Esta semana casi atropello a un ciclista. En un paso de cebra de incorporación, en la M-40.No lo vi, ni siquiera me habría dado cuenta de lo cerca que le pasé si no hubiera sido porque tuve que esperar después un ceda el paso y escuché a mis espaldas unas increpaciones. Empecé a temblar de arriba abajo. Me paré, me disculpé y él, muy enfadado-con razón- me decía que las disculpas no le hubieran evitado el golpe que le podría haber arruinado la vida.
No quiero justificar lo que pasó, ni explicar que esos pasos de cebra tienen mala visibilidad y son peligrosos en sí mismos; ni hablar de que últimamente, estoy tan cansada y mi insomnio me tiene tan aturdida, que la cabeza no me va bien y no sé bien lo que hago ni lo que digo. No quiero hablar de todo lo que sentí, del miedo y la vulnerabilidad que se apoderaron de mí.
Aquel día, a mí se me reveló otra realidad mucho más impactante.
No hace mucho incluía en mi blog esta frase:
"Un golpe que me ha recordado algo que sé muy bien: la vida puede cambiar en un segundo y podemos perder lo que casi no apreciamos cada día y que es lo más valioso que tenemos"
Sin embargo,nunca me había planteado, hasta ese momento, cuántas veces rozamos la tragedia sin darnos cuenta. Cuántas veces podría cambiar nuestra vida de golpe de forma dramática, y lo esquivamos sin ser conscientes. Qué decisiones tomamos que nos evitan desastres impensables.Con qué frecuencia jugamos con fuego sin saberlo y salimos indemnes en la más absoluta ignorancia.
La vida es una lotería y frecuentemente los mazazos nos la desbaratan para siempre y la transforman en algo opaco, doloroso.
Pero esa lotería también nos regala con sombras que, aunque están muy cerca, pasan livianamente de largo y nos permiten seguir con nuestra denostada cotidianeidad.
Mi vida pudo cambiar en una milésima de segundo para nunca ser igual. La vida del ciclista peligró, algo mucho más importante. Ambos nos salvamos por milésimas de segundo de vivir,de algún modo, una pesadilla. Mínima o inmensa, pero pesadilla. Una milésima de segundo habría sido suficiente.
No pasó nada pero fui consciente de lo que podría haberse desencadenado y esa consciencia me alertó y me asustó en partes iguales.Y volvió a corroborar algo que sé y que se me olvida con frecuencia, perdida en decepciones o malestares que me llevan a la queja y al descontento infantiles: soy una privilegiada. Por muchas cosas. Por todas.
Después de aquello sólo una palabra y una sensación me acompañaron ese día. Todavía me acompaña: gracias. Gracias al destino, a la vida, a la providencia, a la simple casualidad.A la vida.
Gracias a la vida
Ahora me toca a mí corresponder y cuidar más y mejor cada milésima de segundo. Porque cualquiera de ellas es la más importante, la definitiva; y porque todas son, por igual, primordiales y únicas.
sábado, 8 de junio de 2013
El chopo
Ocho de la mañana. Sábado. Los fines de semana mi calle se despierta lentamente y, adormecida, va saludando a la mañana. Como yo.
Salgo a la terraza y me recibe un cielo azul intenso que pronto acabará desvaído, anulado por nubes que se acercan. Pero ahora está exultante, coronado por un sol decidido y pleno que nos regala esa luz dorada, vehemente, que impregna los colores y los despierta en mil matices.
La luz... y el silencio. Un silencio estrepitoso, poblado del alegre canto de los pájaros que acogen entusiasmados el nuevo día.
En medio de ese milagro diario,busco un prodigio que sé que me espera humilde, imponente, desapercibido. Y ahí está. Alto, majestuoso, generoso y entregado. Como tantas maravillas que nos rodean, quizá pasen desapercibidos estos hermosos ejemplares: los chopos.
Su desnudez invernal, aparentemente quebradiza, ha sabido esperar, paciente y vigorosa, que la primavera la fuera engalanando; discretamente, con sus alegres y recias hojas de clorofila penetrante. Y ahí están, cuajadas de vida y de templanza.
Los chopos nos rodean modestos y nos regalan un espectáculo que, como ellos, de manera incomprensible, nos pasa desapercibido.
Lo chopos, entregados, se dejan acariciar por la más pequeña brisa y en su balanceo grácil y generoso, el verde intenso de sus hojas recibe el brillo del sol en un juego de reflejos cambiante y turbador. El sol juega en sus hojas cabrilleando jubiloso y el chopo ya no es un árbol. Es una fiesta generosa en la que cada movimiento de sus hojas es una demostración de que la belleza se encierra, a menudo,en las cosas más pequeñas.
En ese juego de reverberaciones me mezo y cierro los ojos para sentir el sonido que sus ramas -flexibles y juguetonas- provocan, también, calladamente.Una música tenue y refrescante que me susurra insistente que todo es posible, que la esperanza y la vida son una misma cosa. Que vivir consiste en aceptar lo que eres y en crecer acogiendo lo que te rodea, entregándote a ello y haciéndolo tuyo, transformándolo en algo hermoso y diferente. Con fortaleza y serenidad. Calladamente. Y en compartirlo a manos llenas sin esperar nada a cambio.
