miércoles, 16 de febrero de 2022
..ni hablar
martes, 15 de febrero de 2022
Borbotones
Escribo, escribo, hablo, te busco, hablo, escribo...
Se me escapan los acentos, las comas, la puntuación...
La gramática gime, la semántica derrotada busca sinónimos para abarcar tanto, la prosodia se repite a sí misma que no puede con esta cadencia... nada encaja... nada puede con este empellón, ninguna sintaxis puede articularlo.
Se me escapa la pena a borbotones y no hay puntos ni comas, ni acentos ni fonética que abarque este lamento.
Y, sin embargo, es sólo en este reino desnortado donde siento que puedo seguir. A tu lado.
A cuerpo descubierto
Salgo a la calle, a cuerpo descubierto. Imprudente.
Protegida en mi propia pandemia, he vivido dentro de ella, acorazada.
Me estalla el ruido, la normalidad de la gente, los sitios donde podría recordarte, las conversaciones ajenas a mi estruendo interior...
No encuentro momento y lugar de volver. Aquí. A este dolor que necesita volcarse en estas palabras.
Insensata...
Como si la vida se recolocara y fuera inocuo volver a vivir.
Como si fuera posible.
domingo, 13 de febrero de 2022
Tu letra
Llevo mes y medio fuera de casa.
Al llegar me he zambullido en un mar de fotos para encontrarte.
Y te he encontrado.
La única foto que tengo de ti. Odiabas hacerte fotos y no te las hacías.
Después de esa zambullida, he navegado por el estante donde tengo todos tus libros. Abriéndolos ávidamente para encontrarme con tu letra mínima, casi un esbozo. Hay una dedicatoria que, de tan pequeña, es ilegible. Es un pequeño recodo donde, cada vez que no soportaba tu ausencia, me refugiaba a descifrarte. Ahora el refugio se ha convertido en guarida donde me guarezco de este frío que encoge mis entrañas y me acurruco en cada letra que no distingo e imagino que tú me descubrirás la próxima vez que te vea.
Tu letra como tú: humilde, certera, acariciante...un misterio en el que descansar.
Preguntas
Han pasado muchas cosas en poco tiempo.
Enormidades que me sepultan en preguntas. Necesitaría respuestas para poder vivir mejor. Para saber que estoy viviendo mejor y que tanto dolor me enseña algo. Seguro que llegan, de algún modo. De momento sólo son interrogantes.
¿Se puede recuperar el tiempo perdido?
¿Se pueden dar los besos perdidos?
¿Se pueden restañar las heridas involuntarias?
¿Se puede sentir el alma en paz?
No hablo de los que se han ido. Con ellos ya no habrá tiempo ni espacio.
Hablo de lo que están aquí. A mi lado. ¿Podré sentir que les hago llegar mi amor por encima de los desencuentros?
Al parecer, tengo carácter. Y eso no ayuda mucho. Por eso las preguntas. Por eso la necesidad de caminos para hallar respuestas.
Me pregunto si sabrás cuánto te quiero. Cuánto te necesito y cuánto confío en ti.
Creo que ni lo sospechas. Sobre todo lo último. Tu opinión es un faro para mí. Sé que cuándo tengo alguna desazón, tu punto de vista podrá sacarme del barullo en el que me hallo. Así ha sido en una cuestión fundamental estos últimos días. Así es casi siempre que te consulto algo. Y es que sé que cuento con la perspectiva de una persona serena, inteligente, práctica y, sobre todo, buena.
Todas las madres piensan que sus hijos son especiales. Yo lo sé. Sé que eres una buena persona y me parece que es lo más importante en esta vida. Por eso estoy tan orgullosa de ti.
Desde que eras un niño muy pequeño, desde la guardería, me demostraste que lo eras.
Desde que eras un niño me diste lecciones de mesura y de eso que ahora llaman inteligencia emocional.
Desde que eras un niño me enseñaste que las cosas pueden ser más simples de lo que nos empeñamos.
Desde que eras un niño me regalaste ese corazoncito tan especial
(8 años)jueves, 10 de febrero de 2022
Miguitas
El reloj de mi padre se ha parado a las 20:25.
Posiblemente, fue la hora en que lo vi por última vez.
Lo llevo encima desde que él ya no lo necesita.
El reloj, como un corazón portátil, ha dejado de latir en el momento que nos despedimos, sin saberlo.
