miércoles, 20 de mayo de 2026

PIMIENTOS FRITOS

 Cuánto mundo puede desencadenar un olor...

El pie cambia de paso en cuanto me envuelve.

Mi infancia se encarama a ese aroma y me envuelve completa.

Un simple olor y estoy a 50 años atrás.

En las mismas calles, con la vida y el miedo por delante.

En las mismas calles, con la alegría y la ilusión de mi mano.

En las mismas calles, con la pura ingenuidad de la plenitud en un bocadillo de pimientos fritos.

Mi madre todavía los hace así: en una enorme barra de pan, empapada del aceite que impregna los pimientos; para ir comiéndolos cuando te apetezca.

Los pimientos y los juegos

Los pimientos, los vecinos, la colectividad que era el útero diario.

Los pimientos y la vuelta del cole, hambrienta.

Los pimientos y el abrazo de mi madre al llegar a casa.

Los pimientos y ¿la felicidad?




Hace muchos años leí el libro que escribió Waris Dirie. Una experiencia dura de superación. La vida en dos extremos. En ese libro ella recordaba su infancia feliz en un desierto sin nada. Después volvió, adulta. Necesitaba volver a ese espacio donde fue feliz y sufrió mucho. SU lugar. Donde no tenía nada más que su familia, sus animales. Nada era su todo.

He leído otras experiencias similares. Las personas necesitan sus raíces. Incluso cuando nada hay en ellas más que los recuerdos tejidos de amor en medio de la violencia y la miseria.

Mi barrio viejo, descolorido, maltratado, me acoge como un refugio.

Mi barrio viejo, asediado, me acoge como si no me hubiera ido

con la fragancia de unos pimientos fritos.

lunes, 18 de mayo de 2026

Nada nuevo. Residencia

 El olor. ¿Apenas ya no lo recordaba?

Sale a mi encuentro casi antes de traspasar la puerta.

Invasor

Implacable

Se pega en los ojos y los ciega. Ya solo pueden ver miserias

Se pega sobre los hombros. Clavando los pies en pesados pasos 

Se pega en el corazón. Lo zarandea. Sin respeto. Desaforadamente.

Se pega en los pulmones. Los ahoga. Inclemente.

Se pega en el paladar. Lo anestesia. No quiere ser ni estar.

Se pega en la garganta. La cierra. Imposible tragar.

Se pega en los pies. Quieren huir pesadamente.

Se pega en la conciencia. Cómo un fardo. Hundiéndose.

Brea. Pura Brea. Como un manto mojado. Encima de ti.

Los ojos no pueden ver nada más. Solo ese olor y todo lo que significa.

Los hombros no pueden cargar nada más. Solo ese paso fúnebre en el fango.

El corazón  no puede latir nada más. Solo la tristeza y la soledad que lo desbocan.

Los pulmones no pueden respirar nada más. Ahogados en el abandono que respiran.

El paladar no puede saborear nada más. EL asco lo neutraliza. Lo seca.

La garganta no puede tragar nada más. Cerrada ante la vejez desvalida, ¿Se puede comer?

Los pies no pueden andar nada más. Clavados en ese olor quisieran volarlo, desaparecerlo. ¿Cómo querer transitar tanta soledad?

La conciencia no puede sentirse nada más. Cómo existir si existen ellos. Cómo mirarse con dignidad si ellos no la tienen.

Horas después el olor, ese cieno colonizador, sigue ahí mismo, muy lejos de allí sigue aquí. Con ellos. Con los que no pueden salir, ni tener otra vida, ni más horizonte que sus últimos años preñados tan solo de soledad, tristeza y ese olor...




viernes, 15 de mayo de 2026

Aprendo

 Sigo descubriendo, descubriéndome.

Entiendo cosas.

Gracias a la literatura. Gracias al cine. Gracias al teatro.

 Gracias a querer ver, querer escuchar, querer aprender.

