¿Adónde va el dolor? ¿Dónde se mete tanto dolor? Porque el dolor ocupa, invade, coloniza. Y encharca los pulmones y no permite respirar. Y cierra el estómago y no permite alimentarse.Y acorrala al corazón y su latido resuena pesado, denso como un redoble de campana. Como una masa espesa e invisible se apodera de la persona y la transforma en una sombra sin voluntad. Solo dolor. Y la vida se convierte en un fardo insoportable que te hunde en un abismo desconocido que no quieres transitar, para el que no estás preparado. ¿Adónde va el dolor? ¿Adónde nos lleva?
viernes, 2 de mayo de 2014
martes, 15 de abril de 2014
La sencillez de lo sublime
Una tarde cálida, mojada por una tormenta tornasolada. Un viaje rápido por una hoz siempre asombrosa, cambiante, arrobadora. Un pequeño pueblo, blanco, silencioso, humilde. Su iglesia, pequeña, austera, hermosa. Un grupo de personas, sus voces, su pasión, su eco. Y esto:
Un concierto, simple, diferente; al hilo de la semana santa y de la pasión de Cristo
Y sin embargo, un momento personal ajeno a la religión y conectado a la emoción de la sencillez y la profundidad de lo esencial, de lo trascendental.
Disfrutar de una hora entre piedras milenarias y sonidos básicos, cristalinos y sublimes. Los ojos cerrados. Diluirme en el tiempo y el sonido con la conciencia de ser una mota de polvo en la inmensidad de la vida.
Polvo serás, más polvo emocionado.
La sencillez de lo sublime
Un concierto, simple, diferente; al hilo de la semana santa y de la pasión de Cristo
Y sin embargo, un momento personal ajeno a la religión y conectado a la emoción de la sencillez y la profundidad de lo esencial, de lo trascendental.
Disfrutar de una hora entre piedras milenarias y sonidos básicos, cristalinos y sublimes. Los ojos cerrados. Diluirme en el tiempo y el sonido con la conciencia de ser una mota de polvo en la inmensidad de la vida.
Polvo serás, más polvo emocionado.

La sencillez de lo sublime
jueves, 10 de abril de 2014
Puede que
Si no ponemos mirada en nuestros ojos puede que nos pase desapercibido el balanceo, ya tupido, de los majestuosos chopos.
Si olvidamos que al respirar podemos prender milagros como un lilar, colmado y elegante, puede que ignoremos el regalo fugaz de sus lilas generosas. Tanto en un delicada flor...
Si ávidos la cara entregamos al calor de este sol tan esperado, puede que desatendamos la callada explosión de colores que humildemente van poblando los todavía verdes campos y desmontes.
Puede que se nos olvide vivir intentando sobrevivir
Si olvidamos que al respirar podemos prender milagros como un lilar, colmado y elegante, puede que ignoremos el regalo fugaz de sus lilas generosas. Tanto en un delicada flor...
Si ávidos la cara entregamos al calor de este sol tan esperado, puede que desatendamos la callada explosión de colores que humildemente van poblando los todavía verdes campos y desmontes.
Puede que se nos olvide vivir intentando sobrevivir
lunes, 7 de abril de 2014
domingo, 6 de abril de 2014
OTRO DÍA BIG (BAND) 5 de abril de 2014 Centro Cultural Pablo Iglesias de Alcobendas
Otro día de esos en los que me siento feliz y muy privilegiada.
Otro día de esos en los que aterrizo, en los que bajo de mi nube de cabreo permanente y lucha desigual para darme de bruces con una realidad mucho más tranquilizadora y amable.
Otros día de esos en los que recuerdo lo que ya sé: que mi hijo es una gran persona, que puede y sabe enfrentarse a retos que le entusiasman y los lleva a cabo con brillantez y modestia. Como es él.
Aquí van algunos aperitivos:
Aquí con la abuela Rosario (con sombrero) y la tía Ina, en el escenario , al lado de Raúl (izdo según vemos).