Como el chopo de mi calle que, sin proponérselo, es un regalo generoso, único, incansable. Que esta mañana me saluda brillante y apacible, en una melodía sinuosa,tintineante de sol,como una bengala sosegante; dándome los buenos días. Buenos días.
viernes, 7 de junio de 2013
DESPEDIDAS
Se acerca el verano. Es el momento de las despedidas. Mi profesión está llena de despedidas. Llevo años, muchos años, viviendo despedidas. Es parte del proceso: la gente viene por una temporada, vive unos años aquí, aprende español, se va. Es así. Bien. Yo no logro acostumbrarme. Siempre me coge desprevenida la sensación de vacío que me deja cuando se van cada una de las personas que he conocido en mis clases. Es un poco absurdo, como tantas cosas, pero así es. Otras llegarán (espero) pero nadie logra ocupar el hueco de los que se fueron.
Este verano será duro. Espero que ellos se acuerden un poquito de mí y me envíen de vez en cuando algún mensaje que me esponje el corazón.
¡¡¡FELIZ TRAVESÍA A TODOS!!!
domingo, 2 de junio de 2013
BOLETÍN FORO SOCIAL DE LAS ARTES

LA NECESIDAD DE TEATRO
Ando yo hilvanando algunas reflexiones sobre por qué el teatro es ahora, para mí, la
experiencia más enriquecedora. No hay nada que me apetezca más que sentarme en
una sala y dejarme envolver por ese otro mundo que se recrea en el escenario.
Casi prefiero ir sola para disfrutar de
esa “liturgia” con todos los sentidos y hacerla mía de una manera íntima.
Busco en el teatro -como en todo, supongo- respuestas; y
frecuentemente, salgo con más interrogantes, lo cual es muy estimulante. Busco
despertar mis propias emociones y
dejarme sorprender por otras nuevas. Busco reflexionar, ver más allá, descubrir
y aprender a ver lo que no he visto todavía o lo que sólo logro intuir. Busco
encontrarme y encontrar a los demás. Pero todo esto lo busco siempre, en cada
momento. ¿Por qué el teatro me lo proporciona más y mejor que cualquier otro
hecho artístico? Tengo la certeza de que en este mundo cada vez más “globalizado”,
pero más individualista; donde cada vez somos todos más iguales (en pautas de
comportamiento, en estereotipos) y nunca
hemos estado más separados, y donde las desigualdades son parte del engranaje del
sistema; en este mundo, frío, gobernado por el dinero y las máquinas, donde el
contacto humano a veces desaparece eclipsado por pantallas y botones, el teatro
debería ser una forma de recuperar el calor, la autenticidad, el contacto
directo con los otros, con la vida. En
este mundo donde la realidad se adultera a golpe de programas informáticos o de
manipulación de los hechos, de las palabras; este mundo en el que acabamos confundiendo lo que vemos, lo que nos
presentan con lo que es realmente y ya no sabemos bien qué es qué, el teatro
nos debería ayudar a recuperar la esencia de la palabra y del mensaje, a enfrentarnos con pequeños trozos de vida. (Paradójicamente,
en ocasiones,la realidad que nos “presentan” los medios de comunicación es
mucho menos verdad que la realidad que vemos “representada” en un teatro.)
En un mundo en que nunca hemos tenido tanto acceso a la
información como ahora y en el que cada día estamos más desinformados, el
teatro, la sobriedad de unas personas sobre un escenario haciendo
suyo un texto, nos debería impulsar a
recuperar, a robustecer, el sentido crítico- cada vez más debilitado- que nos
permita desenmascarar esa realidad tan deformada . En este mundo en el que cada
vez más nos comunicamos con signos, “mediaspalabras”, casi grafemas; en el que
el lenguaje se empobrece y con él nuestra capacidad de pensar el mundo, el
teatro nos debería regalar la posibilidad de disfrutar de un texto cuidado y hermoso; y así, contribuir a recuperar la necesidad de las palabras, de
comunicarnos, de expresarnos con las palabras, de encontrar en ellas respuestas
y de hacernos preguntas. En un mundo en el que las humanidades van
desapareciendo porque no son rentables (no es rentable para el poder que
aprendamos a pensar) el teatro nos debería
devolver, de alguna manera, todas ellas a la vez: la filosofía, el arte, la
literatura.
El teatro que a mí me gusta, el que intento disfrutar, es el
teatro comprometido que posibilita todas estas incursiones en un mundo más
amplio, con más criterio, más rico y más lleno de comunicación y de belleza
también.
Dos de las
experiencias más profunda,s emocionalmente, que he tenido en los últimos
tiempos es ver a dos actores al terminar la representación, completamente “conmocionados”,
sin poder salir de su papel; absolutamente tocados por lo que acababan de
hacer, de vivir, de hacernos vivir. Saludaban y seguían siendo el personaje
conmovido y conmovedor que habían representado. Sonreían, daban las gracias, intentando
ser la persona que eran y no podían desentenderse de la profundidad en la que
los había instalado su personaje. Es difícil de describir. Tal vez alguien
pueda tildarlo de poco profesional. Para mí fue el ejemplo más claro de que el
teatro es vida. Quizá una vida más
real, más auténtica que la propia vida real.
A veces la vida se hace soportable pensando que existen
ciertas personas a nuestro lado y también ciertas posibilidades. Este teatro es
una de ellas. Gracias a todos los que hacéis posible que podamos encontrar,
todavía, esperanzas.
