Hay mujeres que luchan un día y son buenas. Hay otras que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenas. Pero hay las que luchan toda la vida, esas son las imprescindibles.
Ella no lo sabe. Ni se lo imagina. Nunca lo sabrá. Por mi propio pudor y por respeto al suyo.
Yo escribo, entre otras cosas, para ella.
No la conozco. Nos vimos un día. Me identificó por mis escritos, por la emoción que le producen.
Es una mujer hermosa. Fuerte, generosa. Una luchadora.
Y escribo para ella. Ella no lo sabe pero pulso las teclas pensando en ella. Pulsando cada letra, empujando, haciendo fuerza por ella. Para que cada signo se transforme en energía y optimismo. Para vencer con ella en esa lucha a la que se enfrenta de forma silenciosa, valiente.
Ella no lo sabe pero me conmovió profundamente. Y con ese movimiento la acompaño. También en silencio, emocionada.
Hay personas que sin proponérselo son una lección de vida y ejemplo. Faros modestos que iluminan sin saberlo y que enseñan a vivir y a luchar y abren veredas en medio de su propia oscuridad.
Va por vosotras
martes, 13 de enero de 2015
lunes, 12 de enero de 2015
Sístole, diástole
Veo este calendario y me aletea el corazón.
Como si cada uno de esos otros corazones fueran un latido del mío.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Me siento tan orgullosa de ellos... De todo lo que encierran y significan. De la fuerza y la entrega, de la alegría y de la esperanza, de las cosas bien hechas,del compromiso , de la ternura; de lo pequeño y de lo inmenso, de la generosidad y la emoción.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Hileras silenciosas
que acompañan a los magos -los músicos- a realizar la proeza de aventar sufrimientos, de deshacer nudos y miedos, de iluminar sombras y fecundarlas.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Voluntarias, voluntariosas...sístole, diástole; sístole, diástole... que mantienen el bote a flote...sístole, diástole; sístole, diástole... que acompañan a la capitana e intentan arroparla...sístole, diástole; sístole, diástole... sin las que ella, tal vez, en algún momento, habría pensado en tirar la toalla...sístole, diástole; sístole, diástole...
Pero ahí están ellas y la capitana siente que puede seguir por estas y por otras muchas estelas ...sístole, diástole; sístole, diástole...
Los que hemos tenido el privilegio de vivirlo, de sentir el vendaval de prodigios que se desata tras unas notas musicales en la sala de un hospital, sabemos de la necesidad de que Música en Vena no pare nunca. De que se nutra de su propia maravilla y siga conjurando congojas y acolchando el dolor con la mullida esperanza de la música.
Voluntarias generosas...sístole, diástole; sístole, diástole...Y en mi caso, fieramente egoísta. Porque formar parte de esto, poder vivirlo, cuidarlo, fortalecerlo, es un regalo que me devuelve la fe en la vida y en las personas y me hace sentir que no estamos solos y que en los momentos más duros siempre podrá haber alguien que nos aupe y nos salve o , al menos, nos acompañe, a lomos de un pentagrama y una sonrisa, desgranados en arpegios de emoción y calor.
Sístole y diástole...

Como si cada uno de esos otros corazones fueran un latido del mío.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Me siento tan orgullosa de ellos... De todo lo que encierran y significan. De la fuerza y la entrega, de la alegría y de la esperanza, de las cosas bien hechas,del compromiso , de la ternura; de lo pequeño y de lo inmenso, de la generosidad y la emoción.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Hileras silenciosas
que acompañan a los magos -los músicos- a realizar la proeza de aventar sufrimientos, de deshacer nudos y miedos, de iluminar sombras y fecundarlas.
Sístole, diástole; sístole, diástole...
Voluntarias, voluntariosas...sístole, diástole; sístole, diástole... que mantienen el bote a flote...sístole, diástole; sístole, diástole... que acompañan a la capitana e intentan arroparla...sístole, diástole; sístole, diástole... sin las que ella, tal vez, en algún momento, habría pensado en tirar la toalla...sístole, diástole; sístole, diástole...
