jueves, 4 de junio de 2026

Por no querer perder.

 


Hace 40 años que no nos vemos.  Nadie se explica dónde se han metido esos años y mucho menos la sensación de que fue ayer.

Tampoco sé explicarme la alegría infantil de reunirme con ellos. 

Gente que no está en mi vida ni lo estará.                                                   No es necesario para que la ilusión se instale en mi estómago al pensar en pasar un buen rato con ellos.                                                                   Me vuelve la emoción infantil de estar juntos. Ese cosquilleo lleno de futuro, de risas; sin tiempo ni espacio. 

No logro explicar la ilusión de estar con gente con quien no compartí nada personal. Me hace mucha ilusión volver a verla y saber que les va bien y que están bien. Sin más objetivo que estar un ratito cerca.

Como tú dices, somos los que éramos. Tal cual. A pesar de esos 40 años y todo lo que pesa y pasa en una vida. Por eso siguen ahí las fobias y las filias; eso sí, con la perspectiva de la madurez y el criterio de saber juzgar con cierta ecuanimidad o de no hacerlo.

Con algunas personas, por muchos momentos vividos, me encanta  compartir ahora nuestras vidas, nuestras alegrías, también las heridas.

Con otras personas, por algunas decepciones vividas, me alegra verlas, estar con ellas. Pero no me interesa profundizar. No quiero profundizar más en esa decepción ya instalada entre nosotras, sin vuelta atrás. Sin necesidad de hacer cuentas, ni poner nada en su sitio. ¡¡¡Qué pereza!!!

Con otras muchos, simplemente por ser parte del paisaje emocional de mi adolescencia, de mi instrucción, me encanta recordar momentos y risas. Nada más. Y saber que todo va lo suficientemente bien. 



Debe de ser lo más parecido a viajar en el tiempo y recuperar lo que fuimos y que no volverá. Supongo.

Simplemente estar, abrazar, hablar, mirar...como si fuera ayer...


En algunos casos muy concretos, quizá ,también es una segunda oportunidad para remendar jirones de vida que quedaron abandonados. De manera involuntaria. Por falta de recursos. Por simple cobardía o debilidad. Por no querer perder. Por no saber decir no. Por protegerte haciendo daño a otros. Vaya usté a saber...


Escribo esto pensando en ti. Pensando en otras personas también, pero dirigiéndome a ti.

Siempre me apetece verte. Quiero que estés. Creo que es la necesidad de remendar ese jirón que siempre hubo entre nosotros.                        Siempre te quise. Como una gran persona y amigo. Aunque a veces no te entendí y luego tú te me explicaste y ya supe que siempre había sabido que sabía que eras una gran persona. Cuántas cosas me vienen a la cabeza... cuántas pequeñas grandes cosas...

Creo que te hice daño. Por simple impericia, ya te digo. Nunca a propósito. No supe decir la verdad por miedo a herirte y , ahora lo sé, por miedo a perderte, cuando era ese el camino más rápido para hacerlo. Eras importante para mí. Hablábamos mucho, reíamos mucho, te quería cerca. Luego, como casi siempre, los sentimientos se confunden, tú interpretaste que esa necesidad podría tener el nombre del "amor" y yo para no perder mi otro amor contigo no supe decirte "no". Era imposible que yo te quisiera de otro modo. Era imposible que mi piel te soñara de otra manera distinta a la necesidad de tu amistad. Pero no quise decepcionarte y perderte. No quise hacerte daño y luego te lo multipliqué por tres. Cuánto daño por egoísmo y falta de valentía y por no querer perder...

Y te perdí, claro. Mucho. 

Años después volvimos a cierta normalidad. Incluso creo que fuiste tan valiente como para retomar un poco el tema y declararme tu deseo de normalidad, después de que todo aquello que tan mal hice, hubiera ya pasado a la historia. Lo recuerdo, pero no mucho. Creo recordar una mini conversación que me alegró tanto como me perturbó (siempre fui cobarde en la expresión de las emociones). No sé bien.

Y ahora, 40, 20 años después, te sigo viendo, y veo al que fuiste. A los que fuimos. Te siento cerca o , al menos, te quiero cerca. Y de algún modo intento- con mi necesidad de ti que de algún modo te hago llegar- pedirte perdón por no haber sabido  hacer las cosas bien y por romper de la peor de las maneras lo que no quise perder.

