Hoy cumplirías 90 años.
A mí, que nunca me cuadran las cuentas, no se me olvidan algunas.
Nunca pensé que te echaría de menos. Tanto.
Hace ya cuatro años que no estás.
El único consuelo es que dejaste de sufrir y de vivir una vida que no entendías ni querías.
Siempre lanzo este deseo: ojalá, estés donde estés, puedas comprender lo mucho que intenté que fueras feliz en esa pesadilla de los últimos años. Que estuvieras bien. Sé que te fuiste sin entenderlo, casi odiándome por considerarme la fuente de todas tus penas que fueron muchas.
No morimos hasta que la última persona que nos recuerda lo hace. Y es cierto. Sigues muy presente en mi memoria. Espero que también en la del amor de tu vida que tanto nos unió y que me reconcilió con el padre que no supiste ser.