Pero ahí están ellas y la capitana siente que puede seguir por estas y por otras muchas estelas ...sístole, diástole; sístole, diástole...
Los que hemos tenido el privilegio de vivirlo, de sentir el vendaval de prodigios que se desata tras unas notas musicales en la sala de un hospital, sabemos de la necesidad de que Música en Vena no pare nunca. De que se nutra de su propia maravilla y siga conjurando congojas y acolchando el dolor con la mullida esperanza de la música.
Voluntarias generosas...sístole, diástole; sístole, diástole...Y en mi caso, fieramente egoísta. Porque formar parte de esto, poder vivirlo, cuidarlo, fortalecerlo, es un regalo que me devuelve la fe en la vida y en las personas y me hace sentir que no estamos solos y que en los momentos más duros siempre podrá haber alguien que nos aupe y nos salve o , al menos, nos acompañe, a lomos de un pentagrama y una sonrisa, desgranados en arpegios de emoción y calor.
Sístole y diástole...
sábado, 10 de enero de 2015
Deshilvanar el hilo de la vida
Me ha encantado este vídeo porque refleja de una forma simple y emocionante, pero muy clara, la sensación de que la vida se escapa.
Esa sensación de que todo se deshace y de que , impotente, has de saber despedirte. Yo no sé. No sé cómo aprender. Solo se me ocurre aprovechar el tiempo, compartir más tiempo, saborear el simple estar con los que quiero y no estarán. Hacerlo con esa sensación de sentir el hilo deslizarse entre mis manos es doloroso y dulce al mismo tiempo. Y es de esas emociones imposibles de transferir o compartir.
Es cierto que no es necesario morir para perder el hilo de la vida. Y , quizá, esa sea la muerte más inútil y más aciaga.
Esa sensación de que todo se deshace y de que , impotente, has de saber despedirte. Yo no sé. No sé cómo aprender. Solo se me ocurre aprovechar el tiempo, compartir más tiempo, saborear el simple estar con los que quiero y no estarán. Hacerlo con esa sensación de sentir el hilo deslizarse entre mis manos es doloroso y dulce al mismo tiempo. Y es de esas emociones imposibles de transferir o compartir.
Es cierto que no es necesario morir para perder el hilo de la vida. Y , quizá, esa sea la muerte más inútil y más aciaga.
viernes, 26 de diciembre de 2014
LA CANCIÓN QUE CURA
Es difícil definir LA CANCIÓN QUE CURA.
Porque no es una canción. Es un maravilloso proyecto que intenta suavizar la estancia de la gente en los hospitales. Lo intenta y lo consigue y crea unos encuentros donde las experiencias se contaminan y se transforman. La música es mucho más que música y el pesar de la hospitalización se carga de colores y emociones. Es Música en Vena.
No es una canción, decía, pero también lo es porque esta canción- que es el regalo que nos hace MeV y sus generosos colaboradores- es una canción pegadiza, llena de vitalidad y optimismo; que engancha y alumbra.
Tampoco cura, claro. Ójala con una simple melodía pudieramos sanar. ¿O sí? ¿Sí cura? ¿Porque hay algo que nos ayude más a restablecernos que la ilusión, la alegría, el calor, la certeza de no sabernos solos, la caricia de la esperanza? ¿Hay algo más saludable que la compañía y la emoción? ¿Algo más milagroso que la posibilidad de otros mundos en medio del desconsuelo y la derrota?
Pues todo eso es esta canción y su proyecto. Todo esto es La canción que cura.
Ahora solo hace falta que tú y yo la regalemos y colaboremos con ello a que Música en Vena pueda continuar regalando esperanza y calor.
