Veo amanecer casi todas las mañanas. Tal vez debería decir, siento amanecer casi todas las mañanas. Porque solo voy echando vistazos a ese lienzo de luz y colores que va empapando la mañana y dando vida al mundo, como un manto mágico que cambia a cada minuto.Esa luz nueva, cálida, casi irreal, me envuelve; y, en cada cambio de tonalidad, va reafirmando que vivir es tanto... y, también, que tan solo es eso.
Veo pequeños prodigios.Paso tiempo en el coche, de un lado a otro y cada día, dentro de él, busco.Busco en el cielo y encuentro asombros y regalos.
Encuentro las nubes, sus mil formas y colores. Esos cielos tormentosos, llenos de grises y luces. Los cielos primaverales con el sol que juega al escondite entre nubes blancas y luminosas y nubarrones hermosamente negros que nos obsequian con esa lluvia imprevista.
Encuentro luces y arcoíris. Y pájaros en bandadas, espléndidamente alineados, que nos recuerdan que todo vuelve a empezar.Y casi puedo ver también el viento.
Encuentro montes a lo largo de la carretera. Como sobrevivientes del asfalto y del cemento, que nos permiten recordar que somos naturaleza, que a ella nos debemos y que todo está en ella. Como en esta primavera, en la que se llenan de flores amarillas, intensas y luminosas, como porciones de sol. O flores moradas -otra vez este color- que llegan a emocionarme cuando se arraciman y extienden como una alfombra preciosa que me acompaña en un tramo del camino , fascinándome como un milagro íntimo y frágil.
Veo la naturaleza.
Vivo al lado del campo. Terrenos que todavía conocí labrados y cultivados, ahora descansan y apacientan al rebaño de ovejas al que alimenta sin descanso. Y ahora, después de este invierno lluvioso, el campo está exultante. Preñado de vida que estalla en verdes intensos y macizos de flores amarillas, blancas, moradas...conjugándose con la línea azul del horizonte y enmarcando las montañas todavía nevadas. Una sinfonía de colores, olores...de vida.
Y también al lado de casa, veo el parque y lo disfruto. Converso con él y lo recorro durante las muchas horas que dedico a correr. El parque convierte esa afición, en un acontecimiento. Con el murmullo de las hojas de los árboles al mecerse con el viento, en verano. Con el espectáculo de ocres, marrones y amarillos que me sorprende cada día de otoño. Con las ramas reverdeciendo, cuajadas de brotes de un verde recién estrenado, y las flores abriendo sus tonos y sus fragancias a cada paso, en primavera. Con las sombras de los árboles despojados, que se tiñen de plata en su vigorosa desnudez , en invierno.
Veo dormir a mi hijo. Huelo su respiración, su infinita placidez en esas horas de tregua. Y verle así, entregado inocentemente al descanso, me devuelve al niño que hace ya un tiempo perdí. Al niño que me abrazaba y me llamaba mami, y quería jugar conmigo y me perseguía y buscaba mi risa y mi compañía. Le veo dormir y me acerco besarle, a acariciarle. Impunemente, ahora que no se puede alejar ni rechazarme. Y me pregunto si no le besé, ni lo acompañé, ni jugué con él lo suficiente y por eso ahora está tan lejos, tan diferente.
Veo a mis padres. Envejeciendo y peleando con una sonrisa.Ilusionados, felices, al lado de mi hijo.(¡Cómo me alegro de que mi hijo los esté disfrutando tanto!) Mi padre, con una sonrisa permanente a pesar de sus pesares. Mi madre incansable y pizpireta a pesar de sus muchos pesares. Vivo cada momento con ellos como oportunidades valiosas y únicas. Porque lo son, porque no me quedan muchos. Siento su cariño, su compañía como un tesoro al que intento preservar del paso del tiempo que me los arrebatará. La ternura a veces puede resultar dulce y dolorosa al mismo tiempo.
Veo a mi chico. Y veo generosidad y bondad. Y empiezo a quererme un poco más cuando pienso que alguien como él me cuida y me quiere.
Momentos.Eso es la vida, supongo. Momentos que nos descubren la maravilla de estar vivos.
jueves, 18 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
La hora violeta
En el atardecer hay un momento en el que la luz lo tiñe todo de sombras violetas. Es la hora violeta. Siempre me ha gustado. Ese momento y esta forma de referirse a él. Lo he recordado y disfrutado porque es mi color favorito -como sabéis quienes me conocéis- y porque es un libro de temática feminista de Montserrat Roig. Sin embargo hoy me lleva a esa hora violeta otro libro con el mismo nombre. Lo descubrí leyendo el especial de libros Babelia del sábado pasado. En este caso se trata de un libro que traslada a la literatura una experiencia muy dura. Posiblemente la más dura: la enfermedad y muerte de un hijo: Sergio del Molino, el autor, vuelca en él su propia experiencia.