Me decías que los primeros amores no se olvidan. Es verdad. Te dije que los años sirven para tener criterio, desenmascarar la idealización; y lo creo firmemente. Yo no olvido lo que "no vivimos", lo mal que me porté por cobarde, lo mucho que perdí por no querer perder.

Sé que en cualquier momento podría saltar la conversación entre nosotros. Ninguno la evitaría. Tampoco la vamos a provocar artificiosamente. No hay necesidad. 

Por si eso no surge, me quedo con este reencuentro, con nuestras conversaciones transversales sin saber casi nada de estos 40 años de nuestras vidas. Con la intuición de que sepas leer entre las líneas de nuestros posibles encuentros lo muy importante que fuiste para mí y lo mucho que necesité que me perdonaras como hiciste. Y todo ello se encarama en mi sonrisa y se aferra en mi largo abrazo  cada vez que te veo. Y también el deseo de que sean muchas más veces en que pueda dártelos. La sonrisa. El abrazo.


lunes, 1 de junio de 2026

Para Marta Matute. Yo no moriré de amor

 

 

 

No recuerdo cuando los excrementos dejaron de darme asco. Eran algo más. Como los mocos, los esputos…Quizá los esputos nunca dejaron de darme asco.

La carga supone resolver y lo demás pasa a ser secundario. Ya no hueles, no sientes los riñones, no cuentas las lavadoras.

 

No sé si todo el mundo entenderá tu película del todo sin haber vivido algo similar.

Lo que más me ha llegado de tu viaje, sobre todo porque sé que es un viaje personal, es que sí muere de amor. La protagonista muere de amor: no abandona el barco y cuando se queda un momento en la orilla, sabe por qué lo hace.

 


Lo has abarcado casi todo. A veces con una sola secuencia, una sola frase. Desde luego, lo más importante:

 La bofetada a la madre

La caricia de la madre a su hija en el baño cuando vomita su resaca.

“Es un sitio horrible”

“Estaremos papa y yo para que mamá esté bien”

“Somos las que somos”

“Para lo de siempre” (el libro de reclamaciones)

El abrazo inconsciente entre las hermanas en medio del sueño

La falta de reacción ante la muerte de la madre.

 

 

La bofetada a la madre.

La rabia, el agotamiento, la resistencia…la pura impotencia y ¡zas! Llegan los malos modos, las malas palabras, algún zarandeo, esa bofetada… Y luego te quieres morir. Literalmente. Esa bofetada es la que te gustaría darle a la puta vida que te ha robado a tu madre. No la tienes, no responde. No está. Y la necesitas tanto…

 

La caricia de la madre a su hija en el baño cuando vomita su resaca.

Y de repente la recuperas. Por un momento. En una caricia. En una mirada. Vuelve a ser tu madre. Y tú no sabes dónde poner tanto amor y tanta pena.

 

“Es un sitio horrible” Lo son. Todas las que conozco y conozco varias. Algunas son insoportables aparcamientos, simples morideros. Personas frágiles y demediadas solas, en medio de una multitud ajena  y reflejo insoportable de su propia limitación y soledad.

Es cierto que en una película, en una imagen, no hay olor. Y hay que conocer el olor de las residencias para que se instale en el estómago ese horror. El olor de tu padre, regado en colonia por ti para intentar atajar ese otro que tiene ya pegado a la piel y que no soportas.

“Estaremos papa y yo para que mamá esté bien” Y pobre de quien no tenga a nadie para que su ser querido esté bien. Porque si no hay nadie ahí fiscalizando, no están bien: están maltratados por desatención. Eso es así, entre otras cosas porque

“Somos las que somos”  y en el caso de las privadas porque el negocio son ellos y ellos no son lo importante. Los residentes, digo. Y por eso los familiares tienen que hacer reclamaciones internas  y a la CA porque lo que no se nombra no existe. Aunque no sirva para mucho, aunque cada día sea la misma canción. Falta personal y los residentes lo pagan. Hay que reclamar incansablemente  “Para lo de siempre” (el libro de reclamaciones)

 

El abrazo inconsciente entre las hermanas en medio del sueño

Cuánta soledad y cuánta necesidad de cariño sufre la cuidadora… Cuánta necesidad de descansar en el abrazo de otra, de acurrucarse en otro cuerpo para perderse en él y dejar de sentir tanta intemperie.

