miércoles, 11 de junio de 2014

Un pardo terciopelo

La tierra lleva muchos días sin recibir el repiqueteo de las gotas de lluvia como un mensaje cifrado. Hace muchos días que no se empapa de frescor y descanso. Aparece ya reseca, como herida. Necesitada de la caricia dulce del agua que la esponje y la alivie.

Sin embargo el mar del campo está todavía hermoso. Algunas espigas rubias como el oro se niegan a marchitarse.

Y otras, oscurecidas ya, mantienen su brío y manchan el paisaje con retazos de terciopelo marrón y pardo que visten el campo de oropeles suaves recortados por el blanco balanceo de esas espigas orgullosas y el azul exultante de un cielo que parece bajar a saludarnos y a llenarnos la esperanza de color.

Pasear por el campo ya seco nos permite todavía disfrutar de un mar de terciopelo castaño y dorado que se mece al compás del arrullo del viento.

domingo, 8 de junio de 2014

37 latidos por minuto

me han derivado a la consulta del cardiólogo. Al parecer son pocos. Se diría que a mi motor le falta ritmo, fuerza. Qué contraste con la vida que llevo y mi mundo interior que va demasiado acelerado y no puede parar.
Parecería que mi corazón no tiene demasiadas razones para latir. O es tan fuerte que no lo necesita. 
Si no es patológico, será  un seguro de vida, me han dicho. Vamos a ver.


En cualquier caso, cuando mi cuerpo enferma no tengo esa sensación de traición que explica Rosa Montero en su último libro. Al revés, me alío con él para luchar contra el agresor que siempre provoca un enemigo exterior. Yo soy mi cuerpo. Por eso me siento mal conmigo misma si mi cuerpo me incomoda.

Solo tenemos a nuestro cuerpo. Es lo único que tenemos. Es nuestro vehículo, nuestro templo. Y me parece un milagro diario que funcione, que todo marche como debe, que me permita todo lo que hago. 
Nos parece tan natural como respirar, pero cualquiera de las funciones de nuestro cuerpo es un milagro cada segundo. 



viernes, 6 de junio de 2014

Madrid, solo

Casa vacas.Una improvisada parada en un paseo por un Retiro sosegado y fresco. Unas fotos de Madrid me desvían de mi camino. Creo que, sin darme cuenta, amo mi ciudad. Sus calles, sus cielos, sus rincones y sorpresas. Por eso la exposición me atrae sin poderlo evitar.



Fotos en blanco y negro de Madrid. Las miro y algo me perturba. Hay algo que no entiendo, que  me incomoda. No sé qué es. Busco dentro de las fotos. Me hago preguntas: "¿Son fotos antiguas?" "¿Están manipuladas"? ¿Por qué no me identifican con mi ciudad?" Sigo buscando y ¡por fin lo descubro! "Guauuuu, pero ¿cómo es posible? ¿Cómo lo ha logrado?" No puedo evitar preguntar a la única persona que está en la sala, que resulta ser el autor. Me dice que son fotos actuales, analógicas y sin ningún retoque ni manipulación. Ante mi asombro me explica cómo lo ha hecho sin que mi curiosidad satisfecha salga de su estupor.

Finalmente recorro y termino la exposición con una cierta sensación de extrañamiento. Hay algo frío, distante, en esas fotos que me impide disfrutarlas del todo,  que distorsiona su belleza y  me produce una sensación muy agridulce. Como el agua que escapa entre las manos cuando estás muy sediento: la tienes pero no la puedes retener ni saciar tu sed, y el frescor que corre entre tus dedos te impulsa a desearla más.

La exposición tiene un nombre poco acertado, en mi opinión,
http://www.luisvioque.com/madrid-panoramico.html#madridpanormico
y yo la hubiera llamado como  mi entrada:                              Madrid, solo.            Este otro título la definiría en dos palabras  que expresan  todo lo que encierra. 


Con "mi" título y gracias a lo que las fotos provocaron en mí, he descubierto que Madrid es su gente, su látido; y que es por eso que es hermosa y diferente. He descubierto por qué me siento parte de la foto cuando la recorro y nunca me siento sola en mi ciudad.

domingo, 1 de junio de 2014

El hacedor de sombras

Hoy ha terminado una exposición sobre Darío Regoyos en el Museo Thyssen. Maravillosa. Aquí hay un vídeo que nos lo explica


Es difícil encontrar un cuadro de Darío Regoyos en en que no haya sombras. Unas sombras perfectas, llenas de color y en el sitio oportuno. Son sombras que pueden pasar desapercibidas pero sin las que el cuadro perdería todo su sentido. Unas sombras bien construidas que le dan al cuadro toda su  potencia y su luz.





