sábado, 6 de diciembre de 2025

Tanto tú

 Siento que aterrizo en la esencia de lo que significa estar aquí.

Ahora que no puedo compartirlo contigo, entiendo tantas cosas que antes no lograba entenderte...

La importancia de las causas pequeñas perdidas

El valor de lo humilde

La esencia en la vida real de los que nada tienen

El rechazo a un barrio, a una calle, a todo lo que representan

La defensa de la verdad por pequeña sea

La lucha por lo común que es lo único que nos sostiene

El amor compartido y libre , sin etiquetas ni fronteras


¿Cómo puedo seguir aquí sin tus abrazos?

Eso todavía no he logrado desentrañarlo

Invierno

 Siempre que vuelvo aquí es por ti.

Ya no hay días señalados, ni siquiera el que nunca fue y estaba ahí derrumbándolo todo.

Creo que tiene que ver más con la oscuridad y el frío y por volver a lo que siempre eres para mí: la luz y el cobijo.

El frío...la congoja...la intemperie... la tristeza... la rabia...

Llega el invierno. Casi como un acto de justicia. Porque la vida es invierno desde tú no la habitas.



Se me va

 Sabe que si se para, la para. 

Con sus más doscientos puntos de cruz bordando su maltrecho cuerpo, tejiendo las prótesis que la sustentan en preciosas cicatrices que escuecen y duelen como en un diálogo entre la superación y el suplicio, entre el milagro y la resistencia.

Se lanza a la calle. En un carrera contra la adversidad. Y la gana siempre.


La estoy perdiendo.

Se diluye. Su mente pierde pie. A pasos agigantados.

La pierdo.

Abrazo el humo que va dejando  cada olvido,  cada despiste.

Airada, intento encarrilar su extraviada mente. Con rabia. ¿Airada? ¿Con rabia? Se me va entre los dedos y el puro miedo toma el mando. Impotente. Derrotado. El miedo.

Se me va. 

Y solo se me ocurre acompañarla en su vacío. Estar ahí. Ser testigo de su disolución que ella admite con serenidad. De repente es una niña divertida ante sus ausencias.

La pierdo

Y me agarro con uñas y dientes a cada día que paso a su lado, cada vez más desvaída.

Se me diluye, te me diluyes, mamá. Se me diluye la vida sin  ti.



Cómo me gustaría envejecer a tu lado

No pude desear lo que daba por descontado.

Cómo me gustaría poder envejecer a tu lado...Recorrer el vía crucis sanitario que podría supone envejecer, inevitablemente.

Nunca pensé la vejez a tu lado, quizá porque estarlo, a tu lado, era un aluvión de vida, de la mejor vida, y no había espacio para el final, tampoco para los baches de la vida que son las enfermedades.

No te gustaba hablar mucho de enfermedades. De las tuyas. Creo que sabías que vivías un poco a contracorriente de tu propia salud y no te apetecía mucho enfrentarte con esa contradicción que te ponía en peligro.

Mi confianza en ti era tan absoluta que no sentí la necesidad de insistirte sobre algunos temas mejorables en tu forma de vida. Algunos placeres esclavos (nimios), algunos hábitos poco recomendables. Era tu genética. Luchar contra ella, era también luchar contra ti. Eso parecía.

Comerse la vida a bocanadas como tú vivías, dejaba poco espacio al cuidado melindroso. Alguna vez te pensé como un hipocondriaco que esquivaba su vértigo con la indiferencia.

Nunca me imaginé que pudiera desear envejecer a tu lado porque lo daba por hecho. 


Cómo me gustaría poder echarles un mus a tus análisis e incluso ser dos en la sala de espera de cualquier consulta.


Cómo me encantaría poder hacer una pelea de gallos sobre nuestro colesterol, la tensión que se nos escapa de las manos, esa leucopenia estructural que sobrellevar con la mosca detrás de la oreja, el exceso de peso que nunca ayuda, ese bulto tras el que se emboscan todos los miedos irracionales...

Echarte la mantita por encima de las piernas, acercarte una infusión con miel...cogerte de la mano cuando nada hay que decir.