 

 

La falta de reacción ante la muerte de la madre.

Creo que sabemos que hay vidas peor que la muerte. Por eso es tan importante la ley de Eutanasia que aquí no aparece explícitamente. Aunque pudiera pensar que tuvo una muerte digna y “rápida”, sin sufrimiento añadido.

Siempre me pregunto si es puro egoísmo preferir que se vayan a que sufran.

 

 

 

 

Hay cosas muy dentro de mí que no están en tu película.

Es cierto que es difícil fotografiar el desconsuelo de no tener a tu madre o tu padre nunca más, de no poder buscar respuestas o protección en ellos porque ellos ahora son tus hijos. No importa tanto tener que cuidarlos como dejar de tenerlos. Es imposible reflejar ese esguince del alma y da igual a qué edad llegue.

 

Es obsceno mostrar el sentimiento de culpa muy explícito por el peligro de caer en el exhibicionismo o el victimismo. Esa delgada línea roja… Tu película lo respeta al máximo. Tanto que no se percibe incisivamente. Y es una tremenda losa que impide respirar.

Porque  ese sentimiento te sepulta. Nunca más recuperas tu vida como fue. No puedes darle a tu ser querido la vida que debería, los cuidados que necesita porque no sabes, porque no tienes los medios, porque no tienes el tiempo ni la vida. Le das todo lo que puedes, no puedes darle más y la culpa sigue ahí, acosando cada segundo de tu vida. Incluso cuando ya no están. No sirve de nada haber hecho más de lo que podías. Lo viste sufrir, lo viste ser desatendido, lo viste llorar de impotencia…y solo pudiste estar ahí para evitar males mayores, pero no le pudiste evitar todo eso. Tuvo una vida que no quería y, vaya usted a saber por qué, tú te sientes responsable. Para siempre.

La culpa. La culpa de darte una tregua. De querer vivir tu vida, con tu propia familia o tus amigos. De necesitar otras cosas. De intentar llenar tu vida de lo que te nutre y te permite seguir adelante. Al margen de ellos y sus cuidados. Imposible disfrutar nada sabiendo que ellos están donde están contra su voluntad y en condiciones precarias. Imposible vivir.

 

Cuánta generosidad en tu personaje (en ti, supongo). Nunca le pide cuentas al padre, al adulto que debería tomar las riendas del asunto, tomar decisiones, llenar el vacío inmenso de una madre que ya no está.

No hablo del trabajo físico, que también.

Cuánta generosidad, repito, por no echarle en cara al marido, al padre, al adulto que se haga cargo. Es cierto que no pide mucho, pero tampoco da.  Es cierto que seguro que está bloqueado y anulado por la situación. Y la hija lo entiende y sigue adelante sin un triste reproche (solo le reprocha que no se cuide. Quizá teme perderle a él también).

Todavía hoy sigo enfadada con mis padres. Por no querer ver. Por no querer asumir. Por no querer prever. Por no querer decidir. Y seguro que debería quitar el verbo “querer” y sustituirlo por “poder”. Pero ¿no se aprende de la experiencia? Cuando ya te lo han explicado y lo estás viviendo, ¿no es hora de aprender y de tomar decisiones que, si no, tendrán que tomar otros por ti?

No es justo tener que decidir la vida de otros y que, además, te acusen de esa decisión inevitable. No es justo imponerle un tipo de vida  a otra persona que no quiere aceptar la realidad y sus limitaciones ante las que otra persona tiene que decidir. Entendiendo todo lo que sé, sabiendo todo lo que entiendo y he vivido, no dejo de sentir rabia y enfado hacia ellos por no querer afrontar su situación y tomar sus propias decisiones cuando todavía podían.

 

¿Sabes? Tengo 62 años. Llevo cuidando a mis padres 10 años. Mi padre con Parkinson (ya fallecido), mi madre atropellada hace 6 años. No tengo hermanos. Me duele el alma desde hace 10 años y nada podrá curarme tanto dolor vivido (algunos muy gratuitos generados por el propio sistema de cuidados tan precario). También siento que nadie puede entenderme. Es la simple vida. Nada trágico. Hay cosas mucho peores. Asume y vive, Esther. Pasa página.