Este artista dibuja la noche como pocos y traslada los efectos de luz a unos mundos bellos y emocionantes.


Me resulta imposible explicar la sensación que produce este cuadro, cuyas reproducciones siempre nos parecerán burdas 
Visto al natural, si te acercas a las líneas que componen el rastro de esa ola, sientes el prodigio de algo mágico cuando te separas y las recuperas en la distancia. Imposible describir esa ola que justo caracolea con el brillo de la luna cabalgando sobre su espuma. Un simple machurrón de pintura, certero, pastoso, indefinido, convertido en el portento de una ola
que casi puedes escuchar al fondo de esa distancia que has puesto entre el cuadro y tú para poder saborearla. Magia, una magia simple y majestuosa.

Me encanta este pintor por sus atmósferas naifs que me trasladan a un mundo sencillo, de sosiego.







Y me encanta porque en muchos de sus cuadros usa toda la gama de los morados, violetas, lilas que tanto me inspiran.



                 
                          





Había pequeñas joyas que reproducen rincones de Madrid y otras ciudades de aquella época.
Calle Alcalá

                                    


Segovia Y también muchas imágenes de tinte costumbrista


Me encanta cómo refleja la nieve y los reflejos de agua.

















Os dejo con esta maravilla como despedida



Y con estos dos vídeo por si queréis saber algo más y disfrutar de casi toda su obra


Un licor de guindas

Supongo que una escucha como un grito aquello que quiere escuchar, que necesita escuchar. Aquello que le palpita en el corazón como un redoble inquisitivo. Supongo que una busca esas voces que hablan de lo que llevas dentro con denuedo y cierta desazón. Y acabas escuchándolas.

Ayer vi una obra de teatro. En una hermosa sala alternativa. Hermosa por el calor humano que se sentía: gente que va a la fiesta del encuentro, gente con hambre de emociones y caricias.
 El teatro se llama:  Teatro Guindalera.
Lo lleva una familia que todo lo hace, que hace de ese espacio la prolongación del salón de su casa.

La obra  La bella de Amherst (Emily Dickinson), una adaptación.                                                
Es una obra sobre Emily Dickinson, una escritora peculiar a quien tenía muchas ganas de acercarme porque es la favorita de un amigo mío (gracias César). 

Una única actriz (impresionante) encima de un escenario con una puesta en escena simple pero muy efectiva. 
Logré estar en la casa de Amherst (Massachusetts) donde Emily decidió "encerrarse" y descubrir la plenitud de vivir en "soledad". Una cama, un sofá, una mesa, unas sillas, un candil, hojas, libros, una pluma... hierba como suelo, un árbol, un baúl y unas sillas colgando..
Es decir, la casa con los  muebles que acompañaban a Emily, la naturaleza que era la felicidad y el paraiso para ella, la escritura y la lectura que la hacían sentirse completa, la imaginación y otros mundos a los que ella viajaba sin moverse de esa pieza.

Se trata de un monólogo muy bien estructurado en el que a través de juegos de luces y  música, Emily habla con  el público y con sus seres queridos y nos lleva de la mano a un paseo por su vida, sus emociones, sus deseos, sus dolores... Un paseo vital, dinámico, lleno de fuerza y de ganas de vivir. 


Un paseo en el que salieron a mi encuentro esas voces que pueblan mi interior últimamente, que se preguntan y me pregutan y buscan respuestas o compañía. Y ayer las encontraron. Ambas cosas.

Las encontraron en frases:
"Las palabras son mi vida"
"Mi asunto es cantar" y no importa si alguien me escucha.
"Aprovecha la ternura de tus padres" porque verás que este mundo es mucho más triste y desolado cuando ya no están.
"No me imagino mi muerte" (toda una alusión a la muerte en general)
"No hay mayor arte que el de la naturaleza"

Y  en sus reflexiones sobre la magia de las palabras, el extasis de escribir, la plenitud de la naturaleza, la soledad, la poesía, la alegría, el amor, la esperanza, el arte de vivir, la infancia...

