jueves, 1 de enero de 2026

Ángel Luis Page Álvaro

 Dicen que la infancia es el paraíso perdido.

La adolescencia debe de ser, entonces, el sustento donde nos reconstruimos tras su pérdida.

Ayer ese sustento, una esquina, se me deshizo como un azucarillo en un vaso de agua.

No es mi amigo (¿no lo es?). Sin embargo, recuerdo muchos momentos juntos. Muchas charlas. Muchas risas.

Es el hermano de mi AMIGA,  y su casa y su familia son gran parte de mi paisaje emocional adolescente.

Es una persona peculiar; que es lo mismo que decir, especial. De algún modo, con su peculiaridad, creaba mundo. Los hacedores de mundo...

Está dando una batalla muy dura que se siente como una enorme intemperie.

Creo que nos ilusiona envejecer junto a nuestros coetáneos. Verlos bregando con la vida puede que para algunas personas signifique "pon las tuyas a remojar". En mi interior, tiene mucho más que ver con el tejido deshilachado en se que convierte mi corazón.

Mi corazón anda deshilachado. Se va en hebras.

Es difícil zurcir estas ausencias en las ausencias de quienes quieres y en las propias ausencias.

Me quedo sin hilos. Sin aliento. Y el hálito que resta solo quiere calentar esa intemperie y hacer fuerza para que la batalla sea ganada y que lo merezca.

Cómo hacértelo llegar en tan sideral desamparo...

1 comentario:

  1. Que ciertas y maravillosas palabras para definir como nos deja el corazón Ángel Luis. Deshilachado y desamparado.

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Gracias por acompañarme.