Quería ver tu película para sentirme acompañada en esta herida que es para siempre y también para hacer lo que estoy haciendo ahora: darte las gracias y decirte que no estás sola en esa tu herida que te ha llevado a hacer esta película. Para sanarla y sanar la de otros, supongo. Para iluminarla e iluminar a los que quieres y son parte de ella.

jueves, 21 de mayo de 2026

Mi perro...

 


    La puerta se abre.

    Algo se mueve entre mis piernas.

    Siento calor cerca de mí.

    No puedo atender esa presencia. Ando ocupada y no puedo mirar.

    No lo necesito. Sé quién es.

    Este ser maravilloso ha tomado la decisión de que quiere estar conmigo.

    La puerta ha cedido a sus patitas y ha entrado.

    Para estar conmigo.

    Para ponerse a mis pies y recordarme que la vida es un regalo.

    Como ser el final de sus deseos.

    Como saber que está ahí, simplemente dando calor.

    Como tener su presencia tan simple y tan auténtica.

    Te quiero, Miko. Me emocionas cada hora.

   Le doy gracias a la vida cada día por tenerte.

    La vida es más y mejor gracias a ti

   Mi perro...   








miércoles, 20 de mayo de 2026

PIMIENTOS FRITOS

 Cuánto mundo puede desencadenar un olor...

El pie cambia de paso en cuanto me envuelve.

Mi infancia se encarama a ese aroma y me envuelve completa.

Un simple olor y estoy a 50 años atrás.

En las mismas calles, con la vida y el miedo por delante.

En las mismas calles, con la alegría y la ilusión de mi mano.

En las mismas calles, con la pura ingenuidad de la plenitud en un bocadillo de pimientos fritos.

Mi madre todavía los hace así: en una enorme barra de pan, empapada del aceite que impregna los pimientos; para ir comiéndolos cuando te apetezca.

Los pimientos y los juegos

Los pimientos, los vecinos, la colectividad que era el útero diario.

Los pimientos y la vuelta del cole, hambrienta.

Los pimientos y el abrazo de mi madre al llegar a casa.

Los pimientos y ¿la felicidad?




Hace muchos años leí el libro que escribió Waris Dirie. Una experiencia dura de superación. La vida en dos extremos. En ese libro ella recordaba su infancia feliz en un desierto sin nada. Después volvió, adulta. Necesitaba volver a ese espacio donde fue feliz y sufrió mucho. SU lugar. Donde no tenía nada más que su familia, sus animales. Nada era su todo.

He leído otras experiencias similares. Las personas necesitan sus raíces. Incluso cuando nada hay en ellas más que los recuerdos tejidos de amor en medio de la violencia y la miseria.

Mi barrio viejo, descolorido, maltratado, me acoge como un refugio.

Mi barrio viejo, asediado, me acoge- como si no me hubiera ido-

con la fragancia de unos pimientos fritos.

lunes, 18 de mayo de 2026

Nada nuevo. Residencia

 El olor. ¿Apenas ya no lo recordaba?

Sale a mi encuentro casi antes de traspasar la puerta.

Invasor

Implacable

Se pega en los ojos y los ciega. Ya solo pueden ver miserias

Se pega sobre los hombros. Clavando los pies en pesados pasos 

Se pega en el corazón. Lo zarandea. Sin respeto. Desaforadamente.

Se pega en los pulmones. Los ahoga. Inclemente.

Se pega en el paladar. Lo anestesia. No quiere ser ni estar.

Se pega en la garganta. La cierra. Imposible tragar.

Se pega en los pies. Quieren huir pesadamente.

Se pega en la conciencia. Cómo un fardo. Hundiéndose.

Brea. Pura Brea. Como un manto mojado. Encima de ti.

Los ojos no pueden ver nada más. Solo ese olor y todo lo que significa.

Los hombros no pueden cargar nada más. Solo ese paso fúnebre en el fango.

El corazón  no puede latir nada más. Solo la tristeza y la soledad que lo desbocan.

Los pulmones no pueden respirar nada más. Ahogados en el abandono que respiran.

El paladar no puede saborear nada más. EL asco lo neutraliza. Lo seca.

La garganta no puede tragar nada más. Cerrada ante la vejez desvalida, ¿Se puede comer?

