Me lanzo a la calle, como a un precipicio.
A revolcarme en el silencio, en la naturaleza, en el otoño
En la constatación de mi deriva, en mi propio dolor.
Agotarme hasta agotar el desencanto y el miedo
Afrontar lo que me desvencija, esperando el milagro
Y agradecer que puedo hacerlo y contar mis pasos y el brusco latido de mi corazón
En medio del camino
Una oveja perdida corre desesperada
Llama sin vergüenza a sus compañeras
Las busca
El miedo no le permite pararse a escuchar
Escuchar los cascabeles que la llevarían a casa
Sola
Perdida
Llena de miedo
Se aleja de su hogar a fuerza de buscarlo desaforada
Intento orientarla
Le hablo
Le hago señas
Me atiende
Solo a medias
De las dos, ella es la más valiente
Pide ayuda
Grita su miedo
No se permite parar
No se da tregua en su búsqueda
La oveja perdida
La fragilidad
La soledad
El miedo
La vida que empuja
Tiene que empujar
...
A la vuelta, a mí sí
Me cobija mi hogar de esa intemperie