura.
Quizá esa sensibilización tiene que ver también con el hecho de que muchos españoles
se vieran atrapados por ese rodillo después de vivir su propio infierno en su país.
O tal vez, simplemente, siento eso, el horror a la puerta de mi casa.
Próximamente visitaré Auschwitz.
Estoy emocionada y temerosa. Sé que será duro.Pero para mí es
necesario. Quiero respirar el aire que durante años olía a carne quemada
y sé que sentiré el dolor que conformó esa máquina de tortura y muerte.
Auschwitz englobaba a diferentes campos. Está en Polonia, cerca de Cracovia y para construirlo tuvieron que desplazar parte de la población del pueblo, derribando sus casas.
Todo el mundo en Oswiecim sabía lo que pasaba. Quiero ir para enfrentarme con mi cobardía porque, si yo fuera testigo de algo así, sé que no sería capaz de arriesgar mi vida o la de mi familia por ayudar a los injustamente desfavorecidos. Sé que miraría para otro lado e intentaría seguir con mi vida.Yo sé que sería parte de ese grupo peligroso de los Indiferentes Por eso quiero ir a Auschwitz.
Y para recordar las dos conclusiones que extraigo de todo esto y que son demoledoras:
"Todos podemos ser Eichmann"
"Elegimos ser verdugos para no ser víctimas"
La frase "Hay que conocer la historia y hablar continuamente sobre lo que pasó para que no se repita". Nunca más una shoah", podría llevarnos a la esperanza de creer que después de Auschwitz sí es posible la poesía porque hemos aprendido una gran lección. Pero no es cierto. Lo cierto es que la lección aprendida no es grande, es degradante. Hemos aprendido que las víctimas, con la excusa de serlo, se han convertido en verdugos y han optado por repetir lo que ellos sufrieron sobre la debilidad de otro pueblo.
Israel se escuda en el holocausto para justificar su carrera nuclear y su aplastamiento del pueblo palestino. Se salta a la torera los acuerdos internacionales y rompe pactos sin parpadear, con una tolerancia por parte de los organismos internacionales que no deja de asombrar.
Hay que enseñarlo en las escuelas y repetirlo en todos los foros posibles para que no se repita, dicen.
Pero Auschwitz se ha repetido
| CAMBOYA |
| ARGENTINA |
| CHILE |
![]() |
| UGANDA |
| SBRENICA |
![]() |
| GAZA |
y se repite
![]() |
| CIUDAD JUAREZ |
| SIRIA |
AUSCHWITZ Y YO
El símbolo con el que podemos identificar esta pesadilla es Auschwitz.
Sigo sin comprender por qué para mí significa mucho más terror escuchar Auschwitz que Gulag, por ejemplo. Creo que tiene que ver con toda la información que nos ha llegado sobre el holocausto, la manipulación que de él se ha hecho, en cierto modo.
Para entender esto ha sido muy clarificador el libro:La industria del holocausto.
Tremendamente documentado y argumentado, abre los ojos a una realidad de la que , por supuesto, no se habla. Sin embargo, siendo real esa manipulación y sus objetivos muy espúreos,esto no empaña todo el dolor que generó esa locura.
Quizá esa sensibilización tiene que ver también con el hecho de que muchos españoles
se vieran atrapados por ese rodillo después de vivir su propio infierno en su país.
O tal vez, simplemente, siento eso, el horror a la puerta de mi casa.
y sé que sentiré el dolor que conformó esa máquina de tortura y muerte.
Auschwitz englobaba a diferentes campos. Está en Polonia, cerca de Cracovia y para construirlo tuvieron que desplazar parte de la población del pueblo, derribando sus casas.
Todo el mundo en Oswiecim sabía lo que pasaba. Quiero ir para enfrentarme con mi cobardía porque, si yo fuera testigo de algo así, sé que no sería capaz de arriesgar mi vida o la de mi familia por ayudar a los injustamente desfavorecidos. Sé que miraría para otro lado e intentaría seguir con mi vida.Yo sé que sería parte de ese grupo peligroso de los Indiferentes Por eso quiero ir a Auschwitz.
