miércoles, 21 de enero de 2026

A manos llenas.

 Es posible no tenerte.

                    No tenerte a ti misma. 

¿Qué hacer cuando no te tienes?

¿Qué hacer cuando no te sostienes?

Cuánta fragilidad cuando no te quedas ni tú misma.

Y sé que en ese perder pie 

                                        habita que tú no estás.

No sé si me sostendrías. 

Sé que saberte en el mundo sería sostén suficiente 

    para la esperanza.

                    La esperanza de que puedo. 

                   De que el mundo puede. 

                                A pesar de la ignominia.

La ausencia pesa. 

        Engorda con cada fecha clavada en el calendario.

Cada día cuaja un poco más la irrealidad de que no estés                                                     respirando esta vida.

Cada día la medida de lo que no la tiene se descerraja sobre el corazón 

        y el boquete se asombra de sí mismo.


Y todo este vacío lleno de amor. 

                              Lleno de quererte.

Quererte a manos llenas. 

                                Llenas de un vacío lacerante y frío.

La plena intemperie en medio de tanto amor.

Y ahora sí, me doy cuenta de que tener tu recuerdo y tanto amor a manos llenas (de vacío y de frío, pero de amor) es una forma de tenerme.

Me tienes, César. 

Gracias por sostenerme.


Siento que no te puedo querer más. 

Siento que, cada día que pasa sin ti, se diluye la vida un poquito.

La buena vida. La única posible.

Las ganas de ella

Te quiero.

 Te necesito.

 Te agradezco todo lo que compartimos y me diste. 

Soy gracias a ti. 

Gracias.

Por ti.


 

jueves, 1 de enero de 2026

Ángel Luis Page Álvaro

 Dicen que la infancia es el paraíso perdido.

La adolescencia debe de ser, entonces, el sustento donde nos reconstruimos tras su pérdida.

Ayer ese sustento, una esquina, se me deshizo como un azucarillo en un vaso de agua.

No es mi amigo (¿no lo es?). Sin embargo, recuerdo muchos momentos juntos. Muchas charlas. Muchas risas.

Es el hermano de mi AMIGA,  y su casa y su familia son gran parte de mi paisaje emocional adolescente.

Es una persona peculiar; que es lo mismo que decir, especial. De algún modo, con su peculiaridad, creaba mundo. Los hacedores de mundo...

Está dando una batalla muy dura que se siente como una enorme intemperie.

Creo que nos ilusiona envejecer junto a nuestros coetáneos. Verlos bregando con la vida puede que para algunas personas signifique "pon las tuyas a remojar". En mi interior, tiene mucho más que ver con el tejido deshilachado en se que convierte mi corazón.

Mi corazón anda deshilachado. Se va en hebras.

Es difícil zurcir estas ausencias en las ausencias de quienes quieres y en las propias ausencias.

Me quedo sin hilos. Sin aliento. Y el hálito que resta solo quiere calentar esa intemperie y hacer fuerza para que la batalla sea ganada y que lo merezca.

Cómo hacértelo llegar en tan sideral desamparo...