"...lo que cuentas sobre tus problemas de sueño me inquieta. Si estuviera en tu lugar, seguramente me habría vuelto loco. ...Sencillamente no se puede vivir en un estado de agotamiento permanente" (Pg 245 Aquí y Ahora Carta de Paul Auster a J.M. Coetzee
Te despiertas de golpe, en absoluto adormilada, como si el interruptor que te mantenía conectada al mundo del sueño se hubiera desconectado caprichosamente. Parecería que hubieses dormido muchas horas pero sabes que no. No quieres mirar el reloj para no comprobarlo, para no saber que inicias , contra tu voluntad, otro día muy largo que te parecerá imposible remontar entre el cansancio infinito. Intentas caer de nuevo en ese otro mundo de descanso, que te atrape de nuevo el sueño, y no puedes. Sabes que lo único que conseguirás será desesperarte dando vueltas .
Avanza el día, compeltamente embotada. Cualquier acto supone un desgaste. Crees que podrás esquivar el agotamiento comiendo, tomando algo. Nada lo consigue. Te cuesta hacer tu trabajo, te cuesta pensar. Te preguntas qué harías si fueras médico o piloto de avión.
Aprovechas tiempos muertos en los que dar cabezadas que te ayuden a continuar, a tirar de las horas que pueden contigo.
Sólo piensas en el momento de acostarte, de volver a descansar. Sueñas despierta con él como si de un útero protector se tratara y acaricias ese momento en medio de la tristeza y el descontento que arrastras como un incomprendido Sísifo. Hasta que horrorizada recuerdas que ese dulce momento es sólo una quimera de tu necesidad pues la realidad es otra. La realidad es que, aún rota de extenuación, cuando logres cobijarte en el lecho acogedor, te costará mucho dormirte y finalmente lo harás nerviosa y tensa y sólo durante un corto e insuficiente intervalo de horas. Casi un suspiro que poco te ayudará, que será como la miel en los labios que apenas podrás paladear.La promesa de un reparador reposo se convierte así en una esperanza frustrada.Una tregua mínima que en nada te servirá para vencer un combate en el que no puedes rendirte.
Ojos abiertos, silencio.
Con suerte ves clarear el día por la ventana y das gracias a la vida por haber podido descansar al menos cinco horas. Comienzas un nuevo día con pesadumbre.
La miro y , de algún modo, me doy cuenta de ella. Está ahí desde mucho antes de que yo viniera a este mundo, a su mundo. Mi madre también la recuerda siempre ahí. Ella es todo lo que queda del paisaje que conformaba.
Ahora que logro verla desde fuera, me pregunto cómo la interpretarán las personas para las que ella no significa nada. Una incongruencia, un sinsentido, la absurdez de un obstáculo que nada tiene que ver con su entorno. Supongo.
Sin ninguna utilidad, sin razones estructurales o estéticas que la expliquen, ¿qué hace ella ahí? Es un símbolo hermoso. Porque es verdad, es todo eso: un obstáculo en el camino, sin función ni belleza aparente que interrumpe y rompe, sin ninguna utilidad el entorno en el que se encuentra. Y sin embargo encierra tantas emociones...
¿Por qué está ahí? Porque siempre lo estuvo, porque siempre fue parte de este patio en el que escribo y en el que he pasado muchas horas de mi vida. Un patio del que mi madre solo la pudo salvar a ella. Ella representa lo que la remodelación del patio se llevó por delante: el brocal de un pozo que en algún punto, debajo de nuestros pies, dormita todavía fresco y oscuro. Una higuera frondosa que nos regalaba sombra, olor, higos dulces con los que desayunábamos al dar los buenos días a los pájaros cantarines- sus habitantes- que cada mañana nos despertaban con su armonioso estruendo.
La piedra fue lo único que sobrevivió a la desaprensiva y nada profesional acción de un pésimo y estafador albañil que, en ausencia de mis padres, arrambló con todo el patio que mi madre quería conservar como estaba. Todo excepto la piedra.
Y esa piedra es ahora la piedra y la higuera. La piedra y el pozo. La piedra y los pájaros que ya no nos despiertan.Es la piedra y cada uno de los muchos miembros de mi familia que, estoy segura, nos hemos sentado alguna vez sobre ella.
La piedra es la piedra y es mis abuelos que trabajaron para levantar esa casa y vivir en ella y la pusieron ahí hace mucho ya, seguramente como un asiento natural en el que disfrutar de su patio.
