miércoles, 30 de diciembre de 2015

"El cielo es azul y el mar es azul"

"El cielo es azul y el mar es azul".
Parece poesía y lo es. Si no fuera una frase inmensa como el cielo y el mar que  separa el mundo de la pequeña que la repite, de todos los que la rodean. 

Y en esa fractura no sabemos si es feliz, si siente todo el amor que se le entrega y ella no sabe devolver. No sabemos qué pasa en ese mundo suyo al que nadie tiene acceso y del que pocas veces puede salir.

El dolor que yo siento es el de su tía. Ella que es todo amor y entrega, se lo da a manos llenas y la acoge feliz, ahora que la dejan, y la complace y la acompaña como puede en ese otro mundo que no entiende y al que no puede acceder. 

La pequeña sonríe y el cielo y el mar son mucho más azules y tan profundos como la ternura y el amor de su tía al verla sonreír.

El destino a veces se tuerce y separa mundos y lo simple se complica y se convierte en un campo de batalla lleno de afecto y de infinita paciencia. Y la brecha se perfuma, se cubre de seda para que todo sea más hermoso, menos fatigoso a base de amor y de entrega y de perseverancia.

El destino torcido arremete y sólo queda acompañarlo y llenarlo de amor. Como esta tía con su sobrina.

Por eso es más lacerante ver como los adultos  nos empeñamos en crear brechas que nos separan y aíslan, incluso de los que más queremos. Sin entender por qué. Sin dar opción a crear puentes o restaurarlos. 

Y como dioses ciegos y despiadados nos empeñamos en torcer destinos hermosos y justos. 




                                                        Para mi amiga, mi hermana.

martes, 29 de diciembre de 2015

Tatuado en mi corazón

Mi hijo va a hacerse un tatuaje. Hoy.

Casi sería anormal que no se lo hiciera. Eso parece.
A mí no me gusta la idea. Si no tuviera dieciocho años, no le daría el permiso necesario. No me gustan las cosas que son para siempre por naturaleza, las que no tienen retorno. Por eso no entiendo los tatuajes, independientemente de su acierto estético. No me gustarían en una pared, mucho menos en el cuerpo.

Recuerdo que Rosa Montero los interpretaba (interpreta el suyo, al menos) como un desafío a su propio cuerpo. Una imposición, la única que puede hacerle. Frente a tantas que se nos imponen desde él (hablaba ella de la enfermedad, la devastación física).
Para mí el cuerpo es otra cosa. Es sagrado. Y la enfermedad, algo que lo ataca, que lo corrompe desde fuera. Nunca quisiera marcarlo o doblegarlo.

Un tatuaje también me parece un ataque. Sobre todo por lo que tiene de irreversible (ya sé que ahora hay métodos para eliminarlos, pero qué métodos!)

El tatuaje de mi hijo será bonito y tiene una explicación.
Es una estrella hecha de corcheas. Y él lo me lo explicó de manera hermosa: "Llevo desde los cuatro años acompañado por la música, mamá. ¿qué es lo que no entiendes?" .
La estrella es la que yo espero que le acompañe toda su vida y hasta ahora ha sido así,un poco. Así que , y como no tengo más opción, sea.

Y haciéndome yo misma esa pregunta, por qué no entiendo ni acepto esa idea ( no la de las corcheas, la del tatuaje), me he dado cuenta de algunas cosas.

El tatuaje duele y marca y esas son dos experiencias que quisiera evitar a mi hijo en la vida. Son dos experiencias contra las que he luchado desde que nació para apartarlas de su lado, para que no fueran parte de su día a día.
 Ahora él se lanza a ellas, las elige. Como una forma de expresión y de identificación. Personal y de clan. 
Ese tatuaje me está diciendo muchas más cosas que el simple amor de mi hijo a la música. Me está explicando que mi hijo quiere enfrentarse al dolor por lo que le gusta, que quiere elegir, y elige posiblemente equivocarse porque quiere. Quiere experimentar en su piel su propia decisión, aunque duela. Quiere vivirla. La vida. Su vida.

Le he dado mi opinión sobre la irreversibilidad, los riesgos, el dolor. Le he pedido que se lo haga con garantías. Y ahora solo espero que no le duela ni haya complicaciones.


¿Qué podría yo tatuarme para que él entendiera lo mucho que lo quiero y lo necesito? ¿Su nombre en mi piel le ayudaría a entender hasta qué punto estoy sufriendo nuestra distancia y lo mucho que necesito su piel en mi piel y su sonrisa? ¿Su nombre en mi piel le haría sentir que lo llevo tatuado en mi corazón, pase lo que pase y sin querer que sea de otra manera, irreversiblemente?

Nunca lo habría podido imaginar... "Mañana", yo, con mi muñeca tatuada, además de mi corazón.





ALIVIO

La poesía, la música, la palabra...siempre la palabra.
Cuesta estar ahí, te preguntas para qué, por qué, hacia dónde. Te pierdes. Es normal. Es frecuente. Creo. A mí, me pasa. 
Y mirando alrededor, sería casi imposible que fuera de otra manera. Mirando dentro, también. Cuando quieres más, buscas más, preguntas más. Y cada vez entiendes menos.