Y para recordar las dos conclusiones que extraigo de todo esto y que son demoledoras:
"Todos podemos ser Eichmann"
"Elegimos ser verdugos para no ser víctimas"
lunes, 22 de julio de 2013
Necesito que me necesites
Esta frase me la dijo un amigo hace muchos, muchos años. Me parece una frase hermosa y en aquel momento me pareció lo más bonito que me han dicho nunca. Todavía hoy me lo parece aunque vislumbro ahora, desde otra óptica, que puede ser una frase dura y exigente. Pero hermosa. Sobre todo sentirlo así. Sentir que alguien te necesita así y que sea recíproco. En aquel caso lo era y eso la hizo más maravillosa.
Quizá gracias a esa frase, entre otras muchas cosas, queda tanto de aquello aunque ahora ya no somos amigos. Y no lo somos en el sentido exacto de la palabra. Porque la amistad se teje día a día y se llena de compartir, de comunicar Y hace mucho que nosotros, mi amigo y yo, no alimentamos ese nido de emociones y de vida. Nunca lo podré olvidar, claro. Pero ahora es más un afecto, un recuerdo maravilloso, que una amistad.
Creo que la amistad, el amor, no pueden fortalecerse en medio del silencio. Sé que hay muchas interpretaciones sobre el silencio. (Lo sé porque me lo has explicado, César) pero a mí no me sirven.
Quizá gracias a esa frase, entre otras muchas cosas, queda tanto de aquello aunque ahora ya no somos amigos. Y no lo somos en el sentido exacto de la palabra. Porque la amistad se teje día a día y se llena de compartir, de comunicar Y hace mucho que nosotros, mi amigo y yo, no alimentamos ese nido de emociones y de vida. Nunca lo podré olvidar, claro. Pero ahora es más un afecto, un recuerdo maravilloso, que una amistad.
Creo que la amistad, el amor, no pueden fortalecerse en medio del silencio. Sé que hay muchas interpretaciones sobre el silencio. (Lo sé porque me lo has explicado, César) pero a mí no me sirven.
Sigo sin aceptar el silencio. El silencio me acorcha, me desarma,
me deja desnuda, desprotegida, me da frío, me deja yerta (debería haber un verbo
para esto. Algo así como "yertar". "Me yerta"), me acartona, me insensibiliza, me
aleja, me pone en actitud de defensa. Porque me hiere.
Hay muchas formas de expresar la necesidad del otro, su cariño, su compañía.Lo sé y me llenan también. Pero qué rica la ensalada del aprecio aderezada de palabras. En un goteo constante, perserverante.Como esa brisa que casi no percibes pero te acaricia y acompaña haciendo el camino posible e incesante.
Qué felicidad sentir que alguien te necesita porque te lo dice o porque te busca con sus palabras.La magia del encuentro con el otro en sus palabras es una experiencia única. El silencio la anula y la debilita. Una oquedad donde buscas melodías y solo encuentras tu propio eco haciéndose preguntas.
(Gracias, César. Por provocarme tantas cosas y tantas palabras. Aunque a veces siga sintiendo que necesito más y el título de esta entrada)
sábado, 20 de julio de 2013
INSOMNIO
"...lo que cuentas sobre tus problemas de sueño me inquieta. Si estuviera en tu lugar, seguramente me habría vuelto loco. ...Sencillamente no se puede vivir en un estado de agotamiento permanente" (Pg 245 Aquí y Ahora Carta de Paul Auster a J.M. Coetzee
Te despiertas de golpe, en absoluto adormilada, como si el interruptor que te mantenía conectada al mundo del sueño se hubiera desconectado caprichosamente. Parecería que hubieses dormido muchas horas pero sabes que no. No quieres mirar el reloj para no comprobarlo, para no saber que inicias , contra tu voluntad, otro día muy largo que te parecerá imposible remontar entre el cansancio infinito. Intentas caer de nuevo en ese otro mundo de descanso, que te atrape de nuevo el sueño, y no puedes. Sabes que lo único que conseguirás será desesperarte dando vueltas .