Siempre busco en la literatura, en el arte, respuestas. O al menos senderos por los que adentrarme y entender mejor la vida. No se me ocurre nada más terrible que ver sufrir a un hijo y perderlo. He vivido muy tangencialmente la tiniebla de ese dolor y no hay forma de describirlo, ni de vivirlo. Te arrasa. Por eso me interesa y me perturba acercarme a testimonios de este tipo. Todavía no he leído el libro del que hablo, pero he leído algún otro y en la columna que comento aparecen referencias (muy interesantes) a otros similares sobre los que indagaré.
En la crítica, aparece una reflexión que tal vez todos, incluidos los autores de estos libros, nos hayamos hecho:El autor se pregunta "¿por qué contar algo así?" Se contesta aunando opiniones con la clara percepción de que la escritura ayuda a "sobrellevar el trance", "a purgar los sentimientos". De nuevo la palabra escrita como camino para entender, para poder vivir mejor.Para poder respirar. Para sobrevivir.
Aunque lo que me ha traído hasta este rincón ha sido una frase del texto que comento:"Estamos en el laberinto del dolor, y eso quiere decir que estamos solos. El dolor asusta a los demás, damos miedo". Responden los padres de un chico muerto en los atentados del 11M a la pregunta de por qué acceden a hablar. Siempre me conmueve ver escritos, muy bien escritos, intuiciones, pensamientos que a mí me cuesta verbalizar. Este es uno de ellos. Estoy convencida de que en el dolor profundo estamos solos. Y , a continuación, siempre me he preguntado cómo acompañar a los otros en ese dolor, con miedo a la intromisión, con temor a rebasar alguna frontera que no puedo intuir. ¿O será una mera excusa y simplemente huyo ante el miedo que me produce su dolor? Creo que no es así, al revés. Pero no lo sé. Ahora podré pensarlo con más claridad y perspectiva. La magia de las palabras, como decía: "Inútiles (muchas veces) e imprescindibles" (siempre).
Estamos solos sí, pero nos quedan la palabra y las pequeñas cosas que dan sentido a la vida. Como dejarse acariciar por esa hora violeta del atardecer y acercarse al dolor de esas otras horas violetas de los que nos rodean, para acompañarles y para aprender a afrontar las nuestras o a no sentirnos tan desamparados ante él. A ser más humanos y mejores personas. O eso quiero creer.
http://blogs.elpais.com/letra-pequena/2013/04/un-padre-huerfano-de-hijo.html
El blog del autor: http://sergiodelmolino.com/tag/la-hora-violeta/
Siempre busco en la literatura, en el arte, respuestas. O al menos senderos por los que adentrarme y entender mejor la vida. No se me ocurre nada más terrible que ver sufrir a un hijo y perderlo. He vivido muy tangencialmente la tiniebla de ese dolor y no hay forma de describirlo, ni de vivirlo. Te arrasa. Por eso me interesa y me perturba acercarme a testimonios de este tipo. Todavía no he leído el libro del que hablo, pero he leído algún otro y en la columna que comento aparecen referencias (muy interesantes) a otros similares sobre los que indagaré.
En la crítica, aparece una reflexión que tal vez todos, incluidos los autores de estos libros, nos hayamos hecho:El autor se pregunta "¿por qué contar algo así?" Se contesta aunando opiniones con la clara percepción de que la escritura ayuda a "sobrellevar el trance", "a purgar los sentimientos". De nuevo la palabra escrita como camino para entender, para poder vivir mejor.Para poder respirar. Para sobrevivir.
Aunque lo que me ha traído hasta este rincón ha sido una frase del texto que comento:"Estamos en el laberinto del dolor, y eso quiere decir que estamos solos. El dolor asusta a los demás, damos miedo". Responden los padres de un chico muerto en los atentados del 11M a la pregunta de por qué acceden a hablar. Siempre me conmueve ver escritos, muy bien escritos, intuiciones, pensamientos que a mí me cuesta verbalizar. Este es uno de ellos. Estoy convencida de que en el dolor profundo estamos solos. Y , a continuación, siempre me he preguntado cómo acompañar a los otros en ese dolor, con miedo a la intromisión, con temor a rebasar alguna frontera que no puedo intuir. ¿O será una mera excusa y simplemente huyo ante el miedo que me produce su dolor? Creo que no es así, al revés. Pero no lo sé. Ahora podré pensarlo con más claridad y perspectiva. La magia de las palabras, como decía: "Inútiles (muchas veces) e imprescindibles" (siempre).
