No me canso de mirarla.
Bañada de sol, sintiendo el silencio que ese manto blanco siembra a su alrededor.
No me canso de pasearla.
Centellean sus cristales convirtiendo cada rayo de sol en un diminuto diamante.
No me canso de mirarla.
Bañada de sol, sintiendo el silencio que ese manto blanco siembra a su alrededor.
No me canso de pasearla.
Centellean sus cristales convirtiendo cada rayo de sol en un diminuto diamante.
Hacía muchos años,¿diez?, que me acompañaba.
Persistente. Irreductible. Sin descanso.Traicionera. Ni siquiera por la noche lograba esquivarla.
Durante los últimos cuatro era una mortaja hecha de mi piel y encastrada en mi estómago y pulmones.
Una enorme losa convertida en vida.
Durante los primeros días de este año he descubierto, temerosa, agradecida, incrédula, que era posible.
Ahora sé que se puede vivir sin ella.
Saber que se puede.
Respirar que se puede.
Vivir que se puede.
Lo digo en voz queda pero tan aliviada...
Sé que será un paréntesis y que volverá envuelta en los vaivenes de la vida.
Pero...
¿Y saber que se puede
Respirar que se puede
Vivir que se puede?
Pensé que esa garra nunca me soltaría, que sería parte de mí hasta el final de mis días.
Ahora podré sentirla retorcerme por dentro, ahogarme por dentro, aplastarme por dentro, pero nunca más la convertiré en mi inevitable compañera.
Porque ahora sé que se puede
Respiro que se puede
Vivo que se puede.
Naciste con vocación de bonito. Número redondo.
La coyuntura te ha convertido en una efeméride que nadie podrá olvidar. Ni siquiera los que no te han conocido.
Yo vengo a darte las gracias. Muchas. Variadas
Gracias por el atropello de mi madre y gracias por dejar que siga viviendo.
Gracias por sus roturas de pelvis, tibia, fémur y muñeca y gracias por conservarlos todos.
Gracias por sus estancias en la uvi, sendas transfusiones y gracias por permitir que saliera de allí
Gracias por su operación tres en una, delicada, sin muchas opciones en el caso del fémur y gracias por que fuera un éxito total.
Gracias por los doscientos puntos que le pusieron y gracias porque ninguno se complicó y todos cumplieron su misión.
Gracias por la experiencia de escuchar a mi madre quejarse de dolor, día y noche durante nueve meses y gracias por permitirme seguir escuchándola.
Gracias por romperle la vida a mi madre, a todos nosotros, y gracias por permitirnos que la reconstruyamos .
Gracias por la pandemia que nos dejó desasistidos y gracias por que no llegara antes y por que no nos pillara en medio de las operaciones y el socavón.
Gracias por sacar toda la mierda de las residencias de ancianos que nos salpicaba constantemente a los que sabíamos de ella y gracias por no darme más opción que denunciarla hasta el final.
Gracias por enfrentarnos a una pesadilla que todavía no logramos entender y que se llama seis mil muertos en las residencias de Madrid, y gracias por ponerme entre la espada y la pared y salir todos indemnes de decisiones muy complicadas
Gracias por revolcarme en la mierda de las residencias y muchas, muchas gracias por darme la fuerza para salir de allí y tomar la determinación de no volver a entrar.
Gracias por el miedo y la confusión y la incertidumbre de este virus y gracias por dejarnos salir indemnes de él (de momento) a pesar de todos los pesares.
Gracias por toda la soledad que he sentido y gracias por hacerme más fuerte para superarla
Gracias por darme la oportunidad de desenmascarar a quienes decían ser amigos y gracias por aliviarme el corazón de su decepción.
Gracias por ponerme en el camino a gentuza, pura mierda y gracias por rodearme de maravillosas personas que han llevado luz, ayuda y alegría a nuestras vidas.
Gracias por quitarme casi todo y muchas gracias por hacerme entender que con un libro, música, un ordenador para trabajar y mi perro, soy bastante feliz.
Gracias por poner mi vida patas arriba y muchas gracias por permitirme pasar mucho tiempo con mis padres, mi chico, mi perro.
Gracias por un erte traicionero a mi chico y gracias por su conculcación
Gracias por un cáncer en la familia que no esperábamos y gracias por poderlo solventar con tratamiento.
Gracias por tanta, tanta oscuridad, tanto dolor, tanto miedo y muchas más gracias por ese impulso tan enorme para neutralizarlos con alegría, sorpresas, reuniones...luz.
Gracias por tanto sufrimiento y muchas más gracias por tanto amor dentro de mí.
Gracias por temer cada segundo pasado y gracias por esperar el siguiente y poco más.
Gracias por ser el año más terrible de nuestras vidas y gracias por hacerme capaz de encontrar la belleza, la alegría y las ganas entre tanta oscuridad y perversión.
Gracias por poder despedirte y muchas más gracias por poder entrar en el 2021 sin esperar nada a cambio.
Gracias por tanta perplejidad y duda y gracias por la sabiduría que has sembrado en nosotros para afrontarlas.
Gracias por todo lo perdido y gracias por que no fuera irrecuperable o decisivo.
Gracias por revolcarme en lo más oscuro y gracias por permitirme salir y sentirme más limpia, mejor persona y más fuerte.
Gracias por permitir rodearme de belleza, por encontrarla, por sentirla al máximo y encontrar en ella la vida.
Todo el mundo te detesta y quiere olvidarte. Yo no. Yo quiero tenerte muy presente el resto de mi vida y seguir dándote las gracias en este camino que se ha iniciado contigo y que no termina aquí.
Gracias y gracias.
Cuando el alma y el corazón se han podido encontrar dejando atrás el miedo y la oscuridad, han resplandecido gracias a estos hallazgos.
La pandemia regada de belleza hace prescindible mucho de lo necesario. Peligroso

Lluvia, necesitamos lluvia.
Cuidado con las palabras, dijo Pizarnik. (A lo que yo añadiría, "cuidado con Pizarnik" te puede destrozar de pura verdad).
Y tiene razón.
Algunos no entendemos la vida sin ellas, son las que nos salvan, a veces; pero se quedan tan cortas....y tan largas...
Son y no son.
Liberan y encierran.
Sanan y matan.
Hay que saber elegirlas.
Y pronunciarlas.
Y callarlas
Medirlas.
Dosificarlas.
Derrocharlas cuando están llenas de verdad. Hasta las últimas consecuencias.
Como de un animal doméstico, eres responsable de tus palabras hasta el fin de sus días. Y de los tuyos.
No las adoptes si no vas a saber defenderlas hasta el final.
Porque todas vuelven. Como un bumerán. Y te golpean. Donde más duele. En el hueco de mentira que llenaron frívolamente. Descuidadamente.
"Te quiero": Son estas palabras difíciles de adoptar porque implican mucho. Implican el corazón. Y responder hasta el final de ellas. Sea cual sea el final y su causa.
El corazón nunca está preparado para recibir el bumerán de esas palabras- tan dulces, tan necesarias- vacuo, huérfano, deforme...
Es la única generación con vida que ha pasado hambre: son los niños de la guerra y de la posguerra. Los niños que se comían las patatas con cáscara cuando las había.
Los niños del hambre.
Lo que no podían imaginar es que en los últimos días de su vida lo iban a experimentar de nuevo. Sin la alegría de la niñez que todo lo juega y disfraza. Con la descorazonada impotencia de no entender por qué ahora también tienen que pasar hambre. Con la inerme rabia del estómago vacío que paga dos mil cuatrocientos euros al mes por ello.
Pasan hambre. Se quejan. Pero nadie los escucha y nada cambia.
La calidad no supera la cantidad y ellos salen de salón con hambre. El mismo que pasaron de niños pero ahora huérfanos de esperanza y de sueños.
Está pasando.
Después de seis mil muertos en las residencias, los mayores siguen sufriendo maltrato. Uno más, la comida.
Y nadie los escucha y a sus familiares se les niega la mayor. Está pasando y NADIE HACE NADA.
SEIS MIL murieron y los que quedan ahora siguen muriendo de soledad y de hambre.
Está pasando.
Seguramente en muchas residencias.
Lo que es seguro, porque lo sabemos, es que está pasando en Orpea Alcobendas. Y NADIE HACE NADA.
“Si el corazón pudiera pensar, se detendría” (Fernando Pessoa)