Con el pudor del corazón desnudo, una mujer y yo nos enjugamos unas lágrimas, libérrimas, entre las palabras de Miguel. No sé si nos sorprenden más las propias que su reflejo en las de la otra.
Se escapan sin pedir permiso. Se rebelan. Y ponen en pie la emoción de la poesía.
Llegamos y estallan las palabras de Miguel por doquier.
Un abrazo de verdad, de tristeza y de emoción me sostiene.
Se escapa por mis ojos anegados esa emoción, como si yo no fuera yo.
Conquistada, invadida, estoy donde quería estar sin saberlo.
En su casa.
Que también son las palabras.
En la mía, que son sus palabras.
Tristes armas si no son las palabras.
Tristes palabras si no te levantan la piel y muestran la esencia.
Tristes personas si no tiemblan ante el recuerdo de él y el fragor de su poesía. Me llamo barro, aunque Miguel me llame
Hablo y el corazón me sale en el aliento
Llego con tres heridas
En cuclilla ordeño una cabra y un sueño
Alto soy de mirar a las palmeras...
Me sumerjo en su mundo: fotos, testimonios...
En una carambola escalofriante me encuentro el homenaje de Eduardo Galeano. Otro templo de sensibilidad, belleza y justicia con la única arma de la palabra. Y el escalofrío llega cuando en el texto de Galeano habla mi corazón estremecido.
Mis ojos, mis palabras, ya preñados por ellos sin saberlo. Miguel-Galeano-Mi alma
"Gracias por esto. Yo siempre quise estar aquí y estando reconozco este lugar donde estuve sin estar estando: las palabras que me hicieron, el barro que soy"
Siempre quise conocer este rincón. Nunca imaginé lo que encontraría.
Miguel, ¿para qué sirve el temblor de la palabra si soy incapaz de comunicar?
¿Pensarías que es una especie de prostitución, de escapismo, de traición?
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