Diana toca la campana
Diana en el corazón
La silla que la alza donde no llega
levanta mucho más que su pequeño cuerpo.
Diana en la diana.
Se gira, complaciendo.
Alimentando la emoción de los que la jalean.
Casi sin entender.
¿Cómo podría entender una niña la batalla que ha desbaratado?
¿Cómo podrá su cuerpo y su memoria pasar por ese espacio que no pertenece a su infancia ni a los deseos inocentes de una niña?
El juego esta vez era muy serio: la pura vida.
Diana, alzada por esa silla naranja, toca con sus deditos la verdad.
Sin saberlo.
Sin poder entender lo grande que es sin su silla y con toda la lucha que lleva dentro.
Diana toca la campana.
Diana toca el corazón.
Cuando la vida se torne injusta y dolorosa, pensaré en Diana
Cuando sienta que nada vale la pena, pensaré en Diana
Cuando quieran arrebatarnos lo público, pensaré en Diana
Cuando olvide lo importante, pensaré en Diana
Porque la enfermedad y el dolor no son justos para nadie, pero mucho menos para una niña de cuatro años.
Porque a veces queremos aullar de impotencia y de rabia, pero Diana tocando la campana nos devuelve la fe en el ser humano, en la ciencia, en la misma vida.
Gracias, vida.
Gracias, Diana.
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