Avanza el día, compeltamente embotada. Cualquier acto supone un desgaste. Crees que podrás esquivar el agotamiento comiendo, tomando algo. Nada lo consigue. Te cuesta hacer tu trabajo, te cuesta pensar. Te preguntas qué harías si fueras médico o piloto de avión.
Aprovechas tiempos muertos en los que dar cabezadas que te ayuden a continuar, a tirar de las horas que pueden contigo.
Sólo piensas en el momento de acostarte, de volver a descansar. Sueñas despierta con él como si de un útero protector se tratara y acaricias ese momento en medio de la tristeza y el descontento que arrastras como un incomprendido Sísifo. Hasta que horrorizada recuerdas que ese dulce momento es sólo una quimera de tu necesidad pues la realidad es otra. La realidad es que, aún rota de extenuación, cuando logres cobijarte en el lecho acogedor, te costará mucho dormirte y finalmente lo harás nerviosa y tensa y sólo durante un corto e insuficiente intervalo de horas. Casi un suspiro que poco te ayudará, que será como la miel en los labios que apenas podrás paladear.La promesa de un reparador reposo se convierte así en una esperanza frustrada.Una tregua mínima que en nada te servirá para vencer un combate en el que no puedes rendirte.
Ojos abiertos, silencio.
Con suerte ves clarear el día por la ventana y das gracias a la vida por haber podido descansar al menos cinco horas. Comienzas un nuevo día con pesadumbre.
Te despiertas de golpe, en absoluto adormilada, como si el interruptor que te mantenía conectada al mundo del sueño se hubiera desconectado caprichosamente. Parecería que hubieses dormido muchas horas pero sabes que no. No quieres mirar el reloj para no comprobarlo, para no saber que inicias , contra tu voluntad, otro día muy largo que te parecerá imposible remontar entre el cansancio infinito. Intentas caer de nuevo en ese otro mundo de descanso, que te atrape de nuevo el sueño, y no puedes. Sabes que lo único que conseguirás será desesperarte dando vueltas .
Avanza el día, compeltamente embotada. Cualquier acto supone un desgaste. Crees que podrás esquivar el agotamiento comiendo, tomando algo. Nada lo consigue. Te cuesta hacer tu trabajo, te cuesta pensar. Te preguntas qué harías si fueras médico o piloto de avión.
Aprovechas tiempos muertos en los que dar cabezadas que te ayuden a continuar, a tirar de las horas que pueden contigo.
Sólo piensas en el momento de acostarte, de volver a descansar. Sueñas despierta con él como si de un útero protector se tratara y acaricias ese momento en medio de la tristeza y el descontento que arrastras como un incomprendido Sísifo. Hasta que horrorizada recuerdas que ese dulce momento es sólo una quimera de tu necesidad pues la realidad es otra. La realidad es que, aún rota de extenuación, cuando logres cobijarte en el lecho acogedor, te costará mucho dormirte y finalmente lo harás nerviosa y tensa y sólo durante un corto e insuficiente intervalo de horas. Casi un suspiro que poco te ayudará, que será como la miel en los labios que apenas podrás paladear.La promesa de un reparador reposo se convierte así en una esperanza frustrada.Una tregua mínima que en nada te servirá para vencer un combate en el que no puedes rendirte.
Ojos abiertos, silencio.
Con suerte ves clarear el día por la ventana y das gracias a la vida por haber podido descansar al menos cinco horas. Comienzas un nuevo día con pesadumbre.
miércoles, 17 de julio de 2013
LA PIEDRA
La miro y , de algún modo, me doy cuenta de ella. Está ahí desde mucho antes de que yo viniera a este mundo, a su mundo. Mi madre también la recuerda siempre ahí. Ella es todo lo que queda del paisaje que conformaba.