Ahora entiendo por qué necesito compartir mis experiencias, mis deslumbramientos. Lo acabo de descubrir. Siempre siento esa necesidad con cada cosa que me conmueve. Me siento tonta en esa necesidad que no veo que sea común en otras personas. Ahora sé por qué. Qué bien que lo he averiguado. Porque CONMOVER etimológicamente viene de MOVER CON. Y si no es con, el movimiento es otra cosa, pero no es conmoción. Y a mí solo me interesa lo que me conmueve. Aprendo con lo que me conmueve. ('Una conciencia nueva', con Silvia Bardelás)


De repente descubrí la necesidad absoluta de descansar el dolor. El dolor necesita descansar. Necesitamos descansar el dolor. Pero el dolor no puede descansar en cualquier sitio. No podemos dejar el dolor en manos de nadie que no sepa entenderlo, cuidarlo, acunarlo. El dolor solo puede descansar en otro dolor que lo entienda, que comprenda hasta qué punto duele ese dolor. 

MASPALOMAS 

Viajo, me sumerjo en la Historia, en monumentos, en calles, en músicas...y me siento perdida. Torpe, empanada. Perdida. ¿Por qué? ¿Qué me pasa? Ahora creo que ya lo sé. No me sirve con ver, disfrutar, emocionarme...Quiero saber. Quiero sentir. Saber quién construyó eso, cómo lo hizo, por qué, para qué. Quiero sentir qué sintieron los que vivieron, los que cambiaron, los que hicieron de eso que ahora veo lo que es a lo largo de los siglos. Quiero entender el poso emocional de los siglos que lo atesoran. Y eso es casi imposible y menos en una simple visita.

La Aljafería Zaragoza Mayo de 2026






martes, 5 de mayo de 2026

REGALOS DE LA VIDA

 Salgo a su encuentro.

     Hoy puedo. 

    En la carrera desbocada en la que ando , me encuentro- de repente- con el vacío de la voluntad: Sin obligaciones, sin reloj persiguiéndome  tic tac tic tac tic tac...

Y salgo a buscarlos. 

    Sé dónde están. 

    Los llevo dentro cada día. Me sostienen porque son. 


Zambullida en un baño de sensaciones

    Inspiran mis pulmones recordando que lo son. 

    Sístole, diástole... con toda la consciencia.


El cielo azul restallante bordado de algodones.

 Un mar de jaras en flor y sus olores y todos los insectos que liban la propia vida entre sus hojas. La nuestra. Nuestra vida.

Las amapolas asoman como surtidores de alegría. Tan rojas, tan hermosas...

Olas de espigas se dejan mecer por el viento en una danza primigénea de océanos verdosos ondulantes e hipnóticos.

La lavanda entregada al sol para abandonar su fragancia como un manto de deleite

Diente de león, viborera morada, colleja morada, chupamieles, escobilla, esparcilla, espino albar...explosión de colores inabarcables de puro contento.

Gordolobo, cornicina, caramelita descalza, cañaheja, cardo, carnila, gualda, gallocresta, arvejilla, altramuz silvestre, algarabía...pacientes, hermosamente pacientes. Como dulces bellas durmientes, satisfechas y rotundas preparando su eclosión.

Sístole, diástole...la vida, la buena vida alrededor.

Embriagada de tanto y de todo lo que sé que está y no puedo ver.

Agradecida por tanto y por tan poco. La belleza de la naturaleza expresando la única verdad sostenible: somos porque son.

Emocionada y tan llena,  sintiendo que todo es posible si seguimos recibiendo regalos así de la buena vida. De la auténtica vida. La única esperanza

Vuelvo traspasada de verdad y de auténtica existencia, cuando me acaricia la sombra de un milano, espléndido, planeando con el giro maestro de su cola ahorquillada, timón de vuelos generosos.

...


Mi último paseo por Los Carriles libres.

Ahora sé que, probablemente, este éxtasis tan ingenuo como puro me será vedado por quien considera que la vida que late en este campo no vale nada. 


Solo siento llorar y pedir perdón a tantas vidas... Por no saber defenderlas mejor. Por no saber protegerlas de esos depredadores que violan impunemente tanta belleza y tanta vida.


martes, 14 de abril de 2026

DIANA TOCA LA CAMPANA

 


Diana toca la campana

Diana en el corazón

La silla que la alza donde no llega

levanta mucho más que su pequeño cuerpo.

Diana en la diana.

Se gira, complaciendo.

Alimentando la emoción de los que la jalean.

Casi sin entender.

¿Cómo podría entender una niña la batalla que ha desbaratado?