Y aparece. Sin buscarlo. Un trallazo de todo. De luz y de sombra. De amor y de dolor. De sÍ pero no. Pero... ¡y ese sí!
Y estás ahí y te ves. En ese trallazo que es una frase o una palabra. Y eres tú. Y duele. Vaya si duele...

Pero en ese espejo te puedes ver, y puedes entenderte mejor y hasta quererte algo más. Y hasta sentir que no estás sola. O que puedes estarlo, puedes soportarlo porque estás ahí donde no lo sabías, en las emociones de otro y eso ya no es soledad.

La poesía, la música, la palabra...siempre la palabra

Alivio - Rozalén

Te duelen los ojos, sientes como se hinchan, toca remar. 
Me balanceo en hilos de coser, estoy a punto de caer. 

Apuras el café, apartas el diario y te vas... 
Agarras calendarios y te mientes 
si al romperlo pretendes al tiempo engañar.
Y te levantas, enciendes la luz y te parece que hiere. 
Y te bañas y al caer el agua te parece que empapa de más.
 

No estoy hecha para mi.... 
Y en cambio,cuando te miro,todo cobra sentido.. 
[ De: http://www.dicelacancion.com/letra-alivio-rozalen ] 
Y si vale la pena es por ti... 
Me oprimen el pecho, se entrecorta la respiración. 
Lamo mi sudor, el mismo que recuerda que sigue latiendo el corazón. 
El día es hielo y sin embargo yo logro arder. 
Tema al alma por su dictadura y cobardía que rompe al caer. 
Y me consumo al pensar en cómo, dónde estarás. 
Y me asfixio al pensar en lo que pudo ser y nunca será. 
Hasta el silencio se deja oír... 
Y en cambio, cuando te miro, 
todo cobra sentido... 
y si vale la pena es por ti...

domingo, 22 de noviembre de 2015

Un abrazo de árbol

    

                                               Para Juan Yeregui
                                           Porque los hilos invisibles nos sostienen, 
                                             nos acogen y nos atan a  lo más hermoso de la vida. 
                                                                      Gracias, Juan.
                    


Hoy no era un día cualquiera y el frío tampoco se lo ha querido perder.
Nos ha acompañado, fiel, esperando al amanecer y a que abrieran las puertas del Teatro Real donde íbamos a celebrar una fiesta muy especial.


Entramos tras media hora sabiendo que lo que nos espera nos va a calentar el corazón y el rostro aterido. 



Es ahora, después de unas horas, cuando la emoción me permite asimilar y disfrutar todo lo vivido. 

Como una niña en un día de circo, no quería que la magia terminara. 

Ha sido muy especial. 

He sido enormemente feliz por interposición. Todas mis expectativas, mis deseos, mis inquietudes giraban alrededor del encuentro de dos personas que son importantes para mi. Y ese encuentro era una victoria merecida para un guerrero que lo ha pasado muy mal, que echa mucho de menos a toda esa trup y que necesitaba estar al lado de su amiga ese día tan especial para ella.

Pepa ha estado emocionada todo el programa pero estoy segura de que nada le ha llegado al corazón y le ha gustado mas hoy que poder abrazar a Juan. 
Se ha roto en ese abrazo y, como no podía ser menos porque él es así, la generosidad de Juan la ha acunado y acariciado hasta recomponerla en un beso en su pelo que encerraba todo su amor y todas las palabras que ella necesitaba en ese momento. Y entonces, sí, la voz de Juan se ha quebrado y su fortaleza también. Todo lo sufrido se ha puesto de puntillas para asomarse por sus ojos y otear que Juan lo ha conseguido y que por fin está donde siempre ha estado aunque no podía estar. Porque Juan, fastidiado, sin poder casi caminar, no ha faltado ni un solo día a ese programa que es su otra familia. Ya se ha encargado Pepa de llevarlo prendado cada día en el vuelo de su sonrisa, y de nombrarlo y darle fuerza en cualquier oportunidad. Despidiendo cada finde con una canción feliz para él, para cantarle todo su amor y su apoyo.

Juan tenía que estar  ahí, celebrando con su amiga los 1500 programas en antena de "No es un día cualquiera"
y agradeciendo a todos su compañía y su ánimo. Era justo. Y necesario. Sobre todo para él. Era el premio a esa sonrisa que no le abandona por muy mal que vayan las cosas y que acoge y serena a quienes la disfrutamos.

Y ahí ha estado Juan, donde tenía que estar. Con su otra gran familia. Al lado de su querida amiga. 

A veces la vida es hermosamente justa.



sábado, 7 de noviembre de 2015

Los nadadores nocturnos

Esa aliteración de la "n" se extiende y abarca la sensación con la que termino al apagarse las luces e iniciarse los aplausos: "No hay futuro".
En el coloquio lo digo e intento "nadar" entre las intenciones, el mensaje, la visión del autor y la directora. Ellos, como todos lo autores, remisos a dar su versión de los hechos para no contaminar a sus espectadores y que haya tantas obras como espectadores, no me sacan de dudas.