Esta piedra sobre la que cualquiera que no sepa nada de ella pensará que es absurda e incómoda, es todo un mundo. Ella estaba allí antes que todos nosotros y , desapercibida, es parte del universo emocional de mi madre. Y esta noche del 18 de julio de 2013 he descubierto, impactada, que forma una parte fundamental del mío también.
Mi madre se aferró a ella para que no le arrancaran un mundo que la sostenía y la protegía. Ahora la piedra se lo devuelve humilde y plena de sentido.
Yo, que siento cada día cómo tengo que ir despidiéndome de tanta vida que me sustenta, también me aferro a ella para retener todo eso que un día no tendré.
Hoy, hace dieciseis años, yo intentaba recuperarme de una experiencia única y que no acababa de encajar: Raúl había nacido. Todo estaba bien, finalmente. Aunque yo debía creerme que esto era así, que todo estaba bien, que Raúl estaba bien, simplemente viendo la cara de mi madre y de Joaco. Porque Raúl no estaba conmigo. Sólo le vi un segundo después de nacer y no sabía mucho de él. Mi madre y Joaco no hubieran podido disimular el dolor si algo hubiera salido mal, suponía yo. Así que confiaba en que sus palabras y sus sonrisas me estuvieran diciendo la verdad: Raúl estaba en la incubadora, con suero, pero bien. Yo no podía ir a verlo porque no podía moverme, así que ellos me lo describían: rubito, muy largo, con sus orejitas pegaditas y su naricita chata. Era todo lo que tenía de él. La sonrisa de mis familiares y su breve descripción.
Me lo trajeron al día siguiente, tan pequeño... Yo no podía incorporarme, me lo trajeron a la cama y ya no pude parar de llorar.Las lágrimas salían de mí como si todo el amor, todo el miedo y la tristeza de las malas horas que Raúl también pasó se me amontonaran desordenados, empujándose unos a otros y desbordando a mi propia sorpresa.
Raúl me tomó el relevo durante los primeros dos meses: no paraba de llorar. Era difícil verle tranquilito y descansar. Le costó habituarse a su nuevo entorno, quizá porque el recibimiento no fue muy placentero.
Después Raúl ha sido una bendición durante dieciseis años. Un niño que no ha tenido problemas ni para comer, ni para dormir, ni para comportarse. Nunca ha tenido una rabieta y siempre ha sido un niño generoso, comprensivo, amable, sociable, nada prota, valiente y divertido.
Mi hijo es una persona especial. Lo sé. Todas las madres pensaremos lo mismo, claro. Pero Raúl es especial. Es una buena persona, mesurada y sin complicaciones. Divertido, nada exigente y con un concepto de la vida muy sencillo y nada agresivo. Es generoso, comprensivo y en absoluto reconroso; incluso con esa adolescencia que se ha apoderado de él y le tiene con la cabeza no sabemos dónde.Es una persona especial, madura e ingenua, a la vez, que nos lo ha demostrado en muchas ocasiones. Siempre busca el lado positivo de las cosas y sabe adaptarse a las situaciones nuevas o que no le agradan. Es una persona positiva.
Tiene su criterio para hacer las cosas, que no compartimos, pero los resultados son brillantes. En todo lo que hace y hace mucho, con mucha dedicación. Puede conseguir lo que se proponga, sin grandes alharacas.
Ahora está despertando a muchas cosas, a la vida. Se le ve con ganas de bebérsela, de empezar a entender qué es todo esto nuevo que le conforma y le determina. Y anda en su mundo lleno de estímulos, planes hilarantes, improvisación,cambios... Le vemos desde la barrera y resulta divertido y enternecedor -también desesperante-.
Quería felicitarte, Raúl, pero sobre todo quería darte las gracias y pedirte perdón. Darte las gracias por dieciseis años de razones para vivir y sentirme feliz.Y perdón por tantos desecuentros que, como ahora estamos comprobando, tienen mucho que ver con las prisas, las tensiones y la vida que llevamos corriendo a ninguna parte para poder seguir viviendo.Y por mi carácter explosivo e injusto tantas veces.
