Hace 40 años que no nos vemos. Nadie se explica dónde se han metido esos años y mucho menos la sensación de que fue ayer.
Tampoco sé explicarme la alegría infantil de reunirme con ellos.
Gente que no está en mi vida ni lo estará. No es necesario para que la ilusión se instale en mi estómago al pensar en pasar un buen rato con ellos. Me vuelve la emoción infantil de estar juntos. Ese cosquilleo lleno de futuro, de risas; sin tiempo ni espacio.
No logro explicar la ilusión de estar con gente con quien no compartí nada personal. Me hace mucha ilusión volver a verla y saber que les va bien y que están bien. Sin más objetivo que estar un ratito cerca.
Como tú dices, somos los que éramos. Tal cual. A pesar de esos 40 años y todo lo que pesa y pasa en una vida. Por eso siguen ahí las fobias y las filias; eso sí, con la perspectiva de la madurez y el criterio de saber juzgar con cierta ecuanimidad o de no hacerlo.
Con algunas personas, por muchos momentos vividos, me encanta compartir ahora nuestras vidas, nuestras alegrías, también las heridas.
Con otras personas, por algunas decepciones vividas, me alegra verlas, estar con ellas. Pero no me interesa profundizar. No quiero profundizar más en esa decepción ya instalada entre nosotras, sin vuelta atrás. Sin necesidad de hacer cuentas, ni poner nada en su sitio. ¡¡¡Qué pereza!!!
Con otras muchos, simplemente por ser parte del paisaje emocional de mi adolescencia, de mi instrucción, me encanta recordar momentos y risas. Nada más. Y saber que todo va lo suficientemente bien.
Debe de ser lo más parecido a viajar en el tiempo y recuperar lo que fuimos y que no volverá. Supongo.
Simplemente estar, abrazar, hablar, mirar...como si fuera ayer...
En algunos casos muy concretos, quizá ,también es una segunda oportunidad para remendar jirones de vida que quedaron abandonados. De manera involuntaria. Por falta de recursos. Por simple cobardía o debilidad. Por no querer perder. Por no saber decir no. Por protegerte haciendo daño a otros. Vaya usté a saber...
Escribo esto pensando en ti. Pensando en otras personas también, pero dirigiéndome a ti.
Siempre me apetece verte. Quiero que estés. Creo que es la necesidad de remendar ese jirón que siempre hubo entre nosotros. Siempre te quise. Como una gran persona y amigo. Aunque a veces no te entendí y luego tú te me explicaste y ya supe que siempre había sabido que sabía que eras una gran persona. Cuántas cosas me vienen a la cabeza... cuántas pequeñas grandes cosas...
Creo que te hice daño. Por simple impericia, ya te digo. Nunca a propósito. No supe decir la verdad por miedo a herirte y , ahora lo sé, por miedo a perderte, cuando era ese el camino más rápido para hacerlo. Eras importante para mí. Hablábamos mucho, reíamos mucho, te quería cerca. Luego, como casi siempre, los sentimientos se confunden, tú interpretaste que esa necesidad podría tener el nombre del "amor" y yo para no perder mi otro amor contigo no supe decirte "no". Era imposible que yo te quisiera de otro modo. Era imposible que mi piel te soñara de otra manera distinta a la necesidad de tu amistad. Pero no quise decepcionarte y perderte. No quise hacerte daño y luego te lo multipliqué por tres. Cuánto daño por egoísmo y falta de valentía y por no querer perder...
Y te perdí, claro. Mucho.
Años después volvimos a cierta normalidad. Incluso creo que fuiste tan valiente como para retomar un poco el tema y declararme tu deseo de normalidad, después de que todo aquello que tan mal hice, hubiera ya pasado a la historia. Lo recuerdo, pero no mucho. Creo recordar una mini conversación que me alegró tanto como me perturbó (siempre fui cobarde en la expresión de las emociones). No sé bien.
Y ahora, 40, 20 años después, te sigo viendo, y veo al que fuiste. A los que fuimos. Te siento cerca o , al menos, te quiero cerca. Y de algún modo intento- con mi necesidad de ti que de algún modo te hago llegar- pedirte perdón por no haber sabido hacer las cosas bien y por romper de la peor de las maneras lo que no quise perder.
Me decías que los primeros amores no se olvidan. Es verdad. Te dije que los años sirven para tener criterio, desenmascarar la idealización; y lo creo firmemente. Yo no olvido lo que "no vivimos", lo mal que me porté por cobarde, lo mucho que perdí por no querer perder.
Sé que en cualquier momento podría saltar la conversación entre nosotros. Ninguno la evitaría. Tampoco la vamos a provocar artificiosamente. No hay necesidad.
Por si eso no surge, me quedo con este reencuentro, con nuestras conversaciones transversales sin saber casi nada de estos 40 años de nuestras vidas. Con la intuición de que sepas leer entre las líneas de nuestros posibles encuentros lo muy importante que fuiste para mí y lo mucho que necesité que me perdonaras como hiciste. Y todo ello se encarama en mi sonrisa y se aferra en mi largo abrazo cada vez que te veo. Y también el deseo de que sean muchas más veces en que pueda dártelos. La sonrisa. El abrazo.