EL DOLOR
Posiblemente mucho de lo que hacemos, lo hagamos para huir
del dolor. Desde que lo conocemos -¿podríamos recordar nuestro primer
encontronazo con él?- tal vez, la vida se nos aparezca como una búsqueda de
senderos que nos alejen de él, que nos proyecten a espacios donde el dolor
quede fuera o se sienta en desventaja.
El dolor del alma es difícil de esquivar, una vez que echa
raíces, solo queda remontar lo que lo provoca (si es posible); o intentar
silenciarlo, mitigarlo, mientras nos acompaña sordamente cada minuto del día.
Hay que aprender a vivir con él, a que no invada los otros espacios de la vida
y los anegue, dejándonos imposibilitados para el disfrute.
Quizá el arte, escribir, leer, el teatro, hacer teatro, ir
al cine, estar con los amigos, salir a pasear, aprender algo nuevo, tomar un
café, escuchar una música… no sean sino simples intentos de conjurar ese dolor
que tantas veces nos acompaña, impertinente.
Pero hoy confecciono este hilván al hilo del dolor físico,
el dolor del cuerpo. “Hay situaciones en la vida en las que nuestro cuerpo
representa todo nuestro ser y nuestro destino” escribe Jean Amery. El dolor que no cede, que no entendemos por qué insiste
en no desprenderse de nosotros. El dolor del cuerpo te reduce, te cerca, te
imposibilita. Nada resulta más prioritario que dejar de sentirse mal, recuperar
la salud, volver a tener la energía, la vitalidad, que te han abandonado. Todo
lo demás se nubla en esa incapacidad que te bloquea, que te impide hacer lo que
hacías, ser quien eras.
Dicen que la actitud frente a las desdichas es fundamental y
que echarle ganas de luchar, ayuda a vencer. Tal vez, ahí, en algún resquicio
de coraje o de rebeldía podamos acudir al arte como medicina, como vitamina
para recobrar la esperanza y con ella, las fuerzas para querer ganar y
conseguirlo. Aunque en múltiples ocasiones se tire la toalla y el único refugio
sea la desesperación y la tristeza. Un fuerte empujón para quien están en esa
situación y sienten que es una lucha en solitario.
Vivir es doloroso, mirar a nuestro alrededor es doloroso
porque la injusticia, la desigualdad, la impunidad, el abuso, el sinsentido, el
dolor de los otros es un paraje que aparece en cuanto quieres mirar un poquito
más allá. El arte puede aparecer como un camino. A veces simplemente como
huida. Una evasión que nos permita olvidar, engañados por unos minutos, que el
dolor está ahí. Otras veces, al sentir su armonía, su equilibrio, la serenidad
y emoción que te produce, sientes que otro mundo es posible dentro de este, que
hay mucho más que dolor en la vida, que merece la pena disfrutar de las cosas
hermosas y, así, renovar el impulso que te permita continuar. Y otra veces, el
arte nos ayuda a pensar, a entender mejor eso mismo que nos duele. Comprenderlo,
meditarlo nos ayuda; si no a superarlo, a combatirlo, al menos; para saber dónde
estamos y qué más “podemos”.
LITERATURA PARA CAMBIAR EL MUNDO
Siempre he necesitado escribir para explicarme el mundo,
para entenderlo y entenderme. Para intentarlo. No era una opción, una posible
travesía. Es la única.
Pensé que para la mayoría de la gente esto sería así también,
que todo el mundo sentía la pulsión de entregar en un papel lo que nos compone
y nos desbarata. Pero no lo es.
Si un libro, un poema, una frase pueden determinar una vida
me atrevo a desear que la lectura, la escritura sean uno de esos resplandores
que nos alumbran hacia un mundo mejor, diferente. Quizá solo sean una de las
eventuales sendas. Probablemente, eso sí, la más hermosa.
Escribir. Escribir y también leer. Entonces ¿puede cambiar
la literatura el mundo? ¿Puede la ficción desentrañar la realidad, entrar en
ella a saco, iluminándola, sacudiéndola para que de ella se desprenda lo que
oculto no veíamos? ¿Es una vía de transformación? Nunca he aprendido nada mejor
que cuando lo transito en la ficción. Ningún ensayo, ningún sesudo estudio ni
minuciosa estadística me han enseñado más sobre algunas realidades que un buen
texto de ficción donde involucrarme en las peripecias de los personajes y,
sintiendo como ellos, acercarme a esa
otra realidad que nada tiene de ficticia.
Desde que descubrí esto, que no todo el mundo encuentra este
asidero, lo disfruto como un regalo que la vida me ofrece. Un respiradero, la
gatera por la que poder liberar las dudas, la confusión, el pasmo, el dolor,
los descubrimientos, los desalientos, la alegría, los desencuentros, los encuentros, las
decepciones, la ilusión, las heridas, el destello de felicidad…Dejarlos fluir y
recibirlos de nuevo vestidos de palabras, más precisos, menos punzantes.
Aceptándolos y asumiéndolos con más luz para afrontarlos con más determinación,
si hiciera falta.
INADAPTADOS
Leyendo la propuesta del foro para el viernes 8 a las 17:30, El inadaptado de Jens Lien (cine. 2006) me encontré pensando que ese mundo de ficción “desalmado” (sin alma) y frío no difería mucho del mundo en el que vivimos. Es más, casi lo mejoraba.