Los pies no pueden andar nada más. Clavados en ese olor quisieran volarlo, desaparecerlo. ¿Cómo querer transitar tanta soledad?

La conciencia no puede sentirse nada más. Cómo existir si existen ellos. Cómo mirarse con dignidad si ellos no la tienen.

Horas después el olor, ese cieno colonizador, sigue ahí mismo, muy lejos de allí sigue aquí. Con ellos. Con los que no pueden salir, ni tener otra vida, ni más horizonte que sus últimos años preñados tan solo de soledad, tristeza y ese olor...




viernes, 15 de mayo de 2026

Aprendo

 Sigo descubriendo, descubriéndome.

Entiendo cosas.

Gracias a la literatura. Gracias al cine. Gracias al teatro.

 Gracias a querer ver, querer escuchar, querer aprender.

Ahora entiendo por qué necesito compartir mis experiencias, mis deslumbramientos. Lo acabo de descubrir. Siempre siento esa necesidad con cada cosa que me conmueve. Me siento tonta en esa necesidad que no veo que sea común en otras personas. Ahora sé por qué. Qué bien que lo he averiguado. Porque CONMOVER etimológicamente viene de MOVER CON. Y si no es con, el movimiento es otra cosa, pero no es conmoción. Y a mí solo me interesa lo que me conmueve. Aprendo con lo que me conmueve. ('Una conciencia nueva', con Silvia Bardelás)


De repente descubrí la necesidad absoluta de descansar el dolor. El dolor necesita descansar. Necesitamos descansar el dolor. Pero el dolor no puede descansar en cualquier sitio. No podemos dejar el dolor en manos de nadie que no sepa entenderlo, cuidarlo, acunarlo. El dolor solo puede descansar en otro dolor que lo entienda, que comprenda hasta qué punto duele ese dolor. 

MASPALOMAS 

Viajo, me sumerjo en la Historia, en monumentos, en calles, en músicas...y me siento perdida. Torpe, empanada. Perdida. ¿Por qué? ¿Qué me pasa? Ahora creo que ya lo sé. No me sirve con ver, disfrutar, emocionarme...Quiero saber. Quiero sentir. Saber quién construyó eso, cómo lo hizo, por qué, para qué. Quiero sentir qué sintieron los que vivieron, los que cambiaron, los que hicieron de eso que ahora veo lo que es a lo largo de los siglos. Quiero entender el poso emocional de los siglos que lo atesoran. Y eso es casi imposible y menos en una simple visita.

La Aljafería Zaragoza Mayo de 2026






martes, 5 de mayo de 2026

REGALOS DE LA VIDA

 Salgo a su encuentro.

     Hoy puedo. 

    En la carrera desbocada en la que ando , me encuentro- de repente- con el vacío de la voluntad: Sin obligaciones, sin reloj persiguiéndome  tic tac tic tac tic tac...

Y salgo a buscarlos. 

    Sé dónde están. 

    Los llevo dentro cada día. Me sostienen porque son. 


Zambullida en un baño de sensaciones

    Inspiran mis pulmones recordando que lo son. 

    Sístole, diástole... con toda la consciencia.


El cielo azul restallante bordado de algodones.

 Un mar de jaras en flor y sus olores y todos los insectos que liban la propia vida entre sus hojas. La nuestra. Nuestra vida.

Las amapolas asoman como surtidores de alegría. Tan rojas, tan hermosas...

Olas de espigas se dejan mecer por el viento en una danza primigénea de océanos verdosos ondulantes e hipnóticos.

La lavanda entregada al sol para abandonar su fragancia como un manto de deleite

Diente de león, viborera morada, colleja morada, chupamieles, escobilla, esparcilla, espino albar...explosión de colores inabarcables de puro contento.

Gordolobo, cornicina, caramelita descalza, cañaheja, cardo, carnila, gualda, gallocresta, arvejilla, altramuz silvestre, algarabía...pacientes, hermosamente pacientes. Como dulces bellas durmientes, satisfechas y rotundas preparando su eclosión.

Sístole, diástole...la vida, la buena vida alrededor.

Embriagada de tanto y de todo lo que sé que está y no puedo ver.

Agradecida por tanto y por tan poco. La belleza de la naturaleza expresando la única verdad sostenible: somos porque son.