Y en sus poesías que, como siempre, me fecundan mucho más cuando me las leen. Con imágenes tan fuertes como:
"Vigas de raso"

"Sólo sabemos toda nuestra altura
si alguien le dice a nuestro sér: ¡Levanta!
Y entonces, fiel consigo, se agiganta
hasta llegar al cielo su estatura"




No soy capaz de determinar exactamente por qué me pareció excepcional la obra de ayer. Me pregunto si el texto está tan bien entramado que engancha y no te suelta. O, quizá, es la puesta en escena con su simplicidad cargada de verdad lo que te embarca fácilmente en esa aventura. O tal vez, la propia fuerza de los poemas de Emily. No sé...

Lo que sé y lo SÉ con mayúsculas es que la actriz que da vida a Emily me atravesó el alma a pura traición. Me gustó su voz, su modulación, el dominio del gesto y de los registros.
Cómo dominaba el texto y lo hacía suyo y muy nuestro. Cómo logró instalarme desde el primer momento en esa sala y en aquel tiempo y lugar. Me gustó su pelo, su vestido, su forma de moverse y de sentir. Quise saberlo todo de ella, de Emily. 
Pero lo que no me esperaba - y de ahí " la traición"- era verme llorar con ella  en un segundo. El volcán de sus recuerdos vital, vivo, cargados de humor, se quebró en varios momentos ante la llegada de instantes no tan dulces. Sin transición ni melodramas, Emily/María Pastor se emociona profundamente, sin dramatismos, con honestidad y dolor. Y yo, con ella, me perdí, sobrecogida, en esa misma emoción. En particular, en un momento que habla de su hermano a quien adora y de cómo éste se casó con Sue, su mejor amiga. ¿O algo más? Porque ella se rompe al mirar hacia la casa donde viven y recordar cómo la quería y cómo la "perdió". En un segundo. Un segundo cargado de emoción en la voz, en los ojos (esos ojos), en el semblante, en el temblor de todo su cuerpo. Y en ese mismo segundo, que no esperas, me encontré atravesada por esa turbación y con lágrimas  urgentes acompañando a esa Emily dolida e intensa.

Con nada disfruto  más en los últimos años que con una persona defendiendo un texto encima de un escenario. Un escenario lleno de palabras que me hablan. Una fiesta del ritual de la comunicación y las emociones. Y ayer fue una fiesta impresionante. Y de lo que no tengo ninguna duda es que en gran medida lo fue gracias a María Pastor. Así que por eso, y siendo algo redundante, GRACIAS, MARÍA PASTOR.


Salí de la sala con el alma caliente y llena. Nos despidieron con una copita de licor de guindas, que me endulzó y calentó también el cuerpo. Estuve hablando con la señora de la entrada, le dije que le diera la enhorabuena y las gracias a la actriz, que había estado soberbia. "Es mi hija y el director mi marido", me dijo, orgullosa. "Pues enhorabuena, también. Han hecho un trabajo maravilloso".                                                                         
Como si no quisiéramos despedirnos de ese dulzor, la gente se quedaba en la entrada.                                                                          De pronto, más aplausos. María, que había salido a saludar a unos amigos y a tomarse una copita también,  se encontró con un público que le daba las gracias y la felicitaba y le hablaba de la maravilla que había hecho en esa hora y media intensa y sin interrupción. Ella, emocionada, nos daba las gracias a nosotros y nos pedía que los apoyáramos y siguiéramos dándoles ese calor que ahora recibía emocionada.


Por eso escribo esta entrada, por eso y porque no es frecuente sentir que la vida puede ser un festín.

Me quedé con hambre de más. Por eso ahora quedaré con Emily para escuchar esas palabras que busco y que me persiguen. Porque en su voz serán más hermosas y definitivas. 

Poema 739

Muchas veces pensé que la paz había llegado
cuando la paz estaba muy lejos-
como los náufragos- creen que ven la tierra-
en el centro del mar-

y luchan más débilmente -sólo para probar
tan deshauciadamente como yo-
cuántas ficticias costas-
antes del puerto hay-

Versión de Silvina Ocampo


sábado, 31 de mayo de 2014

La ridícula idea de no volver a verte.

Hola Rosa
Te escribo porque siempre que alguien me habla o me escribe, le respondo. Una costumbre que tengo. Y tú has estado unos cuantos días hablándome, haciéndome compañía, llegándome al corazón. Así que te escribo para responderte porque siempre lo hago, pero  sobre todo porque leerte me ha generado tantas emociones, tantas reflexiones que necesito compartir contigo, que no puedo evitar molestarte y presentarme así, como si nos conociéramos de toda la vida. Ya ves, "otra ridícula idea".Supongo que la "comunión" del dolor, tiene esas cosas.