Leyendo la propuesta del foro para el viernes 8 a las 17:30, El inadaptado de Jens Lien (cine. 2006) me encontré pensando que ese mundo de ficción “desalmado” (sin alma) y frío no difería mucho del mundo en el que vivimos. Es más, casi lo mejoraba.
Cuando hilvano esta
columna no he visto la película todavía, pero leyendo su sinopsis no puedo más que
sentir al protagonista muy cercano y
sentirlo casi aliviado desde ese otro lado del espejo.
Este mundo que se nos
presenta inhumano, sin pasión, es el mundo en el que vivimos. En el que se ha
disfrazado a los sueños como logros económicos, como éxito social. En el que el
amor por el trabajo bien hecho, el amor por aprender, el deseo de ser no valen
nada si no se cuantifican en rendimientos, beneficios, intereses. En el que no
sabemos bien qué comemos y en el que disfrutar de la comida se ha convertido en
una lucha sin tregua, de recuento de calorías. En el que una imagen,
artificial, (cirugías estéticas, photoshop..), vale más que cualquier realidad.
En el que el amor se diluye en la rutina, y se acepta casi como convención
social. En el que las relaciones sociales, las relaciones personales, se
convierten en meras transacciones de mensajes vacíos cuando no, en diálogos
simulados, impostados. Donde se habla sin decir nada y el corazón se encoge
ante el árido desierto de palabras huecas que no van ni quieren ir a ninguna
parte.
Y al parecer, ese
mundo ficticio que nos presenta la película; ese mundo organizado, mecanizado,
tiene la suerte de vivirse sin estrés, sin presión. Nosotros, por el contrario,
además de respirar en el vacío, corremos sin descanso tras la zanahoria sin
realmente pensar si realmente la queremos o quién nos la azuza y por qué. Somos
unos inadaptados perfectamente adaptados sin saberlo o sin quererlo saber.
Experiencias como las del Foro, nos
demuestran que hay gente valiente dispuesta a buscar algo diferente.
Experiencias como las del Foro, nos
alejan de ese mundo irreflexivo, impuesto, infrahumanizado, para reunirnos en
un espacio de emociones y de encuentros; de reflexiones y de contrastes, donde
sólo es posible pensar, compartir y sentir; y así, crecer. Crecer como personas
críticas y darnos calor y esperanza en
medio de un mundo frío, cruel, injusto y poco comprometido.
Tal vez, otro mundo sea posible si nos
empeñamos en ello.
LO POPULAR I
Tal vez nunca el arte ha estado tan disponible para todo tipo de público. Tal vez nunca el arte sido más accesible para el pueblo. Vamos a dejar a un lado las posibles discusiones sobre la definición de arte en las que entraríamos en bucle posiblemente, estamos reflexionando sobre el llamado arte popular. Cada vez la gente tiene acceso a las expresiones artísticas de manera masiva. Exposiciones de todo tipo, representaciones teatrales y cine de libre acceso en centros culturales y diferentes organismos; conciertos de música clásica y de música actual, conferencias... El muestrario en amplio. Es decir, de ha dado la posibilidad de disfrutar de, arte a la mayoría de la población. Bien, aparecen varias cuestiones aquí: ¿esta situación nos permitiría hablar de que el arte es , en general, popular? Y otra quizá más interesante ¿cuál es el objetivo de las instituciones, de los organismos, del poder, al hacer del arte un "producto" de consumo popular?
Tal vez nunca el arte ha estado tan disponible para todo tipo de público. Tal vez nunca el arte sido más accesible para el pueblo. Vamos a dejar a un lado las posibles discusiones sobre la definición de arte en las que entraríamos en bucle posiblemente, estamos reflexionando sobre el llamado arte popular. Cada vez la gente tiene acceso a las expresiones artísticas de manera masiva. Exposiciones de todo tipo, representaciones teatrales y cine de libre acceso en centros culturales y diferentes organismos; conciertos de música clásica y de música actual, conferencias... El muestrario en amplio. Es decir, de ha dado la posibilidad de disfrutar de, arte a la mayoría de la población. Bien, aparecen varias cuestiones aquí: ¿esta situación nos permitiría hablar de que el arte es , en general, popular? Y otra quizá más interesante ¿cuál es el objetivo de las instituciones, de los organismos, del poder, al hacer del arte un "producto" de consumo popular?
Intentar reflexionar sobre estos temas, nos lanza inevitablemente a una espiral de interrogantes que darían para más de lo que aquí pretendemos. Por ejemplo, hasta que punto no se trata de intentar confundir y hacernos pensar que todos somos uno y lo mismo. O de que manera nos congraciamos con esas fundaciones que se benefician de esa labor social para lavar otras actividades y se convierten en corporaciones socialmente reconocidas.
Creo que esta política cultural promociona el
arte como producto de consumo, que distrae de la realidad y atrofia el sentido
crítico. El arte popular sería el hecho para el pueblo o hecho por el pueblo.
Es el que permite a la mayoría entender el mundo en el que vivimos y nos ayuda
a cuestionar, a pensar , a entender, a emocionarnos, nos ayuda a superar las
condiciones que nos determinan de manera injusta sin necesidad de una
elaboración intelectual previa. El arte que nos invita a mirarnos en el y
vernos en un juego de espejos que nos llevan a ver más allá.Y por supuesto es
el arte hecho por el pueblo, por las personas de a pie, con una intención
estética en la que expresar necesidades, anhelos. Al hacer se integra en la
vida y acaban confluyendo.