Emocionada y tan llena,  sintiendo que todo es posible si seguimos recibiendo regalos así de la buena vida. De la auténtica vida. La única esperanza

Vuelvo traspasada de verdad y de auténtica existencia, cuando me acaricia la sombra de un milano, espléndido, planeando con el giro maestro de su cola ahorquillada, timón de vuelos generosos.

...


Mi último paseo por Los Carriles libres.

Ahora sé que, probablemente, este éxtasis tan ingenuo como puro me será vedado por quien considera que la vida que late en este campo no vale nada. 


Solo siento llorar y pedir perdón a tantas vidas... Por no saber defenderlas mejor. Por no saber protegerlas de esos depredadores que violan impunemente tanta belleza y tanta vida.


martes, 14 de abril de 2026

DIANA TOCA LA CAMPANA

 


Diana toca la campana

Diana en el corazón

La silla que la alza donde no llega

levanta mucho más que su pequeño cuerpo.

Diana en la diana.

Se gira, complaciendo.

Alimentando la emoción de los que la jalean.

Casi sin entender.

¿Cómo podría entender una niña la batalla que ha desbaratado?

¿Cómo podrá su cuerpo y su memoria pasar por ese espacio que no pertenece a su infancia ni a los deseos inocentes de una niña?

El juego esta vez era muy serio: la pura vida.

Diana, alzada por esa silla naranja, toca con sus deditos la verdad.

Sin saberlo.

Sin poder entender lo grande que es sin su silla y con toda la lucha que lleva dentro.

Diana toca la campana.

Diana toca el corazón.


Cuando la vida se torne injusta y dolorosa, pensaré en Diana

Cuando sienta que nada vale la pena, pensaré en Diana

Cuando quieran arrebatarnos lo público, pensaré en Diana

Cuando olvide lo importante, pensaré en Diana

Porque la enfermedad y el dolor no son justos para nadie, pero mucho menos para una niña de cuatro años.

Porque a veces queremos aullar de impotencia y de rabia, pero Diana tocando la campana nos devuelve la fe en el ser humano, en la ciencia, en la misma vida.

Gracias, vida.

Gracias, Diana.


miércoles, 18 de marzo de 2026

También en sueños

 Salvaba a mis padres de Auchswitz. De una muerte segura, indigna, con gran sufrimiento. Del infierno.

Yo conocía a alguien. Una enfermera. 

Mis padres estaban condenados. 

Yo no. 

    Pero corría el riesgo de verme arrasada en esa locura al intentar sacarlos de allí. 

Había que pagar también. 

Se demoraban.

 Podíamos irnos, pero no nos daban la salida.

     A unos pasos de la vida, pero sin poder darlos. 

Angustia. 

Mis padres esperaban. Esperábamos. 

    La maquinaria revoloteaba a nuestro alrededor. 

        Mucha mujer cruel la engrasaba. 

    Como personajes kafkianos esperábamos no sabíamos qué. Teníamos la certeza de que alguien velaba  por nosotros, tanta como el desprecio con que lo certificaban las guardianas depredadoras.

     Podíamos irnos, comentaban con la incredulidad de quien sabe que no es posible volver del averno.

                 Conocen a una enfermera, dicho con tanto asco como displicencia. 

    Cancerberas del horror, nos sabían ya muertos, irrecuperables. 

Nosotros, pavor. 

    Simplemente pavor. 

        La libertad a unos pasos. 

    El pavor, inundándolo todo. 

    Íbamos a salir pero sabíamos que nadie sale del todo de un sitio así.

     Se te queda adentro el absurdo, la inequidad, la falta de recursos y de reglas.     

    Se te instala el miedo impregnado de una culpa mortifera y de una insignificancia vírica. 

Nadie ha vuelto de la muerte y nosotros lo íbamos a hacer.

Salvaba a mis padres de la injusticia y el sufrimiento. 

    Es lo único que me importaba. Nada, el destino de las demás personas que poblaban el horror.

     Sacarlos de allí. 

    Sacudirnos aquel aire impregnado de injusticia, arbitrariedad y dolor. 

    Huir. 

    Vivir de prestado. Cualquier cosa antes que seguir ahí.

Mehedespertadosudandomiedo,respirandomiedo,conlabocapastosa demiedo.