Es un regalo de ida y vuelta. Regalaremos aliento a los que sufren al tiempo que nos haremos el regalo muy especial y diferente de decirle a esas personas a las que queremos que son importantes y especiales para nosotros.
"REGALATELES" LA CANCIÓN QUE CURA
Porque no es una canción. Es un maravilloso proyecto que intenta suavizar la estancia de la gente en los hospitales. Lo intenta y lo consigue y crea unos encuentros donde las experiencias se contaminan y se transforman. La música es mucho más que música y el pesar de la hospitalización se carga de colores y emociones. Es Música en Vena.
No es una canción, decía, pero también lo es porque esta canción- que es el regalo que nos hace MeV y sus generosos colaboradores- es una canción pegadiza, llena de vitalidad y optimismo; que engancha y alumbra.
Tampoco cura, claro. Ójala con una simple melodía pudieramos sanar. ¿O sí? ¿Sí cura? ¿Porque hay algo que nos ayude más a restablecernos que la ilusión, la alegría, el calor, la certeza de no sabernos solos, la caricia de la esperanza? ¿Hay algo más saludable que la compañía y la emoción? ¿Algo más milagroso que la posibilidad de otros mundos en medio del desconsuelo y la derrota?
Pues todo eso es esta canción y su proyecto. Todo esto es La canción que cura.
Ahora solo hace falta que tú y yo la regalemos y colaboremos con ello a que Música en Vena pueda continuar regalando esperanza y calor.
Es un regalo de ida y vuelta. Regalaremos aliento a los que sufren al tiempo que nos haremos el regalo muy especial y diferente de decirle a esas personas a las que queremos que son importantes y especiales para nosotros.
"REGALATELES" LA CANCIÓN QUE CURA
domingo, 21 de diciembre de 2014
viernes, 28 de noviembre de 2014
Esa delgada línea
Viernes. Hospital Gregorio Marañón.
Van a buscarnos. Una enfermera encantadora nos conduce a la puerta que nos espera cerrada y que han de abrirnos para poder entrar.
Venimos de oncología, del hospital de día, donde Paco ha calentado un día gris y lluvioso con su guitarra. Los pacientes, agradecidos, aplauden como pueden y le avisan: "Esto que oyes, sonaría el doble". Porque los cabos que los atan a la vida les impiden aplaudir como quisieran. Un sevillano le pide a Paco que le regale otro ratito y así le deleita con ese flamenquito que le devuelve a su tierra y al optimismo.
Estamos, ahora, en siquiatría. Nos recibe una estancia de un color y una luz cálidos. Mucho más que otras estancias del hospital tan blancas y frías. Se cierra la puerta tras nosotros. Las enfermeras, emocionadas, nos reciben y , temerosas, se dicen y nos dicen "vamos a ver qué tal". Porque nadie se acuerda de esta planta y ellos tienen una vida tan dura y tan pesada en el hospital...
Repartimos sillas por una sala y empiezan a llegar. Se sientan. Llenan la sala. Miradas perdidas, otras inquisitivas, nerviosas. Otras no están. Bloques de soledad. En ningún otro espacio se puede sentir la soledad y la derrota como en esta sala. Perdidos en su trastorno, se cuelgan en las cuerdas de Paco y mecen su vacio entre las notas de su guitarra. Descansan sobre la música como Sísifos agradecidos. Se cuelgan de Paco y de la pasión con la que puntea y rasga sus corazones. Los dedos de Paco pulsando resortes escondidos. Punteos conmovedores que recorren como agua fresca , el desolado desierto de la enfermedad. Pura Música en Vena.
Algunos dicharacheros, se lanzan a comentar detrás de cada actuación. Mermados por su enfermedad expresan emociones, acuden a ellas y las desvisten para todos nosotros con una pureza y un entusiasmo turbadores.
No son quienes quieren ser, no saben quiénes son; pero, sin saberlo, son pura emoción. Cristalina, como la música de Paco, que, en estado de gracia, nos levanta el vello. Respira la guitarra de Paco que cierra los ojos entregado al prodigio que se está creando en esa sala.