Estamos solos sí, pero nos quedan la palabra y las pequeñas cosas que dan sentido a la vida. Como dejarse acariciar por esa hora violeta del atardecer y acercarse al dolor de esas otras horas violetas de los que nos rodean, para acompañarles y para aprender a afrontar las nuestras o a no sentirnos tan desamparados ante él. A ser más humanos y mejores personas. O eso quiero creer.
http://blogs.elpais.com/letra-pequena/2013/04/un-padre-huerfano-de-hijo.html
El blog del autor: http://sergiodelmolino.com/tag/la-hora-violeta/
sábado, 13 de abril de 2013
Mejor, el silencio
"Un niño no tiene que aguantar presión en la puerta de su casa" Esto es lo que ha aportado el socialista Felipe González frente a la reacción de la gente que defiende a los desahuciados, los llamados "escraches" .
Me encantaría poderle preguntar al señor González, si un niño tiene que aguantar la presión de ver cómo les ponen de patitas en la calle, a él y a toda su familia, y les cierran la puerta de su casa, sin más alternativas, sin ninguna solución posible, y sólo para que un banco se quede con su casa (con la que se ha lucrado) para tenerla cerrada.
Señor González, ningún niño debería aguantar presiones de ningún tipo. Pero vamos a organizarnos ¿no le parece? Deberíamos empezar por clasificar por orden de prioridad, los distintos tipos de presiones que puede sufrir un niño, por el nivel de repercusión tanto emocional como vital, que le puede suponer. EL niño que sufre el escrache de sus padres y sufre esa presión, tiene una casa en la que refugiarse y sentirse protegido (por no hablar de que tiene unos padres con trabajo...etc). El otro niño, del que usted parece no acordarse, sufre la presión de ver a su familia destrozada, la presión de ver cómo su hogar ya no existe, la presión de ver cómo les echan del lugar que él entiende como su único lugar en el mundo, la presión de la desesperación de sus padres. Y este niño, no tiene alternativas ni un refugio donde sentirse protegido.Aunque puestos a clasificar presiones, ¿qué me dice de la presión que tiene que soportar un niño cuyo progenitor se suicida por pura desesperación al ver cómo pierde su casa sin alternativas (posiblemente, repito, para que el banco la mantenga cerradita, pero eso sí a buen recaudo)?
Y, para terminar, otra pregunta que no cesa de rondarme : ¿no tiene usted, reputado e insigne socialista español, nada más interesante y elaborado que aportar a la sociedad, en este momento tan complicado? Si esto es todo lo que usted sugiere como reflexión para un cambio que ayude a mejorar la situación actual, se lo digo sin acritud, señor González: quédese en casita, con sus bonsais .Quizá entre ellos sus reflexiones no resulten tan diminutas.
Para contrarrestar el ingenio de este buen hombre:
Una idea luminosa
El otro día, en no recuerdo qué periódico, me encontré con una pequeña noticia (casi siempre lo que me interpela aparece en pequeñas noticias). Alguien había creado una asociación cuyo objetivo era llevar la música a las personas hospitalizadas. La asociación se llama: "Música en vena". Me pareció, todo-la idea, el nombre de la asociación- luminoso. Uno de esos destellos que siempre me sorprenden pensando:"¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes?". Entré en su página web y vi lo que estaban haciendo.
http://www.musicaenvena.com/
Estar enfermo es muy duro por muchos motivos, pero se nos olvida que la persona en el hospital deja de disfrutar de las pequeñas cosas que hacen la vida mucho más transitable. No puedo imaginar un momento más delicado, en el que más necesitemos que la vida sea un poquito más amable, más humana, que un ingreso hospitalario. La vida se trunca y quedas separado de tus cosas, de tu "libertad"; anclado a un mundo de sinsabores y una rutina que en nada se asemeja a la de tu actividad normal, lejos de casa y de todo lo que te hace vivir con alegría. Nada es más necesario entonces que la luz, el calor, la esperanza. Y la música en directo es todo eso, y meterla en vena puede ser un suero especial que refuerce el ánimo y las ganas de continuar luchando.
Seguí leyendo y vi otra iniciativa que van a llevar a cabo: llevar los grabados de Durero que ahora están en la Biblioteca Nacional a un hospital. Me quedé sobrecogida. Nunca antes lo había pensado. Un enfermo hospitalario no puede visitar un museo, no puede gozar de algo tan simple como disfrutar de un cuadro en una exposición. Y quizá porque últimamente lo que más me enriquece y me hace sentir viva sea la música, el arte y el teatro, he sentido que todo este proyecto es mágico y absolutamente imprescindible.
