sábado, 6 de agosto de 2016

Eva "encondenada"

"140 millones de mujeres y niñas han sido mutiladas genitalmente en África y Próximo Oriente. 700 millones se han casado antes de los 18 años y una de cada diez ha sido sometida a coitos forzosos u obligadas a mantener otro tipo de relaciones sexuales..."
Son solo dos datos de los cientos que llenan estas 266 páginas que nos explican "la violencia sexual contra las mujeres en el mundo". En este mundo. En este momento. "Eva Encadenada" de Marta Gómez Casas (Editorial San Pablo) debería ser parte del curriculum escolar de cualquier bachiller. Y por supuesto deberíamos leerlo todos: mujeres y hombres adultos.
Es un viaje escalofriante a las vidas de millones de mujeres sometidas, humilladas, asesinadas y menospreciadas. Y también, de algún modo, es un paseo por un terrible sustrato que permanece intacto en nuestras sociedades tan modernas y evolucionadas.
El mundo nunca será un lugar mejor hasta que todas estas arbitrariedades e injusticias contra las mujeres no desaparezcan. Es decir, el mundo nunca será mejor.
La pulsión del sexo y del poder, poder físico y económico ¿explican este abuso institucionalizado y silenciado? ¿Explican el miedo que los hombres tienen a la mujer?
Me repugna el deseo sexual que se satisface contra la voluntad de la otra parte o desde el desprecio y la prepotencia.
Me repugnan las instituciones y los gobiernos que miran hacia otro lado.
Me repugnan las religiones que, en el nombre de dios, tachan a la mujer de impura e inferior y a algunas, desde los 9 años, la someten e instrumentalizan.
Me repugna que nuestro país tenga relaciones de cualquier tipo (el petróleo es el petróleo, las exportaciones son las exportaciones y el negocio armamentístico es el negocio armamentístico) con gobiernos que se asientan sobre el sometimiento de la mujer, su cosificación y abuso.
Me repugna que en mi país, en pleno siglo XXI se sugiera como posible justificación de cualquier barbaridad contra una mujer la vestimenta o ademanes de la víctima.
Me repugna cómo hemos contruído una sociedad en la que muchas de nuestras jóvenes fundan su autoestima y valor personal sobre los pilares del atractivo sexual y lo alimenten para sentirse más seguras y más "dignas" y valoradas.
Me repugna este mundo en el que vivimos que ve a la mujer como una cloaca que perforar por simple placer y desprecio.
He leído este libro a contracorriente. Volviendo sobre algunas páginas, saltándome otras por insoportables, releyendo algunos datos que no podía asimilar al primer golpe.
Me he prometido tenerlo siempre muy a mano. Como libro de cabecera para que nunca se me olvide que con pequeños gestos, incluso yo, puedo reforzar esa cadena que me repugna..


Caillebotte.



No fui capaz de explicarme por qué me cautivó este cuadro cuando lo vi en una exposición sobre el Museo dÓrseay que vino a Madrid. Así descubrí a Gustave Caillebotte del que no sabía nada. Siempre me da cierto vértigo adentrarme en la vida de un autor que me emociona porque a veces su biografía me decepciona y esto afecta a mi forma de ver su obra (no sé por qué ni si es justo). Hice un acercamiento rápido a la figura y descubrí que era un pintor realista impresionista muy desconocido frente a las grandes figuras del impresionismo de quien fue compañero, amigo y en muchas ocasiones - esto lo sé ahora, mecenas. 
Como no soy una experta ni sé mucho de pintura no supe si el cuadro me gustaba tanto por la temática social que se podía extraer de él (voluntaria o no) por su perspectiva, su luz, la pincelada, el movimiento de los cuerpos descamisados y su interacción, las manos en acción, las virutas, los tonos y belleza de la madera... No lo sabía, todavía no lo sé, pero es uno de mis cuadros favoritos.