Nos regala una maravilla que creó para dar gracias a quienes le cuidaron y le devolvieron la salud, tras pasar por una enfermedad. Les dice a los que le escuchan que prefiere estar entre ellos que ante un auditorio en el Teatro Real. Y la honestidad, esa que tanto echamos en falta en todas partes, hace que una señora- que se ha pasado todo el tiempo gritandole a Paco "guapo" (porque lo es)- equivocada, le diga muy seria: " no digas eso ni en broma. Porque tú haces esto por caridad". Y Paco, acertado como ha estado toda la mañana le responde con la única respuesta posible: "No, lo hago por cariño". Y eso, el cariño, no tiene parangón. La señora en su desvarío ha dicho lo que sentía, sin tapujos, sin pensarlo. Transparente. Y del mismo modo ha recogido la respuesta de Paco, que después ella ha hecho carne, dándonos besos a todos al finalizar la reunión.
El ser humano perdido, descansando en una guitarra y en el arte de un hombre traspasado por la emoción de su propia pasión y del portento tan especial que se ha creado en esa sala.
Locos. Sí. Y ellos se ríen al decirlo y juegan con la palabra y nos dicen cosas como "estamos locos pero no somos tontos" o "me voy a volver loca" del berrinche porque hay quien se ha emocionado al estremecerse en esa nana y en la alegría de saber que hoy tenía el alta y dejaba atrás ese mundo de sinrazón y de emociones y dolor. Y mucha soledad. La soledad del que se sabe perdido sin recordar que alguna vez tuvo un sitio al que volver. Una soledad estratosférica, sin ningún lazo del que tirar que les recuerde que es posible volver allí donde un día todo era posible.
El que piense que está lejos de ese mundo imposible, está más cerca de lo que cree. Esa delgada línea está ahí esperando para que cualquiera de nosotros la crucemos sin poderlo remediar. Y en esta sociedad deshumanizada, donde lo único que cuenta son los resultados económicos y donde es fácil sentir que has fracasado, la enfermedad mental aumenta como una plaga. El ser humano desasistido es la marca de esta sociedad despiadada.
Pero hoy esos seres humanos nos han dado una lección y nos han demostrado que pueden quitarnos todo menos la emoción. Que un artista con su pasión puede devolverles por un instante el lazo que los reconcilia con la vida. Un simple esbozo de luz que asomaba en sus ojos perdidos y les hacia parecer menos solos en medio de tanta gente, en medio de su gran soledad. Bloques de soledad regados por música y emoción.
La enfermera de planta, emocionada y muy agradecida, nos acompaña hasta la puerta que ha de abrirnos de nuevo y asegurarse que queda bien cerrada. Dentro se quedan ellos que, según nos dice la amable enfermera, tendrán para dos meses con el recuerdo de esta visita que les ha llenado un poco unas vidas tristes y vacías donde las horas se miden por la intensidad de un dolor que no comprenden y del que no pueden deshacerse.
Volvemos en nosotros siendo conscientes de haber presenciado algo muy especial. Quizá sean estos todos los milagros que podemos esperar hoy en día. Los milagros realizados con una guitarra, entrega y mucha emoción.
Ya lo dijo un sabio que no está entre nosotros:
"La emoción es primero. Primero se siente y después viene lo demás, el pensamiento, que se estructura en palabras. (José Luis Sampedro)
Aquí dejo las mías como auténtica necesidad después de tanta emoción. Como siempre, GRACIAS, MeV.
Van a buscarnos. Una enfermera encantadora nos conduce a la puerta que nos espera cerrada y que han de abrirnos para poder entrar.