Justamente ahora que el pueblo se siente abandonado, perdido,
engañado, necesitamos de un arte hecho por y para nosotros, que nos produzca un
escalofrío de emoción al tiempo que nos permita entender dónde estamos y hacia
dónde podemos ir. Os dejo con un ejemplo, un clásico que sigue haciéndonos
temblar de emoción y de rabia. Quizá sea eso lo que más necesitemos ahora
Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué ponerse,
hambriento y sin qué comer,
el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
Miguel
henandez
LO
POPULAR II
Hablamos del
arte como nos gustaría que fuera, del arte que podría abrir un canal diferente
de referencia y de acción. Una nueva vía para pensar y canalizar lo que de otro
modo no es fácil transitar, más en estos momentos.
Sin embargo, la
realidad aparece muy diferente. desconsoladoramente diferente. Si echamos un
vistazo a las representaciones artisticas más frecuentadas podemos llegar a la
conclusión de que lo que la gente demanda masivamente no es un arte reflexivo
que nos ayude a entender el mundo en el que vivimos, que nos ayude a ver qué
hay más allá de lo que parece que nos quieren hacer ver. Las películas, las
obras de teatro,las exposiciones más
demandadas son las de evasión. “ La gente necesita y más con lo que está
cayendo, olvidarse de sus problemas y reirse”, escuchamos frecuentemente como
publicidad de esos eventos. Parecería que nada se puede hacer y que solo en la
evasión podremos descansar de lo que nos ha tocado vivir. Como si no hubiera
que pedir cuentas, ni hacerlas ni pensarlas. La risa como catarsis vacua.
Autentica gimnasia facial que nos ayude a olvidarnos de las penas. No a
superarlas, no a entender de dónde
vienen o por qué. En esta tarea, las peliculas americanas (estadounidenses)
cumplen un gran papel: los malos son los otros y nosotros, no se nos olvide,
estamos con los buenos.
Baste mencionar
dos ejemplos de esto que decimos. Una pelcula en la que el protagonista es un
oso de peluche (impresentable) TED y la española más taquillera: LOS TORRENTES.
Humor fácilón, grosero, autocomplaciente.
Hay dos armas
que funcionan a la perfección para inmovilizar y fortalecer el status quo: el
miedo y la incapacidad para pensar. Este tipo de “arte”, de arte para masas
cumple perfectamente ambas funciones. Enmascaran el miedo de forma que parece
que no existe por unos momentos e impiden ir más allá de una realidad que se
escamotea y disfraza. “Bastantes problemas hay ya en la vida real como para
también llevármelos a una butaca” Ya
Napoleon y Hitler supieron muy bien cómo usar el arte en beneficio de sus
propios intereses. Esperemos que términos como solidaridad, reflexión, y
emoción nos ayuden a diferenciarnos de la masa sin criterio.
EL ARTE
Siempre me he hecho preguntas que no dejan de inquietarme. Tendría que reconocer que casi he llegado a obtener una respuesta no muy alentadora: no hay respuesta para estas preguntas, si no es desde una perspectiva puramente personal.
Siempre me he hecho preguntas que no dejan de inquietarme. Tendría que reconocer que casi he llegado a obtener una respuesta no muy alentadora: no hay respuesta para estas preguntas, si no es desde una perspectiva puramente personal.
¿Qué es el arte? Para mí arte es
cualquier expresión humana que me emocione. Muy pobre, parece. Vacío de
contenido. Pero ando más tranquila desde que un buen amigo me convenció de que
es tan importante la reflexión intelectual como la intuición
Hilvano esta vez sin ningún
hilo y sólo tengo preguntas. Van surgiendo
unas de otras.
¿Belleza y estética son indisolubles?¿Todo
lo que me emociona es bello, es estético? ¿El arte siempre es bello? ¿Qué
entendemos por belleza? ¿No existe para
mí la belleza en lo que no me remueve, me estimula, me perturba de algún modo?
¿La estética está también en el contenido o sólo en la forma?¿Es sólo estético
lo bello? ¿Puede haber en lo terrible, en lo feo, belleza? Aquí siento un
escalofrío al recordar las declaraciones de un soldado estadounidense al
contemplar el bombardeo nocturno al que estaban sometiendo a Irak en la primera
guerra del golfo, como un espectáculo de luces de gran belleza. ¿Nos puede
alejar lo estético de la realidad? ¿Puede hacernos ver la realidad deformada?
En medio de estas reflexiones siempre
recuerdo películas de una dureza casi brutal tanto en el contenido, como visualmente:
La cinta blanca de Michael Haneke y Anticristo de Lars Von Trier. Ambas me
parecen una obra de arte fotograma a fotograma, en particular la película de
Haneke. Es una película en blanco y negro de una belleza abrumadora: cada
fotograma parece un cuadro, de una belleza incontestable.
La estética, para mí, conecta
directamente con el corazón. La belleza
me lleva a la emoción, la emoción a la reflexión desde otra óptica, la
reflexión a la toma de conciencia. No hay arte (ni belleza) sin corazón.
(Nada me gustaría más que saber la
opinión sobre todas estas reflexiones, de los estáis leyendo esta columna.