Ahora que logro verla desde fuera, me pregunto cómo la interpretarán las personas para las que ella no significa nada. Una incongruencia, un sinsentido, la absurdez de un obstáculo que nada tiene que ver con su entorno. Supongo.
Sin ninguna utilidad, sin razones estructurales o estéticas que la expliquen, ¿qué hace ella ahí? Es un símbolo hermoso. Porque es verdad, es todo eso: un obstáculo en el camino, sin función ni belleza aparente que interrumpe y rompe, sin ninguna utilidad el entorno en el que se encuentra. Y sin embargo encierra tantas emociones...
¿Por qué está ahí? Porque siempre lo estuvo, porque siempre fue parte de este patio en el que escribo y en el que he pasado muchas horas de mi vida. Un patio del que mi madre solo la pudo salvar a ella. Ella representa lo que la remodelación del patio se llevó por delante: el brocal de un pozo que en algún punto, debajo de nuestros pies, dormita todavía fresco y oscuro. Una higuera frondosa que nos regalaba sombra, olor, higos dulces con los que desayunábamos al dar los buenos días a los pájaros cantarines- sus habitantes- que cada mañana nos despertaban con su armonioso estruendo.
La piedra fue lo único que sobrevivió a la desaprensiva y nada profesional acción de un pésimo y estafador albañil que, en ausencia de mis padres, arrambló con todo el patio que mi madre quería conservar como estaba. Todo excepto la piedra.
Y esa piedra es ahora la piedra y la higuera. La piedra y el pozo. La piedra y los pájaros que ya no nos despiertan.Es la piedra y cada uno de los muchos miembros de mi familia que, estoy segura, nos hemos sentado alguna vez sobre ella.
La piedra es la piedra y es mis abuelos que trabajaron para levantar esa casa y vivir en ella y la pusieron ahí hace mucho ya, seguramente como un asiento natural en el que disfrutar de su patio.
Esta piedra sobre la que cualquiera que no sepa nada de ella pensará que es absurda e incómoda, es todo un mundo. Ella estaba allí antes que todos nosotros y , desapercibida, es parte del universo emocional de mi madre. Y esta noche del 18 de julio de 2013 he descubierto, impactada, que forma una parte fundamental del mío también.
Mi madre se aferró a ella para que no le arrancaran un mundo que la sostenía y la protegía. Ahora la piedra se lo devuelve humilde y plena de sentido.
Yo, que siento cada día cómo tengo que ir despidiéndome de tanta vida que me sustenta, también me aferro a ella para retener todo eso que un día no tendré.
domingo, 14 de julio de 2013
14 DE JULIO
Hoy, hace dieciseis años, yo intentaba recuperarme de una experiencia única y que no acababa de encajar: Raúl había nacido. Todo estaba bien, finalmente. Aunque yo debía creerme que esto era así, que todo estaba bien, que Raúl estaba bien, simplemente viendo la cara de mi madre y de Joaco. Porque Raúl no estaba conmigo. Sólo le vi un segundo después de nacer y no sabía mucho de él. Mi madre y Joaco no hubieran podido disimular el dolor si algo hubiera salido mal, suponía yo. Así que confiaba en que sus palabras y sus sonrisas me estuvieran diciendo la verdad: Raúl estaba en la incubadora, con suero, pero bien. Yo no podía ir a verlo porque no podía moverme, así que ellos me lo describían: rubito, muy largo, con sus orejitas pegaditas y su naricita chata. Era todo lo que tenía de él. La sonrisa de mis familiares y su breve descripción.
Me lo trajeron al día siguiente, tan pequeño... Yo no podía incorporarme, me lo trajeron a la cama y ya no pude parar de llorar.Las lágrimas salían de mí como si todo el amor, todo el miedo y la tristeza de las malas horas que Raúl también pasó se me amontonaran desordenados, empujándose unos a otros y desbordando a mi propia sorpresa.