Los nadadores nocturnos se reunen en la piscina cada noche, cargados con losas de  soledad y  dolor. Les cuesta nadar en la vida y se zambullen en el líquido elemento para aligerarse.Y para follar. Pero no lo consiguen. El grupo, la compañía, no les alivia ni les protege. Follar no les cohesiona. Les amontona. Les animaliza. Se encuentran, rebotan y salen expelidos del otro, como bolas de billar; con más soledad, si cabe, por ese conato de ilusión, de encuentro. 


No se nos dice por qué están malheridos. De dónde les nace ese dolor. Algunas pinceladas y el marco de una ciudad que ha sido saqueada por las multinacionales que dan nombre a sus calles y sus lugares de encuentro, nos ayudan a entender. No esperamos entender del todo el porqué; pero sí seguimos sus andaduras, en medio de músicas, danzas y brazadas poéticas, esperando una salida, esperando a la esperanza. Pero no llega. Nada culmina a pesar del drástico final carente, también, de sentido. Sin salida.

En esa piscina,  en esa "secta", todos esperan que alguno no vuelva y se haya cortado las venas. Así es como ellos mismos viven esa comunión en el líquido elemento: como un callejón sin salida. Asfixiante. 

Para mí todo encaja. El mensaje es demoledor. El grupo no nos salva. La búsqueda del otro, la única esperanza, no nos ayuda a encontrar la salida. Nos precipita a más vacío. Sin futuro. No nos queda nada. 
Hay una frase que preside la obra:
"Cuando oscurece siempre se necesita a alguien"
que cuando "cae el telón", se siente como incompleta y debería añadir, "aunque nunca aparezca".

Espero el debate con interés. Somos pocos. Hablamos. La voz de una chica, rota por la emoción, les da las gracias por ese espejo doloroso en el que algo de ella se ha visto reflejado y en el que se ha sentido acompañada renovando, así, sus ganas de salir de ahí, de bracear, de luchar. De buscar ese futuro, esa salida que la obra no nos ofrece. Es otra forma de verlo. Y, sin compartir su esperanzada experiencia, agradezco esa desnudez de emociones, ese llanto que tanto entrega y tanto desvela. Un tierno abrazo por parte de un actor es el galardón a su desnuda generosidad.


El teatro. Siempre el teatro. La palabra. Personas hechas de palabras, poniéndolas en pie y sosteniéndose en ellas. La vida encaramada a unos cuerpos que se tejen en palabras y nos arropan con ellas. El teatro. Siempre tan hermoso. Incluso si es fallido. El teatro rellenando ese zanja onerosa y viscosa que a veces resulta la vida. Un magma que nos arma y nos fortalece aunque no nos dé respuestas.





A la salida no pude por menos que saludar a mi tocaya-tocaya: "Esther Ortega" era una de las actrices del elenco y me resultó imposible no compartirlo con ella.
Nos abrazamos divertidas, echando el telón a ese encuentro con esas casualidades que son como un guiño en el camino. Para seguir avanzando porque quién sabe qué otros guiños nos esperan, traviesos,  más adelante.

Ventanas

Siempre que veo un cuadro con una casa en la noche, con ventanas encendidas, pienso que encierran toda la paz y el calor del mundo.
Edvard Munch. La tormenta. 1893. Óleo sobre lienzo. © The Museum of Modern Art/Scala, Florencia

Night Rain Under Willows - Terauchi Fukutaro (1891-1975)

Como en estas dos joyitas. Casualmente ambas se enmarcan en una tormenta. Y quiero pensar que es posible refugiarse en el resplandor de esas ventanas amables. No sé por qué.


Compañeros

Cuando me preguntan que por qué no escribo, siempre digo que porque no soy escritora. Y pensándolo bien, algo soy. Porque necesito escribir y por eso lo hago. Seré "escribidora" o "escribiente" o algo seré. No me siento escritora como se entiende una escritora al uso porque yo no sé escribir sobre nada que no pase por mí, por mi corazón. No soy capaz de ninguna ficción. Escribo sobre lo que me pasa por dentro incapaz de excursiones más allá de mis emociones.

Ayer reconocí a un compañero de viaje. Eduard Munch. La ingenuidad de los trazos de sus cuadros, sus colores planos, su bidimensionalidad...contrastan brutalmente con todo el dolor que transpiran sus cuadros.












Y pensé,viéndolos, que nadie puede pintar algo así si no lo siente profundamente. 

La larga vida de Munch
no debió de ser fácil. Sí intensa. En eso también lo reconozco como compañero. Intenso en sus emociones, en sus pasiones y sus fantasmas. 






Salí de la exposición con ganas de hablar con él y por eso me lancé a sus escritos. Y allí estaba también mi compañero de camino.

"Un ave de rapiña se ha aferrado a mi interior. 
Sus garras se han abierto paso hasta mi corazón. 
Su pico me ha taladrado el pecho y el batir de sus alas me ha nublado el entendimiento."