Cuando las pesadillas son un remedo de la vida que te persigue

lunes, 2 de febrero de 2026

Cómo

 Envejecer es aprender a perder.

Cuánta equivocación... ¿Por qué? ¿Por qué pensar, por qué haber pensado que la vida era respirar?

Dolor, dolor, dolor..."La vida no es lo que te pasa sino como lo encajas" ¿En serio? La vida es dolor y vivir es difícil para la mayoría de las personas. Es una lucha.

Pierdo pie. Me faltas tú. No importa si estás a mi lado. Me faltas tú. He sentido que todo se iba porque no te tengo. No tengo tu cariño. No estoy en ti. NO soy parte de tu mundo. Todo eso es lo que siento. Y no sé vivir con ello.

He perdido mi base. Me levanto con la mirada puesta en el momento de volver a la cama. Dormir. Dejar de sentir.

Me pierdo. No sé quién soy. Sola. Naufraga. Sin mi. Dolor.

Pura erosión. 

¿Cómo volver a la ilusión? ¿Cómo sentir y dar amor?

¿Cómo comunicarme y hacerte llegar todo lo que llevo dentro?

A ti.

A mí

Volver a querer futuro.

¿Cómo?

miércoles, 21 de enero de 2026

A manos llenas.

 Es posible no tenerte.

                    No tenerte a ti misma. 

¿Qué hacer cuando no te tienes?

¿Qué hacer cuando no te sostienes?

Cuánta fragilidad cuando no te quedas ni tú misma.

Y sé que en ese perder pie 

                                        habita que tú no estás.

No sé si me sostendrías. 

Sé que saberte en el mundo sería sostén suficiente 

    para la esperanza.

                    La esperanza de que puedo. 

                   De que el mundo puede. 

                                A pesar de la ignominia.

La ausencia pesa. 

        Engorda con cada fecha clavada en el calendario.

Cada día cuaja un poco más la irrealidad de que no estés                                                     respirando esta vida.

Cada día la medida de lo que no la tiene se descerraja sobre el corazón 

        y el boquete se asombra de sí mismo.


Y todo este vacío lleno de amor. 

                              Lleno de quererte.

Quererte a manos llenas. 

                                Llenas de un vacío lacerante y frío.

La plena intemperie en medio de tanto amor.

Y ahora sí, me doy cuenta de que tener tu recuerdo y tanto amor a manos llenas (de vacío y de frío, pero de amor) es una forma de tenerme.

Me tienes, César. 

Gracias por sostenerme.


Siento que no te puedo querer más. 

Siento que, cada día que pasa sin ti, se diluye la vida un poquito.

La buena vida. La única posible.

Las ganas de ella

Te quiero.

 Te necesito.

 Te agradezco todo lo que compartimos y me diste. 

Soy gracias a ti. 

Gracias.

Por ti.


 

jueves, 1 de enero de 2026

Ángel Luis Page Álvaro

 Dicen que la infancia es el paraíso perdido.

La adolescencia debe de ser, entonces, el sustento donde nos reconstruimos tras su pérdida.

Ayer ese sustento, una esquina, se me deshizo como un azucarillo en un vaso de agua.

No es mi amigo (¿no lo es?). Sin embargo, recuerdo muchos momentos juntos. Muchas charlas. Muchas risas.

Es el hermano de mi AMIGA,  y su casa y su familia son gran parte de mi paisaje emocional adolescente.

Es una persona peculiar; que es lo mismo que decir, especial. De algún modo, con su peculiaridad, creaba mundo. Los hacedores de mundo...

Está dando una batalla muy dura que se siente como una enorme intemperie.

Creo que nos ilusiona envejecer junto a nuestros coetáneos. Verlos bregando con la vida puede que para algunas personas signifique "pon las tuyas a remojar". En mi interior, tiene mucho más que ver con el tejido deshilachado en se que convierte mi corazón.

Mi corazón anda deshilachado. Se va en hebras.

Es difícil zurcir estas ausencias en las ausencias de quienes quieres y en las propias ausencias.

Me quedo sin hilos. Sin aliento. Y el hálito que resta solo quiere calentar esa intemperie y hacer fuerza para que la batalla sea ganada y que lo merezca.

Cómo hacértelo llegar en tan sideral desamparo...