Desde entonces, me he ido encontrando con sus pinturas y todas me han entusiasmado. También me he ido informando sobre su vida y su trayectoria y, también sin saber por qué, este joven adinerado que no vendió su obra en vida y que cedió gran parte de la misma a su país cuando murió prematuramente a los 45 años de un derrame cerebral, me cae bien. 
Hay una foto de él en la que se me aparece como un contemporáneo vitalista muy cercano. Tampoco sé por qué
Me resulta hasta atractivo y ahora sé que es más por efecto de la foto -bonita y descriptiva- que por que él lo fuera realmente

El caso es que Caillebotte es uno de mis amores y no sabría explicar bien por qué. Por qué me parece único y por qué me emociona tanto. Es cierto que he encontrado en sus cuadros muchas veces esos tonos que no necesitan nada más para cautivarme.










Ayer acudí a una cita que tenía pendiente desde el 18 de julio y que voy a repetir sin ninguna duda hasta el 30 de octubre en el Museo Thyssen de Madrid y allí estaba él. Para decirme lo que ya sabía pero sin saber por qué. Ahora tampoco lo sé completamente pero sí pude entender por qué ese pintor me interpelaba tan poderosamente. Caillebotte puso su mirada y su emoción en gran parte de los espacios y sensaciones que me hacen vibrar y que busco en mi vida diaria para emocionarme y encontrar razones, si no para la felicidad, sí para reconciliarme con la difícil tarea de vivir.

Caillebotte, ayer fue lanzándome miguitas para no perder el camino y para encontrarme en él un compañero de viaje.

Caillebotte y mis chopos, Caillebotte y mis girasoles

Caillebotte y mis campos en las llanuras

Caillebotte y las puestas de sol y mis cielos


Caillebotte y mis rincones


Caillebotte y mi ropa tendida


Caillebotte y mis margaritas

Caillebotte y el reflejo de la luz



Y una maravilla de la que no he encontrado reproducción y que fue el cuadro que más me gustó: Caillebotte y un paseo por el bosque, con pegotones de pinceladas que te trasladan al frescor, el verdor, la luz y la serenidad de un paseo por un bosque tupido y maravilloso

Volveré a ver los cuadros de este hombre que tuvo una vida acomodada y corta y que me regala, muchos años después de pintarlos, mis propios rincones emocionales que me hacen vibrar.


Mientras tanto...

jueves, 4 de agosto de 2016

El pestillo

Tiro de la cuerda. Se desliza y se oye un sonido seco, certero. Un simple sonido que me clava en el sitio y me lanza a una espiral vertiginosa de emociones. Una cuerda, un sonido... Vuelvo al lugar donde mi mano todavía sujeta esa cuerda y comprendo el viaje que acabo de realizar y que me amarra más a esa cuerda. 


Es un simple pestillo. El que había hace años en todas las puertas de todas las casas del pueblo.
No había que llamar. Tirabas de la cuerda y entrabas en cualquier casa. 







La casa de mis abuelos (ahora de mis padres) bullía en verano. Eramos muchos los que, sin parar, entrábamos y salíamos. Y ese sonido era la banda sonora de veranos inmensos, rodeada de gente y alegría. 

Ese sonido era siempre el anticipo de una sorpresa y el latido asonante de un vaivén de compañía y júbilo. 

Ahora las casas se han desprovisto de esa cuerda. El sistema es demasiado peligroso. Ya no hay entrada franca en las casas. Hay, ahora sí, mucho que proteger y , también, desconfianza. 

Pero ese pestillo sigue latiendo en la casa de abajo de mis padres.

Es un pestillo duro, definitivo. Es el vestigio de un mundo que desaparece, que ya no está. No están muchas de las personas que tiraban de esa cuerda, ni la inocencia y plenitud con la que recogían mis oídos sus sonido seco y metálico.