Raúl me tomó el relevo durante los primeros dos meses: no paraba de llorar. Era difícil verle tranquilito y descansar. Le costó habituarse a su nuevo entorno, quizá porque el recibimiento no fue muy placentero.
Después Raúl ha sido una bendición durante dieciseis años. Un niño que no ha tenido problemas ni para comer, ni para dormir, ni para comportarse. Nunca ha tenido una rabieta y siempre ha sido un niño generoso, comprensivo, amable, sociable, nada prota, valiente y divertido.
Mi hijo es una persona especial. Lo sé. Todas las madres pensaremos lo mismo, claro. Pero Raúl es especial. Es una buena persona, mesurada y sin complicaciones. Divertido, nada exigente y con un concepto de la vida muy sencillo y nada agresivo. Es generoso, comprensivo y en absoluto reconroso; incluso con esa adolescencia que se ha apoderado de él y le tiene con la cabeza no sabemos dónde.Es una persona especial, madura e ingenua, a la vez, que nos lo ha demostrado en muchas ocasiones. Siempre busca el lado positivo de las cosas y sabe adaptarse a las situaciones nuevas o que no le agradan. Es una persona positiva.
Tiene su criterio para hacer las cosas, que no compartimos, pero los resultados son brillantes. En todo lo que hace y hace mucho, con mucha dedicación. Puede conseguir lo que se proponga, sin grandes alharacas.
Ahora está despertando a muchas cosas, a la vida. Se le ve con ganas de bebérsela, de empezar a entender qué es todo esto nuevo que le conforma y le determina. Y anda en su mundo lleno de estímulos, planes hilarantes, improvisación,cambios... Le vemos desde la barrera y resulta divertido y enternecedor -también desesperante-.
Quería felicitarte, Raúl, pero sobre todo quería darte las gracias y pedirte perdón. Darte las gracias por dieciseis años de razones para vivir y sentirme feliz.Y perdón por tantos desecuentros que, como ahora estamos comprobando, tienen mucho que ver con las prisas, las tensiones y la vida que llevamos corriendo a ninguna parte para poder seguir viviendo.Y por mi carácter explosivo e injusto tantas veces.
Es curioso como, con frecuencia, no eres capaz de decirle a alguien lo que significa en tu vida o lo mucho le quieres. Intentas demostrárselo, pero no sabes si lo consigues. Yo te lo digo, intento demostrartelo pero no sé si te lo acabas de creer o imaginar. Da igual. Me sirve con tenerte cerca y bien. Es lo único importante realmente. Que cumplas muchos más, lleno de salud y de alegría y que podamos estar también a tu lado para todo lo que necesites.
Me paso horas mirándote sin que te des cuenta. Te miro despierto y dormir. Eres una especie de regalo que me embruja. Me relaja y me emociona ver la persona en la que te has convertido: guapo, fuerte,sencillo,divertido. Me cuesta darle paso a este hombrecillo y dejar atrás a mi niño juguetón y cariñoso. Convivo con los dos, los llevo dentro de mi corazón .
¡¡¡FELICIDADES, RAÚL!!!! Todas las que sean posibles en una vida larga y luminosa.
Me lo trajeron al día siguiente, tan pequeño... Yo no podía incorporarme, me lo trajeron a la cama y ya no pude parar de llorar.Las lágrimas salían de mí como si todo el amor, todo el miedo y la tristeza de las malas horas que Raúl también pasó se me amontonaran desordenados, empujándose unos a otros y desbordando a mi propia sorpresa.
Raúl me tomó el relevo durante los primeros dos meses: no paraba de llorar. Era difícil verle tranquilito y descansar. Le costó habituarse a su nuevo entorno, quizá porque el recibimiento no fue muy placentero.