¿Las veis? (la foto es mala)
Y LOS PLATOS FUERTES
Otro día de esos en los que aterrizo, en los que bajo de mi nube de cabreo permanente y lucha desigual para darme de bruces con una realidad mucho más tranquilizadora y amable.
Otros día de esos en los que recuerdo lo que ya sé: que mi hijo es una gran persona, que puede y sabe enfrentarse a retos que le entusiasman y los lleva a cabo con brillantez y modestia. Como es él.
Aquí van algunos aperitivos:
Aquí con la abuela Rosario (con sombrero) y la tía Ina, en el escenario , al lado de Raúl (izdo según vemos).
¿Las veis? (la foto es mala)
Y LOS PLATOS FUERTES
domingo, 23 de marzo de 2014
La almeja
La almeja se cerraba cuando sentía que algo podía agredirla. Como todas las almejas. Últimamente notaba esa sensación frecuentemente. Se sentía cansada y algo desvalida en ese mar revuelto que ahora le tocaba transitar. Si lo pensaba, no recordaba la última vez que había abierto sus valvas a plena branquia.
Ahora siente ese calorcito que le llega cuando el sol calienta el agua o la tierra que la protegen y siente que quiere abrirse, entregarse a él y no puede.
No sabe por qué, ahora que no se siente en peligro, que le gustaría disfrutar de esa sensación única de acariciar el sol, no puede.
A base de cerrarse, de estar fuertemente encogida en su refugio, se ha debilitado y su gozne, como oxidado, no responde. Logra abrir un breve resquicio entre sus dos paredes, que le permiten anhelar todavía más ese disfrute que le es vedado. Sólo eso, nada más. Un acercamiento a lo que desea y ya no puede tener. Doloroso.
Ella no sabe que está enferma, que sus músculos han perdido la fuerza por pura inactividad, por miedo. El miedo la ha secado y ella siente que ya no podrá nunca vencerlo.
Lo único que ella no sabe es que quizá el calor que ella tanto extraña, puede que no sea un regalo del sol. Tal vez su cerrazón impuesta le evite descubrir que ella no puede abrirse al agua hirviendo con sal de una cazuela que la fulminaría abrasándola nada más recibirla plenamente.
Tal vez así llegara a esa muerte en la que está instalada, a la oscuridad temerosa en la que se ha convertido su vida.
Creías defenderte, Almeja, pero han podido contigo. Lo han conseguido y ahora ya no sabes volver al mundo de luz del que provenías. Te has quedado sin las sombras que te herían, y ante las que reaccionaste con más sombras, para instalarte en una oscuridad letal.
Ahora siente ese calorcito que le llega cuando el sol calienta el agua o la tierra que la protegen y siente que quiere abrirse, entregarse a él y no puede.
No sabe por qué, ahora que no se siente en peligro, que le gustaría disfrutar de esa sensación única de acariciar el sol, no puede.
A base de cerrarse, de estar fuertemente encogida en su refugio, se ha debilitado y su gozne, como oxidado, no responde. Logra abrir un breve resquicio entre sus dos paredes, que le permiten anhelar todavía más ese disfrute que le es vedado. Sólo eso, nada más. Un acercamiento a lo que desea y ya no puede tener. Doloroso.
Ella no sabe que está enferma, que sus músculos han perdido la fuerza por pura inactividad, por miedo. El miedo la ha secado y ella siente que ya no podrá nunca vencerlo.
Lo único que ella no sabe es que quizá el calor que ella tanto extraña, puede que no sea un regalo del sol. Tal vez su cerrazón impuesta le evite descubrir que ella no puede abrirse al agua hirviendo con sal de una cazuela que la fulminaría abrasándola nada más recibirla plenamente.
Tal vez así llegara a esa muerte en la que está instalada, a la oscuridad temerosa en la que se ha convertido su vida.