Ahora, cada vez que lo uso, saboreo la rugosidad de la cuerda, el chasquido metálico y abrupto que permite el acceso a un universo del que voy despidiéndome y cuyos restos se refugian en esa cuerda y en mi corazón.

sábado, 18 de junio de 2016

El otro lado

El campo en todo su esplendor. Repleto de regalos para todos los sentidos.
Olores que mi olfato recuerda embriagadores, se aturullan en la entrada.
Sonidos mágicos, sutiles, que oigo sin escuchar.
Caricias del viento que recorren la piel como si no fuera la mía.
Un festín de colores y matices que veo sin poderlos mirar.

Estoy al otro lado. Otra vez

Palabras

Las palabras, cuando no pueden abarcar la devastación, duelen.

Impelidas por la urgencia del corazón, por su necesidad de alivio, brotan poderosas cargadas de bilis y amargura, sintiéndose orgullosas de construir un puente, una salida. 

Ya en el aire, exangües y desvaídas, se sospechan frágiles al sentirse un simple remedo del dolor que quieren mitigar. Se acurrucan contra ellas mismas, esperando que quien las recibe entienda su necesidad de asilo.
 Así, acurrucadas, cristalizan en un grito mudo de auxilio, que les devuelve un reflejo ridículo del volcán que llevan dentro. Exiguas, se repliegan derrotadas, murmurando una letanía que no saben si podrán cumplir: Desechar la esperanza  de descansar en los demás. 

Están solas, anudadas y tristes como el dolor que las crea y las alimenta. Y deben aprender, con él, a sobrevivir a esa soledad que los sepulta.

viernes, 17 de junio de 2016

¿Quién?

PD: si alguna vez os cruzáis en la vida de una persona y se os muestra depre por algo q le afecte los cimientos de su vida....prestadle atención....estad encima de él hasta ser pesados...no le dejéis sólo...

Esta es la posdata de un carta de despedida. Un hombre se iba y quiso despedirse antes. Y terminó su carta con esta posdata. Todo un legado.

Era un hombre normal.Con un trabajo normal de cierta responsabilidad.  
Era un hombre normal que sabía la hora que era. Puede que hasta sintiera hambre porque entró, antes de irse, a un restaurante a comer. 
Era un hombre normal con familia cercana cuya relación disfrutaba. 
Un hombre normal que tenía amigos. A uno de ellos  le pidió que fuera con él antes de irse.
 Un hombre normal que era creyente y se puso en manos de "Jesús" al sentir que sólo le quedaba el camino de irse. 

Era un hombre normal y roto. Por los problemas que fueran. Estaba roto. Nadie supo hasta qué punto. Y se fue. Decidió que era lo mejor. Su soledad era tan inmensa que no supo qué hacer con tanto dolor solo. Y se marchó. 
Por eso esa posdata es pura dinamita que explota en todas nuestras manos. ..."no le dejéis solo". Quizá no quiera hablar, quizá se muestre huidizo, huraño, intratable, cambiante, ambiguo,incluso puede que no revele ningún signo grave de malestar, puede que incluso sonría y se muestre amable, normal.  Pero si en algún momento veis que algo vital está en cuestión para él, "estad encima de él hasta ser pesados...no le dejéis solo..."
Ahora escucharemos que se fue porque su mente estaba enferma, porque no era capaz de dilucidar claramente, porque su capacidad de razocinio se vio muy alterada...Seguro que habrá muchas explicaciones. 

El caso es que es ese hombre normal, con la clara conciencia de que era la hora de comer, de que tenía un amigo a quien llamar, que no quiso hacer daño a nadie y desalojó el lugar en el restaurante en el que estaba, que estuvo horas buscando  el valor para irse hasta que lo encontró; ese hombre se pegó un tiro porque no supo qué hacer con la soledad que se le acumulaba hasta desbordarlo. 
El dolor que le rompía la vida, se encaramaba con fuerza cada día sobre ese desamparo hasta calarle los huesos y hacerle sentir que nada ni nadie le podría ayudar a desandar el camino de sufrimiento que ya había recorrido. Solo. Había cruzado la línea y lo había hecho de un empujón. El que le dio la certeza de no ser lo suficientemente importante para nadie como para sentirse acompañado y poder aferrarse a esta vida que le resultaba insoportable.

