sábado, 6 de diciembre de 2025

Tristezado

 Si lo que siento es verdad , y tiene que serlo, no necesito estar aquí para que tú todo lo sepas.

Si lo que siento es verdad, y tiene que serlo, es obligatorio estar aquí para ser honesta y no escamotear lo que ya no es solo mío. Así me lo hiciste ver un día. O lo intentaste.

Siento una tristeza profunda por todo lo que me queda por menguar. Envejecer es perder. 

Me arraigan los que no estarán.

Me arraiga la salud, la energía.

Me arraiga el amor que no sé dar.

Me arraiga la alegría de compartir.

Me empapo de cada segundo que se irá. De cada persona que no estará. De cada experiencia que no volverá.

Todo traspasado de tristeza. Todo tristezado.

Una de estas tardes ahuyentaré el vacío de lo imposible de retener con la belleza de la luz y otros objetos.

La luz

La belleza

Lo haré de tu mano. De mano de tu ausencia. Contigo.

Siempre tú y siempre el precipicio de la mano que nunca más podre agarrar.

Siempre tú y el descalabro de nunca más refugiarme entre tus abrazos.

Perdí al más importante. 

Las demás pérdidas sin ti, se hacen insoportables.

La vida sin ti, por momentos, lo es. Insoportable.

A veces siento que aprender a ser vulnerable no merece la pena. 


Siento que me queda tanto que hablar contigo, tanto que contrastar, tanto que saber de ti, de nosotros, tanto que preguntarte, tanto... que me pregunto en qué desperdicié las horas a tu lado. Y claro, sé que no necesitaba más que eso, estar contigo. En eso las desperdicié: simplemente estar contigo. Como ahora.


Tanto tú

 Siento que aterrizo en la esencia de lo que significa estar aquí.

Ahora que no puedo compartirlo contigo, entiendo tantas cosas que antes no lograba entenderte...

La importancia de las causas pequeñas perdidas

El valor de lo humilde

La esencia en la vida real de los que nada tienen

El rechazo a un barrio, a una calle, a todo lo que representan

La defensa de la verdad por pequeña sea

La lucha por lo común que es lo único que nos sostiene

El amor compartido y libre , sin etiquetas ni fronteras


¿Cómo puedo seguir aquí sin tus abrazos?

Eso todavía no he logrado desentrañarlo

Invierno

 Siempre que vuelvo aquí es por ti.

Ya no hay días señalados, ni siquiera el que nunca fue y estaba ahí derrumbándolo todo.

Creo que tiene que ver más con la oscuridad y el frío y por volver a lo que siempre eres para mí: la luz y el cobijo.

El frío...la congoja...la intemperie... la tristeza... la rabia...

Llega el invierno. Casi como un acto de justicia. Porque la vida es invierno desde tú no la habitas.



Se me va

 Sabe que si se para, la para. 

Con sus más doscientos puntos de cruz bordando su maltrecho cuerpo, tejiendo las prótesis que la sustentan en preciosas cicatrices que escuecen y duelen como en un diálogo entre la superación y el suplicio, entre el milagro y la resistencia.

Se lanza a la calle. En un carrera contra la adversidad. Y la gana siempre.


La estoy perdiendo.

Se diluye. Su mente pierde pie. A pasos agigantados.

La pierdo.

Abrazo el humo que va dejando  cada olvido,  cada despiste.

Airada, intento encarrilar su extraviada mente. Con rabia. ¿Airada? ¿Con rabia? Se me va entre los dedos y el puro miedo toma el mando. Impotente. Derrotado. El miedo.

Se me va. 

Y solo se me ocurre acompañarla en su vacío. Estar ahí. Ser testigo de su disolución que ella admite con serenidad. De repente es una niña divertida ante sus ausencias.

La pierdo

Y me agarro con uñas y dientes a cada día que paso a su lado, cada vez más desvaída.

Se me diluye, te me diluyes, mamá. Se me diluye la vida sin  ti.



Cómo me gustaría envejecer a tu lado

No pude desear lo que daba por descontado.

Cómo me gustaría poder envejecer a tu lado...Recorrer el vía crucis sanitario que podría supone envejecer, inevitablemente.

Nunca pensé la vejez a tu lado, quizá porque estarlo, a tu lado, era un aluvión de vida, de la mejor vida, y no había espacio para el final, tampoco para los baches de la vida que son las enfermedades.

No te gustaba hablar mucho de enfermedades. De las tuyas. Creo que sabías que vivías un poco a contracorriente de tu propia salud y no te apetecía mucho enfrentarte con esa contradicción que te ponía en peligro.

Mi confianza en ti era tan absoluta que no sentí la necesidad de insistirte sobre algunos temas mejorables en tu forma de vida. Algunos placeres esclavos (nimios), algunos hábitos poco recomendables. Era tu genética. Luchar contra ella, era también luchar contra ti. Eso parecía.

Comerse la vida a bocanadas como tú vivías, dejaba poco espacio al cuidado melindroso. Alguna vez te pensé como un hipocondriaco que esquivaba su vértigo con la indiferencia.

Nunca me imaginé que pudiera desear envejecer a tu lado porque lo daba por hecho. 


Cómo me gustaría poder echarles un mus a tus análisis e incluso ser dos en la sala de espera de cualquier consulta.


Cómo me encantaría poder hacer una pelea de gallos sobre nuestro colesterol, la tensión que se nos escapa de las manos, esa leucopenia estructural que sobrellevar con la mosca detrás de la oreja, el exceso de peso que nunca ayuda, ese bulto tras el que se emboscan todos los miedos irracionales...

Echarte la mantita por encima de las piernas, acercarte una infusión con miel...cogerte de la mano cuando nada hay que decir.

En la salud y la enfermedad...cómo te añoro y te siento indispensable en cada latido de mi pulso.

¿Se puede sentir la ausencia hundirse cada día más en el corazón?



Siempre tú, mi amigo del alma. Siempre tú en todos los nuncas.