Es curioso como, con frecuencia, no eres capaz de decirle a alguien lo que significa en tu vida o lo mucho le quieres. Intentas demostrárselo, pero no sabes si lo consigues. Yo te lo digo, intento demostrartelo pero no sé si te lo acabas de creer o imaginar. Da igual. Me sirve con tenerte cerca y bien. Es lo único importante realmente. Que cumplas muchos más, lleno de salud y de alegría y que podamos estar también a tu lado para todo lo que necesites.
Me paso horas mirándote sin que te des cuenta. Te miro despierto y dormir. Eres una especie de regalo que me embruja. Me relaja y me emociona ver la persona en la que te has convertido: guapo, fuerte,sencillo,divertido. Me cuesta darle paso a este hombrecillo y dejar atrás a mi niño juguetón y cariñoso. Convivo con los dos, los llevo dentro de mi corazón .
¡¡¡FELICIDADES, RAÚL!!!! Todas las que sean posibles en una vida larga y luminosa.
Estamos solos. Tengo esa absoluta certeza. Rodeados de gente, en constante compañía, pero solos.
En los momentos importantes, sustantivos de la vida, estamos completamente solos.
Por la noche, al acostarnos, con nuestros miedos, nuestros temores, nadie puede evitarnos cuarto y mitad para disminuir esa angustia que nos impide dormir.
En la enfermedad propia, "algodonados" de cuidados y muestras de interés, nadie nos puede evitar esa insidiosa compañía del malestar, del dolor opaco y permanente, del terror a la incertidumbre.
En las enfermedades o la muerte de los seres queridos, lloramos de abrazo en abrazo; sentimos la mano cálida de quien nos acompaña en esa oquedad incomprensible que, de repente, se ha instalado en nuestra vida. Pero nadie puede sacarnos de ella, llevarnos a otro lugar diferente al vacío y la tristeza en la que vivimos.
En los grandes problemas, descansamos a ratos en quienes nos escuchan y aconsejan. Pero en la decisión o consecuencia final, estamos solos, completamente solos.
Nacemos solos. Morimos solos. Deberíamos aprender a vivir solos.Sin embargo necesitamos de los demás. Tal vez alguien muy seguro de sí mismo, muy centrado, muy...no sé, no necesite de nadie. Yo sí. Necesito de los demás. Y toda la gente que conozco parece que también.
Y es bueno, creo. Es bueno tener amigos a los que necesitar. Pero cada vez parece más difícil, más complicado tenerlos cerca, cuidarlos, identificarlos.
La amistad se hace día a día, se alimenta compartiendo emociones, planes; momentos mínimos o definitivos. La amistad se riega, se fortalece. De algún modo. Si no, pierde su esencia. Se desdibuja y pasa a ser una convención, un lazo desgastado y marchito que, en ocasiones, duele porque recuerda a aquel que otro día creímos tener.
Es difícil, decía, mantenerlo vigoroso y saludable en este mundo de prisas, individualidad y economía, que nos lleva al cansancio y la desgana. Entono un claro "mea culpa". Pensamos que es suficiente sujetarlo con alfileres, y no lo es. El hilván se desteje lentamente, se deshilacha;
la amistad se diluye en silencios, vacíos y conversaciones triviales que, como ruido, intentan disfrazar esa distancia ya insalvable.
Quizá por eso deberíamos aprender a no necesitar a los otros. A bendecirlos si nos sustentan, pero a no sentir que perdemos pie si no están como los necesitamos. Aprender que, a pesar de todo, estamos solos. Aprender a respirar solos
Ayer fue otro día especial.Pasé toda la tarde en una fiesta de fin de curso con muchas actuaciones. Los aplicados participantes estaban radiantes: divertidos y preparados, con ganas de pasarlo bien y de hacer disfrutar al entregado público.
Los familiares esperábamos ilusionados que empezara el espectáculo que tantos esfuerzos, sabíamos, les había costado durante tanto tiempo antes.
Se apagan las luces y ¡¡¡¡empieza el espectáculo!!!!
EMPIEZA LA FIESTA CON LO MEJOR DE MI CASA
LAS CHICAS VUELAN
LALALA Masiel, espectacular
ESTO ES UN ESCÁNDALO
EL TIGRE
Hay que decir que todos los trajes con los que aparecen en escena, han sido realizados por ellas mismas. Es una tarea llena de imaginación y de muchas horas de trabajo compartiendo ideas, risas, ilusiones.Muchas puntadas juntas, mucha creatividad y mucha satisfacción. Posiblemente no hay terapia mejor que ésta para hacer frente a todos los achaques y sinsabores que la vida reserva a esta edad.