Venimos de oncología, del hospital de día, donde Paco ha calentado un día gris y lluvioso con su guitarra. Los pacientes, agradecidos, aplauden como pueden y le avisan: "Esto que oyes, sonaría el doble". Porque los cabos que los atan a la vida les impiden aplaudir como quisieran. Un sevillano le pide a Paco que le regale otro ratito y así le deleita con ese flamenquito que le devuelve a su tierra y al optimismo.
Estamos, ahora, en siquiatría. Nos recibe una estancia de un color y una luz cálidos. Mucho más que otras estancias del hospital tan blancas y frías. Se cierra la puerta tras nosotros. Las enfermeras, emocionadas, nos reciben y , temerosas, se dicen y nos dicen "vamos a ver qué tal". Porque nadie se acuerda de esta planta y ellos tienen una vida tan dura y tan pesada en el hospital...
Repartimos sillas por una sala y empiezan a llegar. Se sientan. Llenan la sala. Miradas perdidas, otras inquisitivas, nerviosas. Otras no están. Bloques de soledad. En ningún otro espacio se puede sentir la soledad y la derrota como en esta sala. Perdidos en su trastorno, se cuelgan en las cuerdas de Paco y mecen su vacio entre las notas de su guitarra. Descansan sobre la música como Sísifos agradecidos. Se cuelgan de Paco y de la pasión con la que puntea y rasga sus corazones. Los dedos de Paco pulsando resortes escondidos. Punteos conmovedores que recorren como agua fresca , el desolado desierto de la enfermedad. Pura Música en Vena.
Algunos dicharacheros, se lanzan a comentar detrás de cada actuación. Mermados por su enfermedad expresan emociones, acuden a ellas y las desvisten para todos nosotros con una pureza y un entusiasmo turbadores.
No son quienes quieren ser, no saben quiénes son; pero, sin saberlo, son pura emoción. Cristalina, como la música de Paco, que, en estado de gracia, nos levanta el vello. Respira la guitarra de Paco que cierra los ojos entregado al prodigio que se está creando en esa sala.
Nos regala una maravilla que creó para dar gracias a quienes le cuidaron y le devolvieron la salud, tras pasar por una enfermedad. Les dice a los que le escuchan que prefiere estar entre ellos que ante un auditorio en el Teatro Real. Y la honestidad, esa que tanto echamos en falta en todas partes, hace que una señora- que se ha pasado todo el tiempo gritandole a Paco "guapo" (porque lo es)- equivocada, le diga muy seria: " no digas eso ni en broma. Porque tú haces esto por caridad". Y Paco, acertado como ha estado toda la mañana le responde con la única respuesta posible: "No, lo hago por cariño". Y eso, el cariño, no tiene parangón. La señora en su desvarío ha dicho lo que sentía, sin tapujos, sin pensarlo. Transparente. Y del mismo modo ha recogido la respuesta de Paco, que después ella ha hecho carne, dándonos besos a todos al finalizar la reunión.
El ser humano perdido, descansando en una guitarra y en el arte de un hombre traspasado por la emoción de su propia pasión y del portento tan especial que se ha creado en esa sala.
Locos. Sí. Y ellos se ríen al decirlo y juegan con la palabra y nos dicen cosas como "estamos locos pero no somos tontos" o "me voy a volver loca" del berrinche porque hay quien se ha emocionado al estremecerse en esa nana y en la alegría de saber que hoy tenía el alta y dejaba atrás ese mundo de sinrazón y de emociones y dolor. Y mucha soledad. La soledad del que se sabe perdido sin recordar que alguna vez tuvo un sitio al que volver. Una soledad estratosférica, sin ningún lazo del que tirar que les recuerde que es posible volver allí donde un día todo era posible.
El que piense que está lejos de ese mundo imposible, está más cerca de lo que cree. Esa delgada línea está ahí esperando para que cualquiera de nosotros la crucemos sin poderlo remediar. Y en esta sociedad deshumanizada, donde lo único que cuenta son los resultados económicos y donde es fácil sentir que has fracasado, la enfermedad mental aumenta como una plaga. El ser humano desasistido es la marca de esta sociedad despiadada.