En estos momentos, la muerte que nos gobierna quiere que todas estas iniciativas desaparezcan o sean simples negocios. Se impone la ley del dinero y se desbarata cualquier actividad que no sea rentable o lucrativa. Por eso siento que ahora más que nunca necesitamos alternativas tan brillantes. Para iluminar a los más desvalidos y desprotegidos, para conjurar la tristeza y el dolor, para recordarnos a todos que somos frágiles y nos necesitamos. Para entender que la vida está en las pequeñas cosas y en ayudarnos a avanzar. Avanzar en un mundo donde las personas, las emociones, la salud, la educación, sean lo importante. Por encima de beneficios (para unos pocos) y de rentabilidades.
Para los que sabéis perfectamente la importancia de proyectos como este, mucho ánimo.
(Foto de la página web http://www.musicaenvena.com/

http://www.musicaenvena.com/
Estar enfermo es muy duro por muchos motivos, pero se nos olvida que la persona en el hospital deja de disfrutar de las pequeñas cosas que hacen la vida mucho más transitable. No puedo imaginar un momento más delicado, en el que más necesitemos que la vida sea un poquito más amable, más humana, que un ingreso hospitalario. La vida se trunca y quedas separado de tus cosas, de tu "libertad"; anclado a un mundo de sinsabores y una rutina que en nada se asemeja a la de tu actividad normal, lejos de casa y de todo lo que te hace vivir con alegría. Nada es más necesario entonces que la luz, el calor, la esperanza. Y la música en directo es todo eso, y meterla en vena puede ser un suero especial que refuerce el ánimo y las ganas de continuar luchando.
Seguí leyendo y vi otra iniciativa que van a llevar a cabo: llevar los grabados de Durero que ahora están en la Biblioteca Nacional a un hospital. Me quedé sobrecogida. Nunca antes lo había pensado. Un enfermo hospitalario no puede visitar un museo, no puede gozar de algo tan simple como disfrutar de un cuadro en una exposición. Y quizá porque últimamente lo que más me enriquece y me hace sentir viva sea la música, el arte y el teatro, he sentido que todo este proyecto es mágico y absolutamente imprescindible.
En estos momentos, la muerte que nos gobierna quiere que todas estas iniciativas desaparezcan o sean simples negocios. Se impone la ley del dinero y se desbarata cualquier actividad que no sea rentable o lucrativa. Por eso siento que ahora más que nunca necesitamos alternativas tan brillantes. Para iluminar a los más desvalidos y desprotegidos, para conjurar la tristeza y el dolor, para recordarnos a todos que somos frágiles y nos necesitamos. Para entender que la vida está en las pequeñas cosas y en ayudarnos a avanzar. Avanzar en un mundo donde las personas, las emociones, la salud, la educación, sean lo importante. Por encima de beneficios (para unos pocos) y de rentabilidades.
Para los que sabéis perfectamente la importancia de proyectos como este, mucho ánimo.
(Foto de la página web http://www.musicaenvena.com/
¿Por qué este blog? La palabra escrita
Cada día me surgen ideas, reflexiones, impresiones, emociones...que voy almacenando en mi interior con la necesidad de salir, de expresarse, de tomar cuerpo y sentirse con claridad. Para ello siempre necesito la escritura. La palabra escrita, siempre. Y ahora que ya no sé dónde guardar tanto cuaderno y que, con frecuencia, pierdo mis impresiones en hojas que no sé dónde están o en cuadernos que ya no identifico, me he decidido a crear este espacio donde poder recoger ese concierto de voces que, a menudo, me acompañan con necesidad de salir de mí.
Mi amigo César de Vicente también es responsable de este intento. Gracias a él participé en la publicación de una columna en un boletín y gracias a él sentí más que nunca esta necesidad de pensar en voz alta, hilvanando impresiones con el hilo de la palabra escrita.
Este diario nace, pues, como necesidad personal y como otra forma de encontrarme conmigo, con el mundo, a través de la palabra.Incorporaré aquello que me agita y que logro digerir y descifrar mucho mejor al escribirlo, al pensarlo puesto en palabras.
Bienvenidos.
Mi amigo César de Vicente también es responsable de este intento. Gracias a él participé en la publicación de una columna en un boletín y gracias a él sentí más que nunca esta necesidad de pensar en voz alta, hilvanando impresiones con el hilo de la palabra escrita.
Este diario nace, pues, como necesidad personal y como otra forma de encontrarme conmigo, con el mundo, a través de la palabra.Incorporaré aquello que me agita y que logro digerir y descifrar mucho mejor al escribirlo, al pensarlo puesto en palabras.
Bienvenidos.
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