Huir. Intentarlo.
¿Adónde?
No hay lugar fuera de ti
Dentro, solo temor y oscuridad
¿Cómo huir de dentro de ti sin poder salir?
Limitada, expoliada de las raíces de tu palpitar
¿Cómo ir? ¿Adónde?
Huir. Intentarlo.
¿Adónde?
No hay lugar fuera de ti
Dentro, solo temor y oscuridad
¿Cómo huir de dentro de ti sin poder salir?
Limitada, expoliada de las raíces de tu palpitar
¿Cómo ir? ¿Adónde?
Con el pudor del corazón desnudo, una mujer y yo nos enjugamos unas lágrimas, libérrimas, entre las palabras de Miguel. No sé si nos sorprenden más las propias que su reflejo en las de la otra.
Se escapan sin pedir permiso. Se rebelan. Y ponen en pie la emoción de la poesía.
Llegamos y estallan las palabras de Miguel por doquier.
Se escapa por mis ojos anegados esa emoción, como si yo no fuera yo.
Conquistada, invadida, estoy donde quería estar sin saberlo.
En su casa.
En la mía, que son sus palabras.
Tristes armas si no son las palabras.
Tristes palabras si no te levantan la piel y muestran la esencia.
Tristes personas si no tiemblan ante el recuerdo de él y el fragor de su poesía. Me llamo barro, aunque Miguel me llame
Hablo y el corazón me sale en el aliento
Llego con tres heridas
En cuclilla ordeño una cabra y un sueño
Alto soy de mirar a las palmeras...
Me sumerjo en su mundo: fotos, testimonios...
En una carambola escalofriante me encuentro el homenaje de Eduardo Galeano. Otro templo de sensibilidad, belleza y justicia con la única arma de la palabra. Y el escalofrío llega cuando en el texto de Galeano habla mi corazón estremecido.
Mis ojos, mis palabras, ya preñados por ellos sin saberlo. Miguel-Galeano-Mi alma
"Gracias por esto. Yo siempre quise estar aquí y estando reconozco este lugar donde estuve sin estar estando: las palabras que me hicieron, el barro que soy"
Siempre quise conocer este rincón. Nunca imaginé lo que encontraría.
Miguel, ¿para qué sirve el temblor de la palabra si soy incapaz de comunicar?
¿Pensarías que es una especie de prostitución, de escapismo, de traición?
¿Cómo acompañar el dolor del doliente?
¿Cómo aliviar su soledad?
Aliviar, acompañar...quizá nada de esto sea posible.
¿Podría serlo intentarlo?
¿Sería al menos una tregua?
Entonces, nada podemos.
Y nada, salvo el refugio en el regazo de una madre para cobijarnos, suplicamos.
"Pisa la tierra como si la besaras con los pies" es una hermosa metáfora atribuida habitualmente al maestro zen Thich Nhat Hanh .
Y eso hacemos. Reverencialmente. Pisamos y besamos esta tierra humilde llena de vida y de belleza: los Carriles de Alcobendas
Crackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrack...
Tristristristristristristristristristristristristristristristristristristristris...
Un sonido seco, rotundo, como un tajo en las entrañas. Y la retama, esplendorosa y digna, desaparece bajo el peso de una máquina que la derriba y la tritura convirtiendo en trizas los años que le ha costado crecer, su contacto con el suelo y el intercambio en el que se sustentaba y el dulce olor que en primavera perfumaba los Carriles acariciando el aire y el respirar en este valle.
Menos de treinta segundos y la retama ya no está.