Creías defenderte, Almeja, pero han podido contigo. Lo han conseguido y ahora ya no sabes volver al mundo de luz del que provenías. Te has quedado sin las sombras que te herían, y ante las que reaccionaste con más sombras, para instalarte en una oscuridad letal.
sábado, 22 de marzo de 2014
Bajo las mantas
Siempre he pensado que yo podría ser un personaje del relato de Cortazar: Casa tomada
Tiendo a meterme bajo las mantas,
a hacerme pequeña y a atrincherarme en un rincón amable de mi casa, cuando veo que no puedo más, que me llegan los problemas o que el ambiente es hostil.
Y allí, acurrucada en mi cálido refugio, sintiendo que las paredes crujen frente a la realidad que quiero esquivar; puedo sentir que sí, que probablemente estoy "segura", preservada de lo que me angustia y me rompe por dentro; pero me voy haciendo pequeña, me voy secando, empobreciendo.
Por eso, cuando me decido a salir o no tengo más remedio que hacerlo, a pesar del esfuerzo que me supone, de sentir que casi no puedo, me doy cuenta de el respiradero está ahí. En la capacidad de ver otros mundos, otras posibilidades. Fuera se puede respirar.Un poco.
Por eso, cuando descubro a gente luchando, dando alternativas. gente que no ha querido retroceder escondiéndose en su propio mundo, gente que busca otros caminos, que hace pequeños posibles de lo imposible,gente que codo con codo, con los demás, con los problemas, abren espacios y enseñan rutas para otros;
entonces, digo, siento lo cobarde que soy y cómo la emoción se apodera de mí y me ilumina y me da fuerzas.
Un poquito, lo justo para entender que mi rincón no es la solución aunque posiblemente sea la opción más cómoda o menos dolorosa. Y me propongo abrir puertas, ventanas, ventanucos...Me permito ser valiente e intentarlo.
Últimamente me han llegado esas ráfagas de solidaridad, de lucha. Aquí las traigo para que me acompañen y recuerden lo importante
Tiendo a meterme bajo las mantas,
a hacerme pequeña y a atrincherarme en un rincón amable de mi casa, cuando veo que no puedo más, que me llegan los problemas o que el ambiente es hostil.
Y allí, acurrucada en mi cálido refugio, sintiendo que las paredes crujen frente a la realidad que quiero esquivar; puedo sentir que sí, que probablemente estoy "segura", preservada de lo que me angustia y me rompe por dentro; pero me voy haciendo pequeña, me voy secando, empobreciendo.
Por eso, cuando me decido a salir o no tengo más remedio que hacerlo, a pesar del esfuerzo que me supone, de sentir que casi no puedo, me doy cuenta de el respiradero está ahí. En la capacidad de ver otros mundos, otras posibilidades. Fuera se puede respirar.Un poco.
Por eso, cuando descubro a gente luchando, dando alternativas. gente que no ha querido retroceder escondiéndose en su propio mundo, gente que busca otros caminos, que hace pequeños posibles de lo imposible,gente que codo con codo, con los demás, con los problemas, abren espacios y enseñan rutas para otros;
entonces, digo, siento lo cobarde que soy y cómo la emoción se apodera de mí y me ilumina y me da fuerzas.
Un poquito, lo justo para entender que mi rincón no es la solución aunque posiblemente sea la opción más cómoda o menos dolorosa. Y me propongo abrir puertas, ventanas, ventanucos...Me permito ser valiente e intentarlo.
Últimamente me han llegado esas ráfagas de solidaridad, de lucha. Aquí las traigo para que me acompañen y recuerden lo importante
Y esta maravilla
Cómo suena ese "violonchelo" (0:51)...
Sigo buscándome, intentado comprenderme y quererme algo más para poder seguir adelante. Me busco y a veces me encuentro dolorosamente. Por ejemplo, en el último libro de Almudena Grandes: Las tres bodas de Manolita:
"...su propia inseguridad, una falta de fe en sí mismo que le impulsaba a no entregarse a nada por completo, para privarle en consecuencia de cualquier certeza".
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