miércoles, 9 de septiembre de 2026

Como si hubiera dioses

 "Pisa la tierra como si la besaras con los pies" es una hermosa metáfora atribuida habitualmente al maestro zen Thich Nhat Hanh .

Y eso hacemos. Reverencialmente. Pisamos y besamos esta tierra humilde llena de vida y de belleza: los Carriles de Alcobendas

Crackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrack...

Tristristristristristristristristristristristristristristristristristristristris...

Un sonido seco, rotundo, como un tajo en las entrañas. Y la retama, esplendorosa y digna, desaparece bajo el peso de una máquina que la derriba y la tritura convirtiendo en trizas los años que le ha costado crecer, su contacto con el suelo y el intercambio en el que se sustentaba y el dulce olor que en primavera perfumaba los Carriles acariciando el aire y el respirar en este valle.

Menos de treinta segundos y la retama ya no está. 




Lo que fue y ya no es. Nunca más lo será.
El hogar de miles de animales, arrasado. 
Convertida la dehesa en un desierto de paja y fragmentos de vidas muertas. Asesinadas. 
A esos treinta segundos, les siguen otros treinta. Desfila la muerte en el tiempo y va cercenando vidas, paisajes, verdad.
Implacables, las máquinas continúan su cosecha de muerte. Muerte sobre muerte ,sobre las conciencias que solo huelen dinero.
Muerte sobre muerte, sobre el sustento de la vida. La buena vida, la única buena vida.
Matan los Carriles y nos matan. 
Matan el futuro y la salud de esta ciudad. Nos matan.

Duele presenciarlo, pero debemos hacerlo. Acompañar en su aniquilamiento a esta hermosa tierra que tanto nos ha dado.
 Es casi imposible respirar al contemplarlo. Como si todo lo que nos arrebatan se arremolinara enconado de rabia en los pulmones.

Hermosos Carriles, aquí estamos. Seguimos aquí, en medio de esta orgía de codicia ciega. Seguimos abrazando el cadáver que ahora eres con el mismo amor que disfrutamos de tu abundancia y rogamos por las plantas que ya no están y los animales que han perdido su hogar . Y suplicamos a un dios justo y bendecido que pare esta masacre, como si hubiera dioses y quisieran escucharnos. 




miércoles, 26 de agosto de 2026

ESPEJISMOS

 Estos días azules y este sol de la infancia...


Machado, perdido, derrotado,exangüe, se refugia en el único lugar seguro.

Mi tía, también. Vuelve su mente extraviada al único espacio de paz que alguna vez tuvo. Y llora. Desconsoladamente. Como quien sabe lo que ha perdido pero con la emoción de haberlo disfrutado.

Machado se vuelca hacia el recuerdo de la plenitud, la sencilla plenitud de los días seguros, luminosos, limpios.

Cada vez, más espejismos.

Como los mayores tesoros, como los más preciados.

Saborearlos con la inocencia de los milagros y la conmoción de lo imposible pero auténtico.

Caminar sintiendo el sol, el aire en la piel. Sin más urgencia que la de besar la tierra de puro agradecimiento.

Estremecerse con la caricia de la sombra de las nubes. Un viaje luminoso por las nubes desde abajo.

El espejismo de disfrutar de los que toca despedirse.

Mis tías, 98 años, 94 años, se asoman al abismo de un verano más. Un verano más con sus risas, sus cosquillas, sus múltiples miserias de su universo desteñido    que ya solo habitan ellas y al que es imposible acceder si no es por la repetición, el hastío y la confrontación.

Mentes confusas, confundidas, perdidas entre una realidad que se les escapa y que ellas crean falsa, embadurnada de afrentas imposibles.

Triste la ancianidad con sus dolores del cuerpo y el alma.

Triste perder en vida a quien todavía puedes abrazar.

Espejismos: momentos robados a la vejez en la que vuelven a ser las que eran y juegan y ríen y la vida nos abraza con un calor que creíamos perdido.