 “en esos momentos de mierda, lo que necesitaba era estar lo menos sola posible”,*

Un hombre se suicidó a pocos metros de mi casa. Tenía familia, hijos, amigos, trabajo y problemas. Y sobre todo tenía una soledad descomunal que nadie  supo reparar. Les deja a todos ellos un legado INMENSO. Una revelación que posiblemente pasará desapercibida porque , el pobre, estaba enfermo, anulado. En una simple posdata da la respuesta a todas las preguntas. Sobre su muerte y sobre la muerte de tanta gente que toma el camino que tomó él o que vive una muerte en vida. 
 Pero ¿quién tiene tiempo para acompañar al otro, para estar ahí incondicionalmente, para atreverse a adentrarse en la vida de los demás e intentar dar calor y soluciones cuando las fuerzas flaquean? 
¿Quién está para arriesgar su cariño y sus fuerzas en las miserias de los demás como si no tuviéramos bastante con las nuestras?
¿Quién se compromete con el dolor del otro con uñas y dientes y sabe estar ahí cuando menos se lo pidan? 
¿Quién, para cogerle de la mano o darle un abrazo para que, al menos, pueda sentir que algo le retiene y que no va a perderse en esa caída en el agujero negro que se ha convertido su vida sin entender bien por qué y por qué no puede controlarlo?
¿Quién?

No sé quién eras. Solo sé que te quitaste la vida al lado de mi casa. Si estás en ese lugar al que soñabas ir y desde el que pensabas proteger a tus hijos, espero que te llegue la vibración que mueve esta entrada. Con tu posdata gritaste tu propio desconsuelo y la razón clara de tu decisión. Pero también gritaste tu generosidad y algo hermoso para el que quiera escucharlo en tu grito.Gritaste en nombre de todos los que cómo tú van gritando día a día en silencio sin ser oídos. Por eso sé que no estabas enfermo. Simplemente perdido y desesperado. Y muy confuso al no entender cómo nadie podía escuchar ese grito que se te escapaba por los poros y te impedía respirar.
A veces pienso que es impúdico publicar ciertos testimonios. El tuyo estaba en las RRSS y es un trallazo para esta sociedad. Bien publicado sea. 


* Si se pincha en el enlace de esta frase se puede leer la experiencia de una chica que intentó suicidarse varias veces. La solución fue internarla e incomunicarla en un hospital. La frase es suya: lo único que necesitaba era no estar sola.(Y sin embargo, la encerraron e incomunicaron). Pero ¿quién se atreve a estar al lado de una persona devastada? ¿Quién tiene el coraje de no soltarle la mano a un animal herido? 
Ella lo dice todo en esa frase: la soledad mata. A ella la salvó la compañía de su cámara y ahora quiere salvarse mostrando la realidad de esa soledad. Para salvarse y para que podamos mirar esos agujeros negros sin miedo y con amor.



miércoles, 1 de junio de 2016

Los lunes al sol

Los lunes al sol. Y los martes a Pasapalabra y los miércoles a Saber y Ganar. Los jueves, documentales de La 2. Los viernes, quizá un respiro. El fin de semana nos iguala a todos: no hay que ir a trabajar.
Otras semanas serán de Sálvame o de Aquí no hay quién viva. Y otras de calle, cervezas, alcohol.
Muchas serán de ansiolíticos que permitan dormir para poder despertar de esa pesadilla que supone respirar(que ya nos advirtió Kafka, es arriesgado).

El parado no para. No puede permitírselo. Busca incansablemente ya no sabe bien qué. Su cabeza no descansa. No puede permitírselo. Como no puede permitirse  salir al cine o comprar un libro. El parado no para. Agotado lo único que se permite es buscar ese sol , los lunes o cualquier otro día, para calentar la grieta que lo invisibiliza y que lo convierte en lo que no es. Le han perdido la fe en sí mismo y así, ya no es capaz de ilusionarse ni vivir.