Nadie me ha hablado  de la depresión, excepto tú, con las palabras exactas que yo he utilizado las pocas veces que me he atrevido a intentar expresarla. Y eso, no sé si estarás de acuerdo, establece vínculos tan inefables como la propia experiencia.

Así supe lo que era el dolor síquico que es devastador por inefable.Porque la característica esencial de lo que llamamos locura es la soledad, pero una soledad monumental.Una soledad tan grande que no cabe dentro de la palabra soledad y que uno no puede llegar ni a imaginar si no ha estado ahí. Es sentir que te has desconectado del mundo, que no te van a poder entender, que no tienes palabras para expresarte. Es como hablar un lenguaje que nadie más conoce.ES SER UN ASTRONAUTA FLOTANDO A LA DERIVA  EN LA VASTEDAD NEGRA Y VACÍA DEL ESPACIO EXTERIOR.  (Pg 24) ( pero viendo al alcance tu mano el espacio interior, inalcanzable ya, del que antes eras parte felizmente y del que has sido arrojada inexplicablemente y de manera que tú sientes desesperantemente definitiva.-añadiría yo)

Esa es la metáfora que he utilizado yo al intentar acercarme a ponerle nombre a aquel dolor inimaginable que me rompió hace muchos años y después del cual nunca más volví a ser la misma. No sé si puedo decir "después del cual" porque creo que sigue dentro de mí, domesticado y silente. Y por eso me da pánico mencionarlo o traerlo a la memoria. Por si despierta despiadado y certero. Por eso no pude atajar las lágrimas durante el viaje en tren en el que estrené tu libro. En ese instante supe que, en algún momento, estaría escribiendo estas líneas, hablando contigo.

Las primeras páginas me pusieron la carne de gallina en un recorrido recurrente. Ufff el título del primer capítulo
El arte de fingir dolor

Ufff la muerte..: ¿¡Pero no era un libro sobre Madame Curie?!

Tu libro me llegó la semana pasada como un auténtico doble regalo. Un regalo para mi vida y un regalo literalmente: mi amiga Marina- admiradora tuya incondicional- me lo acababa de regalar con  cuatro meses de retraso. Estaba disgustada por haber tardado tanto en dármelo. Ella no sabía que algunas cosas son como deben ser por razones profundas y sabías. ¿#Casualidades, Rosa?
¿Más #casualidades? 
Si tu libro me hubiera llegado el día de mi cumpleaños, el 1 de febrero, no habría tenido el mismo significado, ni hubiera resultado tan deslumbrante, ni tan conmovedor, ni tan terapeútico, como lo ha sido.
No te voy a contar por qué este momento es tan especial para mí porque entonces esto sería otro libro. Pero es así. Digamos que estoy en un momento triste de mi vida, lleno de inseguridad y miedo al futuro y que la muerte ha entrado en ella  y ha supuesto una experiencia perturbadora (claro). Y que me estoy preparando (¿es posible?) para otras muertes que sé que me esperan  a la vuelta de la esquina como pura ley de vida. Quiero que la muerte sea parte de la vida (una frase bien bella también recogida en tu libro), asumirla. Y tú, te haces tantas preguntas, tantas reflexiones que en lo últimos tiempos presiden mi vida,  están tan dentro de mí... que no sé por qué tengo la necesidad de compartir contigo las mías.No sé por qué siento que, de algún modo, esperas respuestas en ese vocativo que tan poderosamente me ha señalado en la lectura de tu libro (Otra "ridícula" idea)

Quería también escribirte, Rosa, porque supongo que ha sido difícil escribir este libro, aunque quiero pensar que te sentías más llena de Pablo en cada línea (si es posible cuantificar ese sentimiento). Como cuando estás enamorada en esa primera etapa (en la que te descubrió la higuera.Por cierto, más # casualidades: la higuera, su olor, su presencia es un puntal en mi paisaje emocional. Posiblemente el más fuerte) en la que necesitas nombrarle para que te recorra la emoción de amarle y llenarte de él, pues así quiero pensar que lo has sentido al escribir este libro. Así y con un dolor incisivo al tener que admitir "la ridícula idea de no volver a verle". Por eso quería también escribirte, para decirte que compartir con nosotros ese dolor y ese amor y parte de esa intimidad  ha sido tan hermoso, tan limpio y tan sanador para mí que no sé cómo darte las gracias  y cómo explicarte que tu intimidad, tu mundo con él, está preservado y enaltecido en este crisol que has construído de sinceridad y emociones. Tu dolor ha acariciado otros dolores y la suma de todos ellos no produce más dolor. Paradójicamente nos ayuda a reconciliarnos con él y con la muerte. Bueno, al menos a mí.