Pero hoy esos seres humanos nos han dado una lección y nos han demostrado que pueden quitarnos todo menos la emoción. Que un artista con su pasión puede devolverles por un instante el lazo que los reconcilia con la vida. Un simple esbozo de luz que asomaba en sus ojos perdidos y les hacia parecer menos solos en medio de tanta gente, en medio de su gran soledad. Bloques de soledad regados por música y emoción.
La enfermera de planta, emocionada y muy agradecida, nos acompaña hasta la puerta que ha de abrirnos de nuevo y asegurarse que queda bien cerrada. Dentro se quedan ellos que, según nos dice la amable enfermera, tendrán para dos meses con el recuerdo de esta visita que les ha llenado un poco unas vidas tristes y vacías donde las horas se miden por la intensidad de un dolor que no comprenden y del que no pueden deshacerse.
Volvemos en nosotros siendo conscientes de haber presenciado algo muy especial. Quizá sean estos todos los milagros que podemos esperar hoy en día. Los milagros realizados con una guitarra, entrega y mucha emoción.
Ya lo dijo un sabio que no está entre nosotros:
"La emoción es primero. Primero se siente y después viene lo demás, el pensamiento, que se estructura en palabras. (José Luis Sampedro)
Aquí dejo las mías como auténtica necesidad después de tanta emoción. Como siempre, GRACIAS, MeV.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Un hambre feroz
Ayer regresé a casa con un hambre voraz. Un hambre violento y penitente, lleno de rabia. Venía de ver a unas niñas desarmadas enfrentándose a un enemigo inconmensurable. Un enemigo que ellas no entienden ni ante el que se defienden pues lo han convertido en su aliado, en el sentido de su vida, y es parte de ellas. Su lucha consiste en resistirse, en amar ese monstruo que las desbarata y al que han entregado su vida como un acto de identidad y de bien supremo. Perder la vida y en cada jirón perdido conseguir una victoria. Ganan batallas entregándose a la muerte, negando la vida que es lo único que tienen.
¿Cómo se gana una guerra en la que tu aliada es tu propia muerte? ¿Cómo se vive en una sociedad que promueve batallas contra la vida? La muerte nos gobierna y su sufrimiento es un ejemplo claro.
A "ese jardín de las delicias", llegó ayer Música en Vena (MeV) con el aire fresco de una joven música en directo.
Tres jóvenes con sus guitarras y sus voces les llevaron otro mundo donde el monstruo se desvanece levemente. One, two, one, two, three y....suenan los primeros acordes y ya estamos en ese otro universo de emociones donde todo es posible. Y ellas, muy jóvenes algunas, apagadas y como ausentes otras, reticentes y en posición de ataque otras....se abandonan a ese bálsamo que les dice que la vida es mucho más que perder kilos, que hay placeres que dan sentido a la existencia y que respirar consiste en sentir y no en tener una estética o un percentil. Y todas, todas, se entregan a esa fiesta improvisada y cantan y son un grupo de jovencitas viviendo y siendo ellas. Todo eso sucedió así aunque ellas no lo sepan todavía.
Las voces de Virginia y Sananda se entregan a su interpretación con auténtica pasión. Se instalan en el bajo de Jaime y la guitarra de Sananda y se nos erizan los vellos y una energía purificadora recorre la sala.
Pienso que esos jóvenes cantando con toda su alma para ellas son mucho más que música, que un acto musical. El antídoto no solo es emocional. Mirándoles a ellos, sintiendo con ellos su música, las chicas aprenden una lección que no les podría llegar de ningún otro modo: vivir no depende de una báscula. Una báscula no puede presidir la vida. Quizá ellas no lo sepan, no lo aprendan en ese momento. Pero sé o quiero pensar que esa semillita se queda instalada en sus frágiles corazones y confabulará contra esa sombra que ahora habita sus días.