Espejismos: respirar como si nada nos pudiera volver a cortar el aliento. Jugar a que nada ha cambiado y podemos volver a ser las niñas que fuimos y refugiarnos en el halda de la madre, en el lugar seguro del que nunca querríamos prescindir.


Espejimos: la única obligación de jugar, disfrutar, abandonarse al tiempo, a la compañía de lo que quieres, a estos días azules y este sol de la infancia.


Pisa la tierra como si la besaras con los pies» es una hermosa metáfora atribuida habitualmente al maestro zen Thich Nhat Hanh que invita a caminar con atención plena, respeto y gratitud hacia el planeta. Significa que cada paso que damos debe ser consciente y suave, reconociendo el sostén que la tierra nos brinda en cada instante.


martes, 11 de agosto de 2026

EN TODA LA LÍNEA DE FLOTACIÓN LO PEOR EN UNA PAREJA

 EL PAÍSMARTA JIMÉNEZ SERRANO




He defendido a menudo que la infidelidad no es lo peor que se le puede hacer a una pareja. No es bonita, no está bien, no es esto ni mucho menos una apología de la infidelidad. Pero convertirla en el chivo expiatorio de los males conyugales lleva a una trampa mortal, la de concentrar la virtud de la pareja en la fidelidad. Es decir, alegar “mi marido es un buen hombre porque me es fiel”, de modo que mientras te es fiel puede ser en realidad una mierda de persona, pero, eh, es un buen hombre.
He contado esto en tantas conversaciones y sobremesas que una vez me preguntaron de vuelta: entonces, ¿qué es lo peor que se le puede hacer a una pareja? En el momento suspiré y me quedé dándole vueltas a mi bebida con la pajita, pero, en sucesivas observaciones, he llegado al fin a una respuesta: lo peor que se le puede hacer a una pareja es no cuidarla cuando está enferma. Y es que lo peor que se le puede hacer a una pareja es, en realidad, lo peor que se le puede hacer a cualquier ser humano.
Recordé esta, mi gran tesis amorosa, al toparme con un tuit de hace unos meses que decía: “Personas solteras que viven solas, ¿quién te cuida cuando estás enfermo?”. Se lo pregunta @Marcela252016 y, en el momento en que escribo esto, el tuit tiene más de tres millones de visualizaciones. Basta con echar un rápido vistazo a las respuestas y los citados para que se le parta a una el corazón. No sé cuantísimas mujeres relatan cómo pasaron por una operación, un posoperatorio, una cesárea, un posparto, un embarazo de riesgo o sencillamente una santísima gripe, y sus maridos o novios, esos hombres con los que habían firmado un contrato, comprado una casa o procreado, no estuvieron allí para cuidarlas. A ver si la pregunta no ha de ser: “¿Quién cuida a las mujeres casadas cuando están enfermas?”.
El tuit, desgraciadamente, sólo me confirma la magnitud de una realidad que no tengo que imaginarme. Tengo una amiga que, cuando salía del dormitorio tras tres días de gripe, tenía que recoger la batalla campal en que se había convertido su apartamento, todavía moqueando y en pijama. Tengo una amiga cuyo marido le dijo en la sala de espera de un hospital, el día antes de entrar a quirófano, que “dejara de quejarse”, cuando ella expresó su nerviosismo. Tengo una amiga a la que le dio vergüenza preguntarle al médico: “¿Podré conducir yo después de la intervención?”. Tengo una amiga que, ante la necesidad de ir a urgencias en mitad de la noche tuvo que escuchar un “¿Quieres que te acompañe?” (¿Quiero? No sé, José Luis, ¿quieres tú?). Tengo una amiga que, cuando tenía 40° de fiebre, sus días eran exactamente iguales al resto de días, pero con 40° de fiebre. Tengo una amiga cuyo marido salió a comer y cenar por ahí todos los días de la semana de su posoperatorio. Tengo, como veis, muchas amigas.
La perspectiva de género no me la invento yo. Son muchos los estudios (por mencionar uno, el análisis del Fred Hutchinson Cancer Research Center) que señalan que las mujeres tienen hasta seis veces más posibilidades de divorciarse tras un diagnóstico de cáncer que los hombres.
A mí, al lado de esto, que uno se dé un magreo inopinado cuando no procede, porque la vida es ancha y larga y complicada, me parece cuando menos una tontería.
Claro que, así planteado, pareciera que la infidelidad y la falta de cuidados fueran cosas excluyentes. Por supuesto, nada más lejos de la realidad. Hay hombres infieles a los que se puede perdonar o no; hay hombres que no te cuidan, y que son imperdonables; y hay hombres que hacen pleno al 15 y no te preparan la cena porque están cenando con otra: esos son los extraordinarios.