Después Raúl ha sido una bendición durante dieciseis años. Un niño que no ha tenido problemas ni para comer, ni para dormir, ni para comportarse. Nunca ha tenido una rabieta y siempre ha sido un niño generoso, comprensivo, amable, sociable, nada prota, valiente y divertido.
Mi hijo es una persona especial. Lo sé. Todas las madres pensaremos lo mismo, claro. Pero Raúl es especial. Es una buena persona, mesurada y sin complicaciones. Divertido, nada exigente y con un concepto de la vida muy sencillo y nada agresivo. Es generoso, comprensivo y en absoluto reconroso; incluso con esa adolescencia que se ha apoderado de él y le tiene con la cabeza no sabemos dónde.Es una persona especial, madura e ingenua, a la vez, que nos lo ha demostrado en muchas ocasiones. Siempre busca el lado positivo de las cosas y sabe adaptarse a las situaciones nuevas o que no le agradan. Es una persona positiva.
Tiene su criterio para hacer las cosas, que no compartimos, pero los resultados son brillantes. En todo lo que hace y hace mucho, con mucha dedicación. Puede conseguir lo que se proponga, sin grandes alharacas.
Ahora está despertando a muchas cosas, a la vida. Se le ve con ganas de bebérsela, de empezar a entender qué es todo esto nuevo que le conforma y le determina. Y anda en su mundo lleno de estímulos, planes hilarantes, improvisación,cambios... Le vemos desde la barrera y resulta divertido y enternecedor -también desesperante-.
Quería felicitarte, Raúl, pero sobre todo quería darte las gracias y pedirte perdón. Darte las gracias por dieciseis años de razones para vivir y sentirme feliz.Y perdón por tantos desecuentros que, como ahora estamos comprobando, tienen mucho que ver con las prisas, las tensiones y la vida que llevamos corriendo a ninguna parte para poder seguir viviendo.Y por mi carácter explosivo e injusto tantas veces.
Es curioso como, con frecuencia, no eres capaz de decirle a alguien lo que significa en tu vida o lo mucho le quieres. Intentas demostrárselo, pero no sabes si lo consigues. Yo te lo digo, intento demostrartelo pero no sé si te lo acabas de creer o imaginar. Da igual. Me sirve con tenerte cerca y bien. Es lo único importante realmente. Que cumplas muchos más, lleno de salud y de alegría y que podamos estar también a tu lado para todo lo que necesites.
Me paso horas mirándote sin que te des cuenta. Te miro despierto y dormir. Eres una especie de regalo que me embruja. Me relaja y me emociona ver la persona en la que te has convertido: guapo, fuerte,sencillo,divertido. Me cuesta darle paso a este hombrecillo y dejar atrás a mi niño juguetón y cariñoso. Convivo con los dos, los llevo dentro de mi corazón .
¡¡¡FELICIDADES, RAÚL!!!! Todas las que sean posibles en una vida larga y luminosa.
jueves, 4 de julio de 2013
HILACHAS
Estamos solos. Tengo esa absoluta certeza. Rodeados de gente, en constante compañía, pero solos.
En los momentos importantes, sustantivos de la vida, estamos completamente solos.
Por la noche, al acostarnos, con nuestros miedos, nuestros temores, nadie puede evitarnos cuarto y mitad para disminuir esa angustia que nos impide dormir.
En la enfermedad propia, "algodonados" de cuidados y muestras de interés, nadie nos puede evitar esa insidiosa compañía del malestar, del dolor opaco y permanente, del terror a la incertidumbre.
En las enfermedades o la muerte de los seres queridos, lloramos de abrazo en abrazo; sentimos la mano cálida de quien nos acompaña en esa oquedad incomprensible que, de repente, se ha instalado en nuestra vida. Pero nadie puede sacarnos de ella, llevarnos a otro lugar diferente al vacío y la tristeza en la que vivimos.
En los grandes problemas, descansamos a ratos en quienes nos escuchan y aconsejan. Pero en la decisión o consecuencia final, estamos solos, completamente solos.