Te preguntas qué  sentirá una persona cuando se está muriendo... yo también me lo pregunto y me digo que es de esas experiencias que por mucho que se describan es imposible imaginar y que cada quien vivirá de modo diferente. Hay una adagio que no sé si es la frase de alguien, que dice que una persona muere como ha vivido. Y me da miedo, Rosa. Porque yo no sé vivir, creo. Quizá por ese vacío en el que me precipité -y  que tan bien describes- que todo lo trastocó, quizá por cobardía...pero no sé vivir y temo tener una muerte tan oscura como la depresión que no supe entender y que al contrario que tú, no me alegro de haber experimentado.

Yo también escribo. Una de las razones por las que mi amiga se acordaba de mí cuando te leía y sabía que tu libro debía llegar a mis manos es porque, dice, escribo de una forma similar a la tuya (¡vaya piropo!Mi amiga me quiere mucho). Así es como veo yo la muerte, 
Rosa,  un desvalimiento total.
Así es como la expresaba días antes de leerte: La muerte 

No sé si has visto la película DESPEDIDAS Te la recomiendo. En este enlace está la entrad de mi blog que habla de ella DESPEDIDAS

Quiero por último compartir contigo un dolor menor que me acompaña desde hace ya demasiado tiempo. Quiero compartirlo contigo porque tal vez me entiendas ya que para ti, supongo, la palabra es ese mundo en el que descansar y sentir y respirar. Para mí lo es. Si embargo siento que últimamente no me ayuda a conectar con los demás. Siento que no nos escuchamos y cuando lo hacen no sienten ninguna necesidad de acompañar a mis palabras. Las dejan ahí, solas, huérfanas. L palabra inútil. Parida con esfuerzo y mucho amor y abandonada. Por eso me siento sola y triste y no cuento con más armas para este combate. Estoy desarmada. En todos los sentidos.



Creo que podría seguir escribiéndote, hablando contigo, durante días. Tal es el cúmulo de emociones y pensamientos que se han sentido acompañados por los tuyos. Y posiblemente lo haré en mi blog. Seguiré digiriendo todo ello, cada una de esas ideas en mi blog del que te he adjuntado dos entradas y en el que estás invitada a pasearte si así lo consideras, claro.
 Entiendo que si tuvieras que leer todo lo que te llega de tus seguidores no harías otra cosa y este email ya es demasiado largo como para terminar de leerlo. SI así es te lo agradezco muchísimo: será otro regalo que me haces. 

Rosa, muchas gracias y enhorabuena por tu generosidad y valentía.
Un beso
Esther
PD: Me pregunto qué sentiría y pensaría Madame Curie al ver publicado su diario de luto. ¿Tú no?












 Y el colofón a este maravilloso encuentro en la Feria del libro de Madrid








domingo, 25 de mayo de 2014

El viento ha traído mares a mi casa

Salgo acariciada por el sol que me estalla en ráfagas encabrilladas. El viento cabalga en un campo pardo que se estremece en olas pausadas y cálidas. Un mar de secano silencioso, moteado de  la espuma blanca de unas espigas ya doradas que se comban seguras e incansables.


 Cierro los ojos para aplacar su ansia. Empachados de belleza, no se dejan posar y bailan por  retazos de azul limpio que miles de nubes juguetonas tejen en el cielo.    
Otro mar celestial que me apabulla y embruja. Nubes que se persiguen en un juego imposible de blancos y grises.

Al fondo la montaña recién nevada se recorta  en un guiño intenso de colores imposibles, tan entrado ya mayo.

Bajo de nuevo la mirada hacia una tierra jaspeada de amarillos. Me fascina como un mago el vaivén cautivador de unos arbustos altos, cuajados de hojas amarillas y plateadas que destellan incesantes. Es la retama con un dolor dulce y desprendido que te recibe antes de llegar, impregnando todo el campo

Pero quiero bañarme de nuevo en ese océano de hierbas verdes, pardas, altas; acunadas por el viento en un sinuoso baile que me envuelve y me sosiega como una caricia . 


 Mis ojos se alojan en esa danza dúctil y sedosa que impregna mi ánimo de roces tiernos, susurrados por esa brisa que, hoy, ha traído mares silenciosos a mi casa.