¿Cómo podrá su cuerpo y su memoria pasar por ese espacio que no pertenece a su infancia ni a los deseos inocentes de una niña?

El juego esta vez era muy serio: la pura vida.

Diana, alzada por esa silla naranja, toca con sus deditos la verdad.

Sin saberlo.

Sin poder entender lo grande que es sin su silla y con toda la lucha que lleva dentro.

Diana toca la campana.

Diana toca el corazón.


Cuando la vida se torne injusta y dolorosa, pensaré en Diana

Cuando sienta que nada vale la pena, pensaré en Diana

Cuando quieran arrebatarnos lo público, pensaré en Diana

Cuando olvide lo importante, pensaré en Diana

Porque la enfermedad y el dolor no son justos para nadie, pero mucho menos para una niña de cuatro años.

Porque a veces queremos aullar de impotencia y de rabia, pero Diana tocando la campana nos devuelve la fe en el ser humano, en la ciencia, en la misma vida.

Gracias, vida.

Gracias, Diana.


miércoles, 18 de marzo de 2026

También en sueños

 Salvaba a mis padres de Auchswitz. De una muerte segura, indigna, con gran sufrimiento. Del infierno.

Yo conocía a alguien. Una enfermera. 

Mis padres estaban condenados. 

Yo no. 

    Pero corría el riesgo de verme arrasada en esa locura al intentar sacarlos de allí. 

Había que pagar también. 

Se demoraban.

 Podíamos irnos, pero no nos daban la salida.

     A unos pasos de la vida, pero sin poder darlos. 

Angustia. 

Mis padres esperaban. Esperábamos. 

    La maquinaria revoloteaba a nuestro alrededor. 

        Mucha mujer cruel la engrasaba. 

    Como personajes kafkianos esperábamos no sabíamos qué. Teníamos la certeza de que alguien velaba  por nosotros, tanta como el desprecio con que lo certificaban las guardianas depredadoras.

     Podíamos irnos, comentaban con la incredulidad de quien sabe que no es posible volver del averno.

                 Conocen a una enfermera, dicho con tanto asco como displicencia. 

    Cancerberas del horror, nos sabían ya muertos, irrecuperables. 

Nosotros, pavor. 

    Simplemente pavor. 

        La libertad a unos pasos. 

    El pavor, inundándolo todo. 

    Íbamos a salir pero sabíamos que nadie sale del todo de un sitio así.

     Se te queda adentro el absurdo, la inequidad, la falta de recursos y de reglas.     

    Se te instala el miedo impregnado de una culpa mortifera y de una insignificancia vírica. 

Nadie ha vuelto de la muerte y nosotros lo íbamos a hacer.

Salvaba a mis padres de la injusticia y el sufrimiento. 

    Es lo único que me importaba. Nada, el destino de las demás personas que poblaban el horror.

     Sacarlos de allí. 

    Sacudirnos aquel aire impregnado de injusticia, arbitrariedad y dolor. 

    Huir. 

    Vivir de prestado. Cualquier cosa antes que seguir ahí.

Mehedespertadosudandomiedo,respirandomiedo,conlabocapastosa demiedo.

Cuando las pesadillas son un remedo de la vida que te persigue

lunes, 2 de febrero de 2026

Cómo

 Envejecer es aprender a perder.

Cuánta equivocación... ¿Por qué? ¿Por qué pensar, por qué haber pensado que la vida era respirar?

Dolor, dolor, dolor..."La vida no es lo que te pasa sino como lo encajas" ¿En serio? La vida es dolor y vivir es difícil para la mayoría de las personas. Es una lucha.

Pierdo pie. Me faltas tú. No importa si estás a mi lado. Me faltas tú. He sentido que todo se iba porque no te tengo. No tengo tu cariño. No estoy en ti. NO soy parte de tu mundo. Todo eso es lo que siento. Y no sé vivir con ello.

He perdido mi base. Me levanto con la mirada puesta en el momento de volver a la cama. Dormir. Dejar de sentir.

Me pierdo. No sé quién soy. Sola. Naufraga. Sin mi. Dolor.

Pura erosión. 

¿Cómo volver a la ilusión? ¿Cómo sentir y dar amor?

¿Cómo comunicarme y hacerte llegar todo lo que llevo dentro?

A ti.

A mí

Volver a querer futuro.

¿Cómo?