lunes, 27 de julio de 2026

Dagas

 No recuerda nada. Es el caos. 

Mi tristeza y sensación de pérdida y abandono ,camufladas en una rabia indigna ,le escupen verdades como dagas.

Como si ella pudiera hacer algo contra ellas

Como si fuera la responsable...

La hija de puta de su hija, con la amargura de la orfandad, siente que no se merece la vida que tiene y que profana cada día.

¿Para cuándo la ternura?

¿Para cuándo el calor del amor expresado?

Dolor.

O no saber vivir.

viernes, 24 de julio de 2026

CENIZAS EN LA BOCA

 




Es un título brillante. Pastoso. Se atraganta nada más leerlo.

Me lancé a él como lo que es: una declaración de principios: la odisea de la emigración femenina en este país.

ME saltaron todas las alarmas y se despertaron en mí las cenizas en la boca, en los pulmones y en el corazón. 

¿Se puede ser coherente con una pensión de 900 euros? 

¿Se puede ser justo dentro de un sistema que tritura al débil?

¿Cómo actuar con empatía con las persona que vienen a tu país en condiciones de inferioridad?

¿Quién salva a una persona, salva a la humanidad?

¿Hasta dónde asumir el dolor y la injusticia del otro? 

Recuerdo hace muuuuuchos años, en una de las actividades de la asociación de mi César, una chica, socióloga creo recordar, fue a hablarnos de su experiencia en México con mujeres explotadas laboralmente y sobre el mujericidio que siguen sufriendo. E hizo un comentario, así como a toro pasado: "Nosotras no estamos aquí para solucionar vuestros problemas". Lo dijo con la rotundidad de los principios bien instalados. No cabían las dudas. Ellas estaban allí para otra cosa. Para entender qué pasaba. Para hablar con ellas y trasladar otra perspectiva y quizá otras herramientas, para contarlo, para estudiarlo...pero tenían claro que no era su misión, ni su cometido solucionar el problema. Entre otras cosas y bien pensado , ¡¡¡porque estaba fuera de su alcance!!!


¿Se puede contratar a una persona que no tiene papeles y que viene a este país buscando un mundo mejor para sus hijos aunque no puedes pagarle el salario mínimo? 

¿La persona pobre no puede acceder a según que servicios (atención 24 horas, por ejemplo)?

Si nadie contrata a estas personas porque no tienen cualificación ni papeles, ¿cómo comen?

Si contratas a alguien con el salario que puedes permitirte de mutuo acuerdo ¿te estás aprovechando de esa persona porque  no le puedes pagar lo que te gustaría por falta de recursos?

Si decides no involucrarte más en sus problemas porque no tienes fuerzas para afrontar los tuyos y vivir los de los demás te debilita, de hace sufrir y no ayuda a nadie, ¿eres una mala persona?

¿Cómo no endurecerte cuando haces todo lo que puedes (económicamente) y mucho más de lo que puedes y debes emocionalmente y en todos otros sentidos posibles y te fallan, te calumnian, te abandonan, te defraudan? ¿Cómo volver a confiar y cómo volver a cuidar a otra persona en la misma situación?


Cenizas en la boca te enfrenta a la carrera estancada de la gran mayoría de  mujeres emigrantes y de sus descendientes. En las frases de esta novela bregas con la injusticia, el dolor, el abandono, la hijadumbría, el trabajo sísifo, el racismo... en primera línea. Bregas con la desigualdad de la que formas parte y quizá alimentas. Difícil travesía. Imposible para mí. Abandono ceniciento.