Sería la única forma de ir hilvanando con algo de hilo)
LA LENGUA
"Los locos son más sensibles a las catástrofes” y logran verlas venir. Esta frase que forma parte de la obra La lengua madre (texto de Juan José Millás), quizá nos ayude a componer y entender al personaje que da vida Juan Diego, en un monólogo brillante y protagonizado por las palabras. Se trata de un conferenciante, mayor, de verbo reposado, contenido; que reflexiona sobre la lengua. Se mueve entre lo cómico, lo ingenuo, y la tragedia del que se siente amenazado y ya casi, herido de muerte. Esa montaña rusa de reflexiones que nos llevan desde la carcajada al llanto, solo hablando de palabras, tal vez únicamente cobra sentido si entendemos a ese venerable, inocente y peculiar hombre, como un” loco” sensible . A través de un viaje por el diccionario, iniciamos un viaje por la vida del personaje,en la que las palabras han formado y conformado su visión del mundo. El pasado nos aparece, así, hilarante y distinto. El presente, y lo que es más inquietante, el futuro se nos muestran como una estafa dolorosa contra la que deberíamos ponernos a salvo defendiendo las palabras. Se nos alerta de cómo el poder manipula el lenguaje y así, avanza en la manipulación de la realidad, de la vida, de nuestra concepción del mundo. Somos palabra, parece decirnos; y nos están destruyendo, vaciando, ensuciando.
"Los locos son más sensibles a las catástrofes” y logran verlas venir. Esta frase que forma parte de la obra La lengua madre (texto de Juan José Millás), quizá nos ayude a componer y entender al personaje que da vida Juan Diego, en un monólogo brillante y protagonizado por las palabras. Se trata de un conferenciante, mayor, de verbo reposado, contenido; que reflexiona sobre la lengua. Se mueve entre lo cómico, lo ingenuo, y la tragedia del que se siente amenazado y ya casi, herido de muerte. Esa montaña rusa de reflexiones que nos llevan desde la carcajada al llanto, solo hablando de palabras, tal vez únicamente cobra sentido si entendemos a ese venerable, inocente y peculiar hombre, como un” loco” sensible . A través de un viaje por el diccionario, iniciamos un viaje por la vida del personaje,en la que las palabras han formado y conformado su visión del mundo. El pasado nos aparece, así, hilarante y distinto. El presente, y lo que es más inquietante, el futuro se nos muestran como una estafa dolorosa contra la que deberíamos ponernos a salvo defendiendo las palabras. Se nos alerta de cómo el poder manipula el lenguaje y así, avanza en la manipulación de la realidad, de la vida, de nuestra concepción del mundo. Somos palabra, parece decirnos; y nos están destruyendo, vaciando, ensuciando.
Con una puesta en
escena simple (una mesa, una silla, una jarra de agua y un vaso, unos papeles)
sobre un fondo rojo que cambia de tonalidad, Juan Diego, llena un escenario con
una interpretación soberbia. Nos hace pasar de la risa, la sonrisa o la
carcajada al nudo en la garganta. Pero entendemos que el humor que nos
transmite está traspasado continuamente de un sentimiento de pérdida, de
derrota, de dolor. El dolor de sentir que algo muy íntimo ha sido violado
impunemente: la palabra, y todo lo que ello conlleva.
Es una interesante
reflexión sobre la lengua como un ecosistema que sufre, como un bien común que
nos conforma y determina. Como una herramienta para comprender el mundo que
están pervirtiendo, destruyendo. Y en esa perversión podemos intuir la
catástrofe que ya estamos viviendo. Hemos dejado que nos engañen (también y
sobre todo) con el lenguaje y caemos cada día en “trampas verbales al servicio
de oscuros intereses”.
El personaje nos pide
perdón por compartir su angustia, “una angustia que nos atenaza a todos” y nos
anima desde el escenario a defender la palabra como algo nuestro que nos ayuda
a pensar, a entender, a ser críticos y a reaccionar. Porque como dijo Juan
Diego, emocionado, al despedirse: “Nos queda la palabra”. Todavía.
Odio a los indiferentes
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Antonio Gramsci · · · · ·
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29/04/07
|
Hace ahora 70 años, el 27 de abril de 1937, moría
Antonio Gramsci en un hospital penitenciario, apenas 6 días después de haber
recobrado formalmente la libertad, tras cumplir, en situación penosísima, más
de 10 años de cárcel de los más de 20 a que le condenó un tribunal
mussoliniano. Acaso sea Gramsci hoy, junto con Walter Benjamin, el clásico
del socialismo marxista más grotesca e ignorantemente manipulado por unas
“humanidades” académicas franco-norteamericanas olvidadizas de la historia
del movimiento obrero europeo. Para conmemorar su muerte -dada a conocer al
mundo por las emisoras de radio de la Barcelona revolucionaria- hemos elegido
un característico textito suyo de juventud (publicado por vez primera el 11
de febrero de 1917 e inédito en castellano) que, entre varias otras, tiene la
virtud de no ser fácilmente pasible de manoseo pseudoacadémico.
Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar
partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y
partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no
vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La
indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero
opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas,
y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de
la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque
la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de
leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de
hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora
por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a
todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que
sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente.
Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o
muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad,
habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su
lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han
acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han
hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser
inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con
ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los
de mi parte el pulso de
la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en
ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella
sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de
los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y
la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma
partido, odio a los indiferentes.
www.sinpermiso.info, 27 abril 2007
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Es difícil no sentirse apelado al escuchar o leer este artículo
que casi cumple ya cien años. Parecería un texto escrito ayer y tiene ahora tanta fuerza y es casi tan
necesario como lo era cuando fue escrito. Quizá es ahora cuando más necesario
es. En un mundo de medias tintas, de manipulación y desvirtuación del lenguaje
y de la política, de escamoteo de la realidad y de sus imbricaciones; en un
mundo de lo políticamente correcto y lo inmoralmente aceptado, necesitamos
mensajes claros, contundentes y que nos interpelen tan directamente como éste
lo hace.
Nos quieren hacer creer que nada diferente es posible, que
el engranaje se mueve por fuerzas poderosas e indeterminadas (mercados
financieros, por ejemplo) que se rigen por leyes inmutables e inmejorables ante
las que nada se puede hacer, y que es este sistema del que formamos parte, el único posible. Parece
que no podríamos hacer nada frente a estas leyes ignotas que crean y destruyen
mundos sin más posibilidades. Parece que ante lo indeterminado e inevitable no
hay cabida para la acción y el compromiso. Nos han hecho pensar que si el
engranaje se fisura o se desmorona, peligra la humanidad. Así que, inmersos en
el miedo que han sembrado, que cada día se encargan de alimentar, nos quedamos
inmóviles, bloqueados; esperando que esas leyes que nos rigen nos pasen rozando,
sin grandes consecuencias personales, hasta que el sistema se equilibre. El
miedo impide pensar, impide ver más allá.
Por eso, este texto es imprescindible hoy. Porque ayuda a
entender el lastre que supone no pensar, no actuar, no comprometerse por
cambiar esta manipulación y abuso permanente. Y Gramsci lo expresa tan bien,
tan claramente, que después de leerlo o escucharlo es imposible no estar de
acuerdo con él y no cambiar mínimamente de perspectiva. Es un texto que golpea,
despierta y nos hace vernos a nosotros mismos como parte del problema y, esto
es lo interesante, como parte de la solución.
sábado, 1 de junio de 2013
Valentía
Llevamos semanas hablando sobre esta noticia .
(He elegido este titular porque se las trae: ¿¿¿¿"conmueve al mundo"???? ¿De qué mundo hablamos?)Las mismas que yo llevo preguntándome cuál es la noticia. Sé que todo lo que haga esta pareja lo es, pero el tema que nos ocupa no es baladí y a mí me enerva un poco.
Se dice que se dan a conocer este tipo de hechos para que la población se sensibilice y actúe en consecuencia, y así, poder evitar más muerte por dicha enfermedad. Bien, automáticamente me sale una especie de Pepito Grillo que llevo dentro y me pregunta: "¿En EEUU todas las mujeres en la situación de riesgo de Angelina tienen la posibilidad de hacerse esa prueba de prevención que detecta si eres portador del gen mutante que provoca ese cáncer?" No me pregunta sobre la operación en sí porque él sabe que naranjas de la china: poca gente podría pagar esa operación en EEUU. Me pregunta sólo por la prueba, el pobre. La prueba cuesta 4000 dólares y podemos cacarearle la repuesta al unísono:"Pues no, Pepito Grillo. EN EEUU sólo quien tiene dinero puede pagarse un seguro médico y sólo quien tiene un seguro médico (suponemos que uno de cierto nivel, no cualquiera) podría hacerse esa prueba".Así que las mujeres que estén en esa situación de riesgo y no puedan hacerse ni la prueba, ni la operación, estarán supersensibilizadas y superacojonadas y superindignadas, supongo.
Pero volvamos al mundo ignoto-para ellos, los de los EEUU- en el que habitamos. ¿Qué pasa en España? Bien, al parecer las mujeres y hombres con antecedentes familiares de riesgo tienen derecho a hacerse la prueba que detecta si eres portador del gen que desarrolla la enfermedad. El porcentaje de población que está en ese grupo es el 0,4%. Además, ese gen desarrolla un cáncer , llamémoslo, suave; esto es, de poca agresividad y con bastante éxito en el tratamiento que lo combate. Y algo más, la masectomía no evita al 100% la aparición del cáncer. Es decir, la noticia es sensacionalista y no aporta mucho a nadie, salvo algo de morbo y un poquito de confusión y miedo.
Pero mucho mejor que yo lo explica un doctor en el programa de Pepa Fernández de hoy. Pinchando aquí, queda todo mucho más claro:
Mastectomias-preventivas
Brad piensa que su chica es muy valiente por hacer lo que ha hecho. Seguramente lo es. Yo pienso que las valientes son las miles de personas en la misma situación de riesgo que ella, que viven con la incertidumbre de si les tocará o no el gen porque no pueden hacerse la prueba ni operarse. Ojalá, de todos modos, que Angelina pueda esquivar esa espada de Damocles que ya se llevó a su madre. Pero sobre todo, ojalá que las mujeres que la estén sufriendo o la puedan sufrir salgan victoriosas de una lucha que en sí misma es ya una conquista en cada paso.
Es curioso, no he visto grandes debates en torno a esta noticia que a mí me llamó la atención y que, por eso, aquí comento; y ahora, dos mujeres y semanas después, reflexionan un poco en la misma línea que yo.