Nos vamos y se entristecen. Por motivo doble. Se acaba el paréntesis de alegría y llega la cena.El espejismo se desvanece, el monstruo aparece en total esplendor. La tortura más insoportable de la que no pueden escapar. Hoy hay pizza, huummmm les digo y una chica me dice sombríamente que me la da. Disfrutar de una comida rica es su tortura y harían todo lo posible para zafarse de ella si no las controlaran férreamente. Comen en lucha. Y su rabia quisiera destruir los nutrientes en esa bajada inevitable a los infiernos.
Vuelvo a casa con un hambre feroz y como ferozmente. Como queriendo anular su propia furia y como queriendo contrarrestar lo mucho que yo también he contribuído a esa locura colectiva que nos lleva a estos espacios de desesperanza y sinsentido donde las calorías se convierten en el único latido que quieren contar.
MeV es un proyecto necesario por muchas cosas. A mí, egoistamente, me parece imprescindible. No me canso de decirlo. Por lo mucho que entrega generosamente y por su capacidad de transformar las sombras en luz. Pero sobre todo por lo mucho que nos enseña de nosotros mismos y especialmente por lo mucho que nos enseña sobre lo que ya sabemos y no queremos mirar de frente.
MeV requiere de valentía para asomarse a ese espejo en el que todos podemos ver lo que realmente somos. Por eso duele.Por eso sana. Por eso es imprescindible para todos.
¿Cómo se gana una guerra en la que tu aliada es tu propia muerte? ¿Cómo se vive en una sociedad que promueve batallas contra la vida? La muerte nos gobierna y su sufrimiento es un ejemplo claro.
A "ese jardín de las delicias", llegó ayer Música en Vena (MeV) con el aire fresco de una joven música en directo.
Las voces de Virginia y Sananda se entregan a su interpretación con auténtica pasión. Se instalan en el bajo de Jaime y la guitarra de Sananda y se nos erizan los vellos y una energía purificadora recorre la sala.
Pienso que esos jóvenes cantando con toda su alma para ellas son mucho más que música, que un acto musical. El antídoto no solo es emocional. Mirándoles a ellos, sintiendo con ellos su música, las chicas aprenden una lección que no les podría llegar de ningún otro modo: vivir no depende de una báscula. Una báscula no puede presidir la vida. Quizá ellas no lo sepan, no lo aprendan en ese momento. Pero sé o quiero pensar que esa semillita se queda instalada en sus frágiles corazones y confabulará contra esa sombra que ahora habita sus días.
Nos vamos y se entristecen. Por motivo doble. Se acaba el paréntesis de alegría y llega la cena.El espejismo se desvanece, el monstruo aparece en total esplendor. La tortura más insoportable de la que no pueden escapar. Hoy hay pizza, huummmm les digo y una chica me dice sombríamente que me la da. Disfrutar de una comida rica es su tortura y harían todo lo posible para zafarse de ella si no las controlaran férreamente. Comen en lucha. Y su rabia quisiera destruir los nutrientes en esa bajada inevitable a los infiernos.
Vuelvo a casa con un hambre feroz y como ferozmente. Como queriendo anular su propia furia y como queriendo contrarrestar lo mucho que yo también he contribuído a esa locura colectiva que nos lleva a estos espacios de desesperanza y sinsentido donde las calorías se convierten en el único latido que quieren contar.
MeV es un proyecto necesario por muchas cosas. A mí, egoistamente, me parece imprescindible. No me canso de decirlo. Por lo mucho que entrega generosamente y por su capacidad de transformar las sombras en luz. Pero sobre todo por lo mucho que nos enseña de nosotros mismos y especialmente por lo mucho que nos enseña sobre lo que ya sabemos y no queremos mirar de frente.
MeV requiere de valentía para asomarse a ese espejo en el que todos podemos ver lo que realmente somos. Por eso duele.Por eso sana. Por eso es imprescindible para todos.
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