viernes, 24 de julio de 2026

CENIZAS EN LA BOCA

 




Es un título brillante. Pastoso. Se atraganta nada más leerlo.

Me lancé a él como lo que es: una declaración de principios: la odisea de la emigración femenina en este país.

ME saltaron todas las alarmas y se despertaron en mí las cenizas en la boca, en los pulmones y en el corazón. 

¿Se puede ser coherente con una pensión de 900 euros? 

¿Se puede ser justo dentro de un sistema que tritura al débil?

¿Cómo actuar con empatía con las persona que vienen a tu país en condiciones de inferioridad?

¿Quién salva a una persona, salva a la humanidad?

¿Hasta dónde asumir el dolor y la injusticia del otro? 

Recuerdo hace muuuuuchos años, en una de las actividades de la asociación de mi César, una chica, socióloga creo recordar, fue a hablarnos de su experiencia en México con mujeres explotadas laboralmente y sobre el mujericidio que siguen sufriendo. E hizo un comentario, así como a toro pasado: "Nosotras no estamos aquí para solucionar vuestros problemas". Lo dijo con la rotundidad de los principios bien instalados. No cabían las dudas. Ellas estaban allí para otra cosa. Para entender qué pasaba. Para hablar con ellas y trasladar otra perspectiva y quizá otras herramientas, para contarlo, para estudiarlo...pero tenían claro que no era su misión, ni su cometido solucionar el problema. Entre otras cosas y bien pensado , ¡¡¡porque estaba fuera de su alcance!!!


¿Se puede contratar a una persona que no tiene papeles y que viene a este país buscando un mundo mejor para sus hijos aunque no puedes pagarle el salario mínimo? 

¿La persona pobre no puede acceder a según que servicios (atención 24 horas, por ejemplo)?

Si nadie contrata a estas personas porque no tienen cualificación ni papeles, ¿cómo comen?

Si contratas a alguien con el salario que puedes permitirte de mutuo acuerdo ¿te estás aprovechando de esa persona porque  no le puedes pagar lo que te gustaría por falta de recursos?

Si decides no involucrarte más en sus problemas porque no tienes fuerzas para afrontar los tuyos y vivir los de los demás te debilita, de hace sufrir y no ayuda a nadie, ¿eres una mala persona?

¿Cómo no endurecerte cuando haces todo lo que puedes (económicamente) y mucho más de lo que puedes y debes emocionalmente y en todos otros sentidos posibles y te fallan, te calumnian, te abandonan, te defraudan? ¿Cómo volver a confiar y cómo volver a cuidar a otra persona en la misma situación?


Cenizas en la boca te enfrenta a la carrera estancada de la gran mayoría de  mujeres emigrantes y de sus descendientes. En las frases de esta novela bregas con la injusticia, el dolor, el abandono, la hijadumbría, el trabajo sísifo, el racismo... en primera línea. Bregas con la desigualdad de la que formas parte y quizá alimentas. Difícil travesía. Imposible para mí. Abandono ceniciento.




El inicio de la civilización : El primer signo de la civilización humana es un fémur roto y sanado, según la famosa reflexión de la antropóloga Margaret Mead. No se trata de una herramienta de piedra o una vasija, sino de la prueba física de la empatía y el cuidado mutuo en los inicios de la prehistoria





¿Qué decir de una sociedad que abandona a los más débiles?
Parece evidente que retrocedemos en esta civilización. 

La sociedad occidental es una sociedad privilegiada, lo somos. Excepto cuando caes en una situación de vulnerabilidad. Enfermedad. Paro. Dependencia...

Entras al hospital con infección muy grave, o con un tumor como una sandía y por falta de recursos te mandan a casa. Hospitalizada en urgencias, vives una especie de aquelarre impúdico donde los buenos cuidados, la intimidad, la compañía... te están vetados.

Te rompes la cadera. No hay nadie que te atienda en la recuperación. Necesitas una residencia. No tienes dinero para pagarla o sí, da igual (no exactamente, pero más o menos). Te derivan a una y empiezas a entender de qué va la historia. Sufres en primera persona "los cuidados" de una residencia.

Te echan de tu trabajo. Con cincuenta años. Entras en un bucle desesperado de búsqueda incansable y esperanzas abortadas. Si no tienes a alguien que te enchufe, te quedas varado.

Y en todos estos casos estás solo. Te sientes abandonado por la tribu. Nadie espera a que tu fémur se recupere. Pierdes pie. Te sientes fuera. La fuerza centrifuga de esta sociedad te expulsa. Estás fuera.

¿Se puede ser justo, cuando toque, cuando te quedas en el borde del camino mientras tus compañeros continúan?
¿Puedes salvar de ese abandono tu propio sentido de la empatía?
¿Cómo puedes proteger la confianza en el otro cuando te dejan en la cuneta?

Ser una persona íntegra y buena para mí es conseguir superar esas heridas y lograr tratar a los demás con generosidad y empatía cuando te has sentido a los pies de los caballos sin ayuda de nadie y en la cuneta, al margen del avance de los demás.

No lo soy. Me hace sufrir. Lo intento. No puedo. Cuando la confianza se rompe, nunca más se recupera. Y las cenizas de esas rupturas te impiden transitar con el alma limpia otros recorridos. Se instala en tu boca, en tus pulmones, en tu corazón y embadurna los latidos de otros encuentros y otras aproximaciones.

Ayudar todo lo que pueda, siempre.
Intentar hacer la vida fácil a los demás en todo lo que se pueda.

Con el corazón ceniciento y la boca pastosa de llorar cenizas y tragarlas. 


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