Nacemos solos. Morimos solos. Deberíamos aprender a vivir solos.Sin embargo necesitamos de los demás. Tal vez alguien muy seguro de sí mismo, muy centrado, muy...no sé, no necesite de nadie. Yo sí. Necesito de los demás. Y toda la gente que conozco parece que también.
Y es bueno, creo. Es bueno tener amigos a los que necesitar. Pero cada vez parece más difícil, más complicado tenerlos cerca, cuidarlos, identificarlos.
La amistad se hace día a día, se alimenta compartiendo emociones, planes; momentos mínimos o definitivos. La amistad se riega, se fortalece. De algún modo. Si no, pierde su esencia. Se desdibuja y pasa a ser una convención, un lazo desgastado y marchito que, en ocasiones, duele porque recuerda a aquel que otro día creímos tener.
Es difícil, decía, mantenerlo vigoroso y saludable en este mundo de prisas, individualidad y economía, que nos lleva al cansancio y la desgana. Entono un claro "mea culpa". Pensamos que es suficiente sujetarlo con alfileres, y no lo es. El hilván se desteje lentamente, se deshilacha;
la amistad se diluye en silencios, vacíos y conversaciones triviales que, como ruido, intentan disfrazar esa distancia ya insalvable.
Quizá por eso deberíamos aprender a no necesitar a los otros. A bendecirlos si nos sustentan, pero a no sentir que perdemos pie si no están como los necesitamos. Aprender que, a pesar de todo, estamos solos. Aprender a respirar solos
En los momentos importantes, sustantivos de la vida, estamos completamente solos.
Por la noche, al acostarnos, con nuestros miedos, nuestros temores, nadie puede evitarnos cuarto y mitad para disminuir esa angustia que nos impide dormir.
En la enfermedad propia, "algodonados" de cuidados y muestras de interés, nadie nos puede evitar esa insidiosa compañía del malestar, del dolor opaco y permanente, del terror a la incertidumbre.
En las enfermedades o la muerte de los seres queridos, lloramos de abrazo en abrazo; sentimos la mano cálida de quien nos acompaña en esa oquedad incomprensible que, de repente, se ha instalado en nuestra vida. Pero nadie puede sacarnos de ella, llevarnos a otro lugar diferente al vacío y la tristeza en la que vivimos.
En los grandes problemas, descansamos a ratos en quienes nos escuchan y aconsejan. Pero en la decisión o consecuencia final, estamos solos, completamente solos.
Nacemos solos. Morimos solos. Deberíamos aprender a vivir solos.Sin embargo necesitamos de los demás. Tal vez alguien muy seguro de sí mismo, muy centrado, muy...no sé, no necesite de nadie. Yo sí. Necesito de los demás. Y toda la gente que conozco parece que también.
Y es bueno, creo. Es bueno tener amigos a los que necesitar. Pero cada vez parece más difícil, más complicado tenerlos cerca, cuidarlos, identificarlos.
La amistad se hace día a día, se alimenta compartiendo emociones, planes; momentos mínimos o definitivos. La amistad se riega, se fortalece. De algún modo. Si no, pierde su esencia. Se desdibuja y pasa a ser una convención, un lazo desgastado y marchito que, en ocasiones, duele porque recuerda a aquel que otro día creímos tener.
Es difícil, decía, mantenerlo vigoroso y saludable en este mundo de prisas, individualidad y economía, que nos lleva al cansancio y la desgana. Entono un claro "mea culpa". Pensamos que es suficiente sujetarlo con alfileres, y no lo es. El hilván se desteje lentamente, se deshilacha;
la amistad se diluye en silencios, vacíos y conversaciones triviales que, como ruido, intentan disfrazar esa distancia ya insalvable.
Quizá por eso deberíamos aprender a no necesitar a los otros. A bendecirlos si nos sustentan, pero a no sentir que perdemos pie si no están como los necesitamos. Aprender que, a pesar de todo, estamos solos. Aprender a respirar solos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