EL reloj y su carterilla eran sus dos posesiones que reivindicaba incansablemente. Construían su mundo y le daban seguridad.
La carterilla se fue con él.
El reloj me lo quedé yo, pero él ha decidido que su misión había terminado, como si no quisiera acompañar el pulso de nadie que no sea él.
La muerte lo desdibuja todo, hasta la realidad. Frente a eso pareciera que los objetos quisieran jalonarla como miguitas dejadas para el camino de vuelta.
Sólo que aquí no hay vuelta atrás.
Quizá solo sean miguitas para que no nos perdamos en nuestro dolor y rechazo.
miércoles, 9 de febrero de 2022
Adiós, papá
Hola, papá.
Tú y yo nunca hemos hablado. Increíble. Pero así es. Nunca de nada importante. Nunca de verdad. Triste pero real. No tuvimos una gran relación hasta que nació mi hijo y pude recuperar al padre que no fuiste en el abuelo incansable, incombustible que has sido.
He conocido dos amores incondicionales y uno es el tuyo hacia mi hijo. Lo adorabas y has estado en cada minuto importante de su vida, sin perderte nada. Has sido su "manager" y su más ferviente admirador. Mi hijo era razón suficiente para la vida, para la alegría. No necesitabas nada más: estar con él era tu religión.
Y así pude yo recuperarte y reconstruir un cariño que como padre no supiste sostener.
Te has ido de sopetón y ha sido un "manotazo duro, un golpe helado". Tenías una mala vida porque no podías hacer nada por ti mismo y porque tu mente ya no respondía a tus deseos. Pero todavía pasábamos buenos ratos o yo así lo intentaba. Y teníamos nuestro ritual de bromas, frases repetidas, risas y "alegría".
Has vivido años muy duros. Para mí, los peores de mi vida, sin duda. Sin podértelos evitar, intenté con todas mis fuerzas aliviártelos. Creo que te has ido sin comprender hasta qué punto luché por darte una buena vida que tú no supiste prevenir.
He sido feliz estos dos últimos años de mierda y de pandemia. Porque te pude sacar de aquel lugar que me descomponía el cuerpo y el alma y te he podido ver en casa, tranquilo, cuidado, a gusto. Cada noche que me despedía de ti, sentía la tranquilidad de verte en tu cama, entre tus sábanas, como un bebé satisfecho.
Ya nunca más podremos tener esa conversación que siempre me dejaba sonriendo:
- Adiós, Manolín
-¿Te vas?
-No, ¡te vas tú!
-¿Yo?
-Sí, ¡a dormir!
Y nos reíamos...
Voy a echar de menos tu puntuación y tu sola presencia que, a pesar de lo mucho que necesitabas, nunca era exigente ni apremiante.
No sé si tú me echarías de menos porque no me aguantabas. Hasta eso me hacía gracia. Hacía mucho que no recordabas mi nombre. Yo era la jefa y, un poco por eso, me odiabas. Y por alguna cosa más que te has ido sin entender.
Yo me quedo con varias astillas clavadas en el corazón. Algunas son auténticos palos, pero ni tú ni yo somos responsables de ellas.
Te pido perdón por todo lo que haya podido hacer mal, lo que te haya hecho daño y te haya hecho sentir desprotegido. No es hora de echar cuentas. El amor a mi hijo las puso a cero.
Me quedo con el disgusto de no haberte dado la última milhoja por un enfado ridículo, prepotente que expresa mejor que nada el nivel de desgaste e inquietud que tengo.
Y con el dolor de verte sufrir las últimas horas. Tú, que nunca te quejabas, estabas inquieto y mal y no pudiste remontar. Era un malestar profundo que no presagiaba tu muerte y ha caído sobre mi alma cansada como la losa que ya es. Al menos tu destino, en este último momento, ha sido lo menos despiadado posible y te has ido rápido, sin sufrir mucho.
Y el dolor de no tenerte de la mano en el último aliento.
Me hubiera encantado que te fueras como ese bebé al que despedía cada noche, y que te hubieras ido un poquito más tarde. Me hubiera encantado poder regalarte un verano más, al sol, rodeado de personas que te quieren. Pero no ha podido ser.
Nunca pensé que me dejaras un hueco tan grande. Gracias por hacerlo posible, sembrándolo de amor hacía mi hijo.
Adiós, papá