Y ahora un regalito de la más mejor amigüita de "mi niña", Toñi. Que nadie diría la edad que tiene de lo guapísima que está.( Ya quisiera yo su piel para mis taitantos años actuales)
Toñi como unas castañuelas
En la fiesta hubo muchas más actuaciones: copla, "performances", teatro, danza del viente... ¡ fue muy completa!
Y yo, me descubría entre risas, completamente emocionada. Viendo a mi madre tan guapa y disfrutando tanto, con tanta energía y tanta alegría, a pesar de todos sus achaques. Viendo a mi padre entregado, aplaudiendo, cantando, siempre con una sonrisa, a pesar de su enfermedad que también baila con él. Era la misma emoción que siento con mi hijo, la misma ternura.
Me gustaría parar el tiempo y que este momento durara años. Me gustaría poder disfrutar de ellos así, como en bucle, muchos años más, otros cincuenta.En ese escenario donde solo hay espacio para lo bueno de la vida; donde no caben, las enfermedades, los disgustos, los miedos o preocupaciones.Quiero ese escenario para ellos cada día.Verlos así mucho tiempo más: ilusionados, felices.
Ojalá hubiera una manera de hacer que su vida fuera como esa fiesta: alegría, ilusión, disfrute,emoción. Y que el espectáculo acabara con la misma sensación de plenitud, de vida. Que se apagaran las luces dulcemente, con la sonrisa en los labios.
Debería haber un periódico que se encargara de seguir las noticias, de ver cómo terminan, cómo continúa lo que se cuenta si no se trata de un desenlace. Se llamaría el "EL Despuesiódico".
Alguien ha sido el protagonista de un hecho puntual, interesante sólo en ese momento; pero después, no sabemos cómo sigue la vida de esa persona. Ahora hay muchos ejemplos de esto que comento, desafortunadamente. Personas desahuciadas, personas en paro que acuden a los servicios sociales..
Hace ya algún tiempo apareció en los medios esta noticia:
Vídeo de la noticia
Una buena noticia. Heroica. Alguien había perdido los motivos para vivir.Alguien se hallaba tan angustiado, tan desesperado que quería dejar de sentir todo ese dolor, quería ponerle fin.
Un grupo de personas lograron disuadirle, le forzaron a que abandonara su intento. Es cierto que le habría dado tiempo a terminar lo que se había propuesto y no lo hizo. Algo le retenía aquí.O es que hace falta mucho valor para poner fin a lo único que tenemos. O es que las personas que sienten así, están enfermas, mal, y necesitan ayuda.
Muchas personas intentan intentar suicidarse sólo para llamar la atención. Las que están cegadamente desesperadas lo consiguen sin grandes alharacas. En cualquier caso, todas necesitarían ayuda. Eso es seguro. Ayuda para encontrar sentido a la vida, para dejar de sentir esa distorsión que todo nubla y a todo tiñe de sinsentido.
Por eso siempre me pregunto si alguien les habrá salvado de verdad preocupándose por ellos, ocupándose de ellos, después de rescatarlos. Siempre me pregunto si las personas que "salvan" a otros no se sienten en la obligación de darles la vida otra vez, ayudándolos a iluminarla y a que salgan de ese foso en el que se revuelven entre soledad, tristeza y vacío.
El problema es que muchas veces nadie puede ayudar realmente a la otra persona.A veces nada ni nadie puede hacer más que acompañar en la búsqueda y dar mucho cariño. Y eso es tanto...
Y esperar pacientemente a que la persona siga luchando, con terapias o no, y que gane la batalla.
De nada sirve la culpabilidad por no haber sabido anticiparse. Por no haber sido capaz de llenar ese vacío, de iluminarlo.
Los magnolios se desperezan tímidamente. Sus espectaculares flores los van moteando como secretos resplandecientes que se abren al sol hermosas, elegantes, voluptuosas.
Cohibidamente unas, como escondiendo un universo al que proteger.
Desvergonzadas y opulentas, otras, descaradamente abiertas en todo su esplendor, se presentan frágiles y efímeras pero dispuestas a expresarse sin pudor.
Con la despedida del sol, volverán a recogerse sobre sí mismas, cubriéndose de la oscuridad que les impide regalarnos su blancura ingenua e indescifrable.
La hermosa fugacidad de lo irrecuperable.