En la salud y la enfermedad...cómo te añoro y te siento indispensable en cada latido de mi pulso.

¿Se puede sentir la ausencia hundirse cada día más en el corazón?



Siempre tú, mi amigo del alma. Siempre tú en todos los nuncas.




lunes, 12 de mayo de 2025

En el halda de mi madre



Mi madre me hace un zumo

De naranja

A mano

Con su antiguo exprimidor eléctrico

Con su viva mano maltrecha


Mi madre me hace un zumo

La niña que soy se derrumba al sentir

que todavía no está sola


Mi madre me hace un zumo

Me acurruco en él.

Es su halda.

jueves, 10 de abril de 2025

BOMBAS DE RACIMO

Existe la palabra, la literatura.

Quizá sólo para lo inefable.

Quizá sólo para poder transitar por algunas emociones.

Existe la palabra y quedarse sin ella.

Quedarse sin ellas agolpadas en los ojos,

en los pulmones

en el corazón.

Atoradas como en un amasijo,

esquirlas esparcidas en las que 

 se convierten los muñones 

tras pisar una bomba de racimo.

El vértigo, justo antes de la explosión

El ruido imposible mientras no crees lo que ves

Recuperar tantos momentos en un segundo

Querer abrazarlos, abrazarle

El horror de la ausencia hecha realidad

La realidad del vacío ocupada por esa bomba

No saber qué hacer con todo eso.

Sólo sentir ganas de abrazar.

Lo que fue.

El dolor.

La ausencia.

¿Es posible recomponerse después de vibrar con una bomba de racimo?

Acudir  al dolor del futuro evitado,

como la gran huida.







Ayer pasé dos horas en la sala de espera de la consulta del médico con mi padre.
No podía dejar de mirarlo.
    No podía dejar de necesitar abrazarlo.
No podía entender qué estaba viviendo y 
qué me estaba intentando decir la vida. 





miércoles, 26 de marzo de 2025

Sicólogas sin fronteras: respira y calma. Noe

     A veces, alguien, mueve una ficha en tu vida, de manera simple y humilde, y cae en cascada la torre de todo lo que eres.

    Acostumbradas al dolor, al artificio, a la injusticia y la muerte de la vida en vida, se mueve esa ficha llena de amor y de desinterés y un terremoto de emociones tambalea esa coraza en la que, no sabes bien cómo, te has convertido.

    Una simple llamada de una persona honesta y luminosa, te acaricia; y toda tú te esponjas como si fueras todo lo bueno que ella te ha regalado.

    Y el volcán que ahora eres sale al encuentro de tus ojos y vuelves a sentir la sal de ese agua que lleva años negándose  a embeber y acunar tus temblores para hacerlos más respirables.

    Hay gente imprescindible en la buena vida y no salen en ningún noticiario. 

    Hay gente que , sin saberlo, sostiene este mundo y todas sus cargas.     

    Hay gente que sutura la herida que eres con el mimo de su compañía a cientos de kilómetros.

    Gracias, Noe, por haberme acurrucado, cuidado y mimado durante estos minutos que han ido, en caída libre, a la auténtica buena vida. 

    Gracias a todas por ser lo que sois sin saberlo: la sal de la vida.


    Noqueada por la labor que llevan a cabo este grupo de personas maravillosas, sigo viviéndolas como un milagro. 

    Hace años que me acompañan y su ternura y su profesionalidad hacen las veces de una colchón de nubes cálidas y limpias donde dejarte descansar. Donde nuestras mentes, nuestros corazones y nuestros cuerpos reposan y se renuevan, por unos instantes, para entender que la esperanza es posible y que tú también eres posible. Que no estás sola- creedme, no es una forma de hablar- y nunca lo estarás ya. 

    Hacen la auténtica revolución de ir contra todo lo deleznable de esta sociedad y lo neutralizan solo con existir. 

    Son, ya lo he dicho, la sal de la vida que nos permite pensar que un día más es posible. Uno tras otro. La vida, la buena vida, está ahí. Ellas la representan y la brindan. 

Gracias, mujeres maravillosas.