El domingo 9 de junio apareció esto en el Semanal de El País:
Rosa Montero: salud para todos
Y el 10 de junio encuentro esto en El Mundo
Intereses económicos y salud
y en esto sí que yo no hubiera pensado nunca, claro. De ser cierto, este mundo da miedo.Más miedo.
viernes, 31 de mayo de 2013
Una de baberos
No lo puedo evitar: Me he pedido un cargamento de estos porque no doy abasto :)Como todas las madres, supongo. Pero es que tengo motivos.
Muchos. Y quiero saborearlos cada día y , como todo lo importante, resguardarlos en este cofre de mis tesoros.
Final de Raúl de espalda en el campeonato por colegios de la Comunidad de Madrid
Entrega de medallas: Raúl, medalla de oro
Final de braza
(Recogida de medallas de Braza: Raúl, plata)
FINAL DE RELEVOS
Y etc, etc, etc, etc, etc...
jueves, 30 de mayo de 2013
El golpe
Ocho de la mañana. Una mañana normal. Raúl y yo trasteamos por la cocina para irnos preparando. Salimos en media hora.
De repente, un golpe seco, contundente; de esos que son rotundos e inexplicables o que sólo pueden provenir de donde no quieres que venga. Raúl, que jamás se queja o llora, doblado sobre sí mismo, tapándose la cabeza repitiendo una letanía. La sangre se me agolpa en la cabeza, una lava me recorre cada centímetro de mi cuerpo en un escalofrío. Empiezo a jadear. No puedo ver dónde se ha dado y sólo quiero saber contra qué ha sido. Raúl no puede hablar y yo sólo quiero abrazarlo y que el día vuelva a comenzar. Oir otra vez el despertador y repetir cada acción hasta llegar al golpe. Y evitarlo. No quiero llorar, pero mis lágrimas sí. Por fin, Raúl me enseña dónde se ha dado. Muy cerquita de la sien veo un chichón con sangre. Se ha dado con el quicio de la pared del tendedero al estornudar.Con toda su fuerza y sin verlo venir. Saco unos cubitos y se los pongo en la herida. El dolor va remitiendo. El volcán que me ha recorrido en un circuíto sin salida, también.
No ha sido nada, sólo un golpe. Con ese golpe he recobrado muchas emociones. El pavor de una enfermedad de Raúl, que hasta que no supimos qué era nos arrambló la vida. El hueco de su ausencia en casa, durante su hospitalización.
Un solo golpe. El dolor en la cara de mi hijo y todo se ha descompuesto a mi alrededor. Imposible ya abrazarlo, acunándole, para tranquilizarle y, sin embargo, era lo único que quería hacer ese día: estar abrazada a mi hijo, oliéndole, protegiéndole, viviendo lo único por lo que podría dar mi vida.
Y con ese golpe, recupero lo que con las urgencias del día a día arrincono, aunque no olvido. La certeza de que lo único importante es que él esté bien de salud, que esté contento y pueda disfrutar de una vida normal. La certeza de que frente a eso, todo lo demás son minucias y que no puedo amargarme, amargarnos, la vida por que viva en el más absoluto desorden y por que en su vida reine el despiste, la dejación y la improvisación. Que no puedo vivir en la confrontación continua porque me pierdo lo único que me importa realmente: su sonrisa, su mirada de niño tras esos ojos ávidos y perdidos de su adolescencia.
Un solo golpe. El dolor en la cara de mi hijo y todo se ha descompuesto a mi alrededor. Imposible ya abrazarlo, acunándole, para tranquilizarle y, sin embargo, era lo único que quería hacer ese día: estar abrazada a mi hijo, oliéndole, protegiéndole, viviendo lo único por lo que podría dar mi vida.
Y con ese golpe, recupero lo que con las urgencias del día a día arrincono, aunque no olvido. La certeza de que lo único importante es que él esté bien de salud, que esté contento y pueda disfrutar de una vida normal. La certeza de que frente a eso, todo lo demás son minucias y que no puedo amargarme, amargarnos, la vida por que viva en el más absoluto desorden y por que en su vida reine el despiste, la dejación y la improvisación. Que no puedo vivir en la confrontación continua porque me pierdo lo único que me importa realmente: su sonrisa, su mirada de niño tras esos ojos ávidos y perdidos de su adolescencia.
Y con todas esas reflexiones en un solo golpe, viene el dolor de recordar algunos momentos duros que no supe controlar y que tengo grabados en mi corazón como una llaga.
Un golpe, solo un golpe. Que resuena dentro de mí desde entonces y aparece como un chichón en el alma que me precipita a los recuerdos y al llanto y a decirle a mi hijo por escrito todo lo que no soy capaz de expresar día a día.
Porque la cama deshecha, la ropa por el suelo, el baño sucio se interponen entre la madre que un día fui y el abrazo de mi hijo.
Y soy incapaz de transmitirle todo ese amor, esa pena, esa necesidad de quererle, de abrazarle. Y quiero volver a la cama y taparme y llorar y dormir y despertar y ser otra. Otra madre. La que un día fui y ahora se ha perdido entre silencios y desencuentros.
Solo ha sido un golpe. Un golpe que me ha recordado algo que sé muy bien: la vida puede cambiar en un segundo y podemos perder lo que casi no apreciamos cada día y que es lo más valioso que tenemos.
Un golpe, solo un golpe.
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