El inicio de la civilización : El primer signo de la civilización humana es un fémur roto y sanado, según la famosa reflexión de la antropóloga Margaret Mead. No se trata de una herramienta de piedra o una vasija, sino de la prueba física de la empatía y el cuidado mutuo en los inicios de la prehistoria





¿Qué decir de una sociedad que abandona a los más débiles?
Parece evidente que retrocedemos en esta civilización. 

La sociedad occidental es una sociedad privilegiada, lo somos. Excepto cuando caes en una situación de vulnerabilidad. Enfermedad. Paro. Dependencia...

Entras al hospital con infección muy grave, o con un tumor como una sandía y por falta de recursos te mandan a casa. Hospitalizada en urgencias, vives una especie de aquelarre impúdico donde los buenos cuidados, la intimidad, la compañía... te están vetados.

Te rompes la cadera. No hay nadie que te atienda en la recuperación. Necesitas una residencia. No tienes dinero para pagarla o sí, da igual (no exactamente, pero más o menos). Te derivan a una y empiezas a entender de qué va la historia. Sufres en primera persona "los cuidados" de una residencia.

Te echan de tu trabajo. Con cincuenta años. Entras en un bucle desesperado de búsqueda incansable y esperanzas abortadas. Si no tienes a alguien que te enchufe, te quedas varado.

Y en todos estos casos estás solo. Te sientes abandonado por la tribu. Nadie espera a que tu fémur se recupere. Pierdes pie. Te sientes fuera. La fuerza centrifuga de esta sociedad te expulsa. Estás fuera.

¿Se puede ser justo, cuando toque, cuando te quedas en el borde del camino mientras tus compañeros continúan?
¿Puedes salvar de ese abandono tu propio sentido de la empatía?
¿Cómo puedes proteger la confianza en el otro cuando te dejan en la cuneta?

Ser una persona íntegra y buena para mí es conseguir superar esas heridas y lograr tratar a los demás con generosidad y empatía cuando te has sentido a los pies de los caballos sin ayuda de nadie y en la cuneta, al margen del avance de los demás.

No lo soy. Me hace sufrir. Lo intento. No puedo. Cuando la confianza se rompe, nunca más se recupera. Y las cenizas de esas rupturas te impiden transitar con el alma limpia otros recorridos. Se instala en tu boca, en tus pulmones, en tu corazón y embadurna los latidos de otros encuentros y otras aproximaciones.

Ayudar todo lo que pueda, siempre.
Intentar hacer la vida fácil a los demás en todo lo que se pueda.

Con el corazón ceniciento y la boca pastosa de llorar cenizas y tragarlas. 


lunes, 22 de junio de 2026

El barrio. La vida

 El barrio. La vida.

Ajado. Deteriorado. Avejentado.

Luchando.

El barrio. La vida.

Triste. Pulsando la verdad.

El barrio. La vida.

Útero ya yermo, sólo cultivado de recuerdos.

El barrio. La vida

El refugio que fue.

La luz que se va.

El barrio. La vida.

El dolor. El hogar. 

El barrio. La vida.

Perder. Aprender a decir adiós.

Intentarlo. No poder.

El barrio. La vida.

Puro corazón.

Latiendo de nostalgia.

El barrio. La vida.

Intemperie. Orfandad.

El barrio. La vida.

Simple resistencia.

El barrio. La vida.

Olor a lo que fue.

El barrio. La vida.

Se escapa entre las manos.

El barrio. La vida.




Barro

 Barro. Puro barro.

La antesala, quizá, del polvo eres y en polvo te convertirás.

Barro. Asustado.

Ante lo inevitable. Lo único indudable.

Barro que sabe la tormenta. 

Barro que la llora antes de que llegue.

Lágrimas de barro.

Llanto que lo deshace de miedo. De tristeza. 

Antes de la tormenta.

Barro. Puro barro.