Entro por aquí, de puntillas.
Porque el abismo atemoriza.
Porque la palabra huérfana duele.
Me encuentro con "Lo intento" como si yo no lo hubiera escrito.
Otra vez tú.
Siempre tú.
Entro por aquí, de puntillas.
Porque el abismo atemoriza.
Porque la palabra huérfana duele.
Me encuentro con "Lo intento" como si yo no lo hubiera escrito.
Otra vez tú.
Siempre tú.
Respiración cuadrada. Me incorporo. Funciona esta respiración; un, dos, tres, cuatro...
Respiro. Conscientemente. La voz de Débora acaricia nuestro intento de relajar el cuerpo, la mente... Nos acompaña en ese viaje a nosotras mismas. Nos damos unos minutos para encontrarnos con nosotras y cuidarnos. El grupo nos cuida, nos protege. Uno, dos, tres, cuatro...
Ahora, estás en una burbuja. Imagínatela como más tranquilidad y protección te dé. MI burbuja tiene una luz cálida y me mece dulcemente. Me recuesto para descansar en ella y apareces tú. Con tus brazos abiertos y tu sonrisa incondicional. Me sorprende tu presencia porque no ha sido algo premeditado. Y sin embargo no podría ser de otro modo si tengo que verme en un espacio, cálido, seguro, de gran paz y serenidad. Sólo contigo podría existir ese espacio y ahí estás tú. Estamos los dos. Así. Simplemente. Estando. Con tus brazos de acogida y sonriendo. En paz contigo mismo. En paz con la vida.
Soy terrible para las visualizaciones, para arrancarme de esta tierra y sus pulsos. Sin embargo, no puedo separarme de esa imagen. No nos tocamos. Simplemente estamos. No me atrevo a moverme como si cualquier pequeño cambio pudiera tener el maleficio de explotar la hermosa burbuja y hacerte desaparecer.
Estás conmigo. No necesito nada más para estar serena, protegida, en paz. Estás conmigo
Cada día paseo al sol. Es parte de mi cuidado. Paseo, respiro, tomo el sol.
Cada día una mariposa me acompaña un trayecto. Una o dos.
Cada día me emociona encontrármela.
Eres tú. ME digo que eres tú, aleteando a mi alrededor. Negándote a dejarme sola.
Sé que no es así.
Siento que por qué no.
Que siempre hay una mariposa conmigo,
no importa donde pasee, en qué campo.
Creo en lo que no tengo fe del mismo modo que vivo lo que no puedo asumir.
Quiero sentirlo así porque no entiendo la vida sin ti.
Pero lo que no soporto es tú sin la vida.
Tú sin poder disfrutar del sol en la cara
La brisa, el mar, la naturaleza, tus libros, tus paseos, tus ideas...sin ti.
Tú sin la vida y cae el telón.
Por eso mi mariposa. Por eso la fe sin creer.
Nada tiene sentido. Tampoco esto.
Pero la mariposa está ahí.
Las botellas están en la despensa,
la ropa en el armario,
las horas en los días,
los coches circulando por las calles
con un sentido regular del tráfico
más precisos que nunca, los recuerdos,
cada uno a su año y su ciudad,
las tierras y los mares son los mapas, l
a bandera en la selva, la luna en los poemas,
sus ideas, las dudas,las pasiones
hechas a resistir consigo mismas,
por géneros de libros,
los números por orden alfabético
en las agendas del teléfono,
las letras con cifras en los ordenadores,
las dos almohadas en la cama,
las zapatillas simulando espera
con su tranquilidad de buen rebaño...
Que todo esté en su sitio
es el mayor desorden que pueda imaginarse.
Historia de un desorden
poema del libro "Un año y tres meses"
de Luis García Montero
Los cuidados como tierra de nadie en la que naufragar después del ciclón.
Son hermosos los cuidados.
Menos, saber que te vas; sin diagnóstico al que aferrarte.
No pudimos regarte con cuidados.
Tampoco te minó saberte sin retorno.
Alguien puede poner en pie con sus palabras
lo que a otros no nos cabe en el corazón.
"El muerto en pie" ayudando a levantarnos.
Reír a carcajadas.
Sembrar la vista de gozo sin los ojos velados.
Bailar , entregada a la música sin condiciones,ni tiempo, ni espacio.
El sol, entibiando los poros de la piel.
La brisa, acariciándolos.
El pensamiento, tomando asiento dispuesto solo a dejarse llevar por las emociones, los descubrimientos, la belleza.
Abandonarme sin sentir el peso de seguir adelante.
Aquí y ahora. Respirar, ser, disfrutar.
Todo lo que no parecía posible, como en un sortilegio, fue.
Todo lo que parecía quebrado, irrecuperable, surgió de la pura necesidad de "vivir".
Porque quien "ha vivido" alguna vez, conserva la huella de ese impulso, aunque no lo sepa.
Volver a vivir solo es posible si cada momento se convierte en una ofrenda.
"Darías la bienvenida a este sol acariciador"
"Sabrías regocijarte con este espectacular recorrido lleno de naturaleza e historia"
"Abominarías de tanta magnificiencia porque fue engarzada con el sufrimiento de los de abajo"
"Buscarías otros lugares menos glamurosos, cepa del sudor sobre el que cabalgaba el imperio"
"No perderías tu tiempo en templos que sí serían tan sustanciales para tu madre como para mí"
"Me encantaría dejarme coger de tu mano y simplemente, estar así, ahora, aquí"
"Sonreirías antes mis ojos empañados de noche por una Budapest iluminada, hermosísima"
"Gozarías rodeado de la alegría de los girasoles, deslumbrado por el destello de los humildes rastrojos rubios"
"Sentirías el peso del pasado y de la naturaleza paseando por una Hoz milenaria y llena de vida y de matices"
Y no sé cómo hacer de ese condicional un presente imperfecto .
Intento esquivarlo respirando profundo y haciendo de cada segundo "vivible" una ofrenda a tu recuerdo.
Una ofrenda llena de presente tanto como mi corazón lo está de ti.
Una ofrenda profunda y vacua como el dolor de no volverte a tener.
La única foto que tengo de ti. Eres tú.
Casi todo lo que significas.
Casi todo lo que amabas.
Casi todo lo que querías ser.
Te miro, te acaricio. Entro en barrena.
Casi todo ya no existe.
Todo me habla de ti y ya no estás.
Algo pastoso quiere ser aire.
Barro terroso trago en mi saliva.
Las entrañas me arañan como una rebelión.
No lo acepto. No quiero. No se lo permito. Como si pudiera...
Dónde poner casi todo lo que ya nunca podrá ser.
Te miro. Te acaricio. Cómo te echo de menos.
De repente me asaltan unas pastillas. Donde menos me lo espero. Tuyas.
Ahora es un laxante, en el fondo de una bolsa. Tuyo.
Fuiste tú quien marco el ritmo de tu condena y, sin embargo, a mí me pesa como si arrastrara la culpa de ser yo la que te anclara a esas cadenas.
La brisa suave de los dos últimos años vividos en casa, tranquilo, de vuelta a tu vida, lejos de tu condena, me permite sonreír ante el recuerdo de tu muerte. Esa que se me abalanza con tus pastillas, tu